Crónica.Rollos de papel, cuadros inconclusos, recuerdos familiares. Durante su estadía en China, el poeta costarricense visita a un pintor joven en el distrito de Shuangliu. Una historia de linajes y elecciones estéticas. Una nueva generación que se aparta de la tradición heredada para encarar una deriva propia. Séptima entrega de las crónicas de Carlos Regueyra Bonilla, tomadas de su diario de viaje Junto al río Fuhe.

Conocí a Howie Deng en una fiesta en el apartamento de Santiago. Unos días antes del festival de primavera fui a visitarlo a su estudio. Hacía frío. Recuerdo que tenía mis manos siempre metidas en los bolsillos del abrigo.
Me contó que ese lugar, en el distrito de Shuangliu, había sido anteriormente la casa y estudio de su abuelo, que también había sido pintor. Allí vivió su abuela un tiempo y luego de que ella murió, Howie heredó el apartamento, que se convirtió en su estudio.
Su padre también es pintor. Sin embargo, Howie se apartó del estilo de la pintura china tradicional cultivado por sus antecesores y optó por la pintura al óleo, de un estilo más impresionista, moderno, de influencia occidental.

En chino se dice 本地人 (bendiren) para referirse una persona local, es decir, originaria de un lugar. Howie tiene un arraigo interesante en Shuangliu. Allí nació, allí estudió la primaria, la secundaria e incluso la universidad. Esto es raro en China. La gente, en general, se mueve dentro del país. Él, a diferencia de sus compañeros en la escuela de artes, que habían llegado desde otros lugares del país o de la provincia, solo ha salido de Shuangliu cuando viajó por Reino Unido durante una temporada.
Estos cuadros están inconclusos. Los había encaminado en una dirección, pero estaba insatisfecho y algunos años después los retomó, los rehízo.
Howie me contó que la competencia para ingresar a una escuela de arte en una universidad es feroz. La familias de quienes aspiran a entrar gastan entre 15 mil y 100 mil yuanes (entre 2 y 13 mil dólares) en un semestre por sesiones de entrenamiento diarias para los exámenes de admisión. Estos estudiantes viven en esos centros de entrenamiento y el monto no incluye los gastos diarios en comida, ropa, etcétera.
Howie se dedica a dar clases de arte en una secundaria y también ofrece clases privadas en su estudio.

Su abuelo fue un pintor reconocido. Se llamaba Deng Huanzhang. Se han hecho reportajes, publicado libros y realizado exhibiciones individuales de su obra. Alguien compró uno de sus cuadros para obsequiárselo a Kim Il-Sun. Al parecer George Bush padre también adquirió uno. Howie, junto a otros pintores, formaron una asociación que lleva su nombre.


Me contó que la asociación organiza exhibiciones colectivas. En marzo pasado organizaron una con 170 artistas, no todos miembros de la organización. Cada artista exhibía un cuadro. En octubre hicieron otra exposición con 32 artistas, con tres pinturas por persona. La asociación tiene unos 50 o 70 miembros, pero muchos de ellos están inactivos.
Algunas exposiciones son financiadas por el departamento de cultura del gobierno del distrito. Así, por ejemplo, la asociación consigue dinero para cubrir el costo del transporte de las pinturas desde distintos lugares de China.
Una compañía financió la exhibición póstuma en ocasión de los 100 años del natalicio del abuelo.
“No tenemos mucha oportunidad de vender nuestro arte”, me dijo.


Me contó que algunos de sus excompañeros o amigos son artistas profesionales, es decir, sí viven de vender sus pinturas. Hacen contratos con galerías o artistas famosos. La clave, según me dijo, es que invierten tiempo y dinero en hacer contactos, en tomar alcohol con otros artistas o dueños de galerías. “Los artistas que son buenos en la comunicación social venden bien sus cuadros”.
Un rato después de estar ahí conversando, abrió la puerta de una habitación empolvada: el estudio de su abuelo tenía una mesa en el centro y decenas o quizás cientos de rollos de pinturas, bocetos, estudios, trabajos de su abuelo. Tomé un par de fotos discretas, pero el lugar me resultaba fascinante. Yo habría podido pasar ahí horas, inhalando polvo y exhalando curiosidad. Desenrollamos algunos y Howie me explicó que su abuelo acumulaba varias pinturas seguidas, en serie, y luego, al momento de venderlas u obsequiarlas, las firmaba.



También me contó que, al principio, durante su juventud, su abuelo le enseñó algunas bases de la pintura tradicional china. Sin embargo, luego se dio cuenta de que el camino artístico que su nieto había elegido era diferente. Cuando le pregunté a Howie en qué consistía esa diferencia me dijo algo como que en la pintura moderna es importante desarrollar una expresión propia, en la pintura tradicional china, se valora la técnica, la habilidad en el trazo, los golpes de pincel.





