DOS DE CADA TRES ESTUDIANTES YA USAN IA PARA HACER TAREAS Y EL SISTEMA EDUCATIVO ENCIENDE ALERTAS

Un informe de Argentinos por la Educación, con participación de investigadores del MIT, confirma el uso masivo de inteligencia artificial en las aulas argentinas y advierte sobre riesgos cognitivos, pedagógicos y éticos si no hay regulación, alfabetización crítica y acompañamiento docente.

Un informe de Argentinos por la Educación, con participación de investigadores del MIT, confirma el uso masivo de inteligencia artificial en las aulas argentinas y advierte sobre riesgos cognitivos, pedagógicos y éticos si no hay regulación, alfabetización crítica y acompañamiento docente.

El uso de herramientas de inteligencia artificial entre estudiantes argentinos se expandió de manera acelerada durante 2025 y ya forma parte de la rutina escolar. Según un informe de Argentinos por la Educación, dos de cada tres chicos utilizan IA para realizar trabajos escolares, en un contexto donde el sistema educativo todavía no definió criterios claros para su integración. El fenómeno abre oportunidades vinculadas al aprendizaje personalizado, pero también plantea riesgos para el desarrollo intelectual y socioemocional.

El estudio, elaborado junto a investigadores de la Universidad de Massachusetts (MIT), señala que el 76% de niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce la IA generativa y que el 58% ya la usó alguna vez. La aplicación más frecuente es educativa, aunque también aparece asociada a la búsqueda de información, la curiosidad tecnológica y el entretenimiento. Los autores destacan el potencial de los sistemas de tutoría inteligente, el aprendizaje adaptativo y las herramientas de asistencia, pero advierten que su impacto depende del marco pedagógico en el que se inserten.

Entre las principales alertas, el informe subraya el riesgo de aprendizajes superficiales, pérdida de autonomía intelectual y debilitamiento del pensamiento crítico. Especialistas consultados coinciden en que la familiaridad con la tecnología no equivale a un uso reflexivo. “La IA puede acelerar la adquisición de conocimiento, pero también distorsionar la comprensión”, advierte Alejandro Artopoulos, quien remarca la necesidad de formar primero a los docentes en competencias críticas antes de trasladarlas a los estudiantes.

El documento también analiza el impacto en la tarea docente y en la gestión educativa. Señala que la IA puede automatizar evaluaciones, generar contenidos personalizados y mejorar la planificación institucional, pero insiste en que su incorporación no puede quedar librada a la improvisación. La conclusión es clara: la inteligencia artificial ya está en el aula y el desafío no pasa por prohibirla, sino por definir políticas públicas, alfabetización crítica y reglas éticas que eviten que la tecnología se convierta en un atajo cognitivo o en un nuevo factor de desigualdad.

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