Las altas temperaturas y las lluvias recientes favorecieron la proliferación de la llamada “mosca negra”, un insecto cuya mordedura puede provocar reacciones intensas y molestias prolongadas.

En las últimas semanas, la combinación de calor y precipitaciones generó un escenario propicio para la expansión del barigüí, también conocido como mosca negra, cuya presencia comenzó a detectarse tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en distintos puntos del AMBA. Se trata de un insecto poco frecuente en áreas urbanas, lo que encendió la alerta por los efectos que produce en personas y animales.
A diferencia del mosquito, el barigüí no pica: muerde, ya que corta la piel para alimentarse de sangre. Especialistas explican que esa mordedura suele provocar dolor inmediato, inflamación, enrojecimiento y picazón intensa, síntomas que pueden extenderse durante varios días. En algunos casos se registraron reacciones alérgicas más severas, con hinchazón pronunciada e incluso fiebre. Aunque no está asociado a la transmisión de enfermedades graves, el rascado excesivo puede derivar en infecciones y retrasar la cicatrización.
Otro aspecto a considerar es que no responde con facilidad a los repelentes comunes y presenta mayor actividad durante el amanecer y el atardecer, especialmente en zonas cercanas a ríos, arroyos o cursos de agua en movimiento. Para reducir el riesgo de mordeduras, se recomienda usar repelentes con alta concentración de DEET, vestir ropa clara y de manga larga, colocar mosquiteros en puertas y ventanas y evitar permanecer en áreas húmedas en los horarios de mayor actividad. Ante una mordedura, se aconseja lavar la zona con agua y jabón, aplicar frío local y evitar rascarse, además de consultar a un profesional de la salud si aparecen síntomas intensos o persistentes.


