La organización volvió a ganar visibilidad en protestas contra la violencia estatal y las redadas del ICE. Combina presencia armada legal, asistencia comunitaria y una narrativa de autodefensa frente al racismo institucional.

Un grupo que se identifica como Black Panther Party for Self-Defense volvió a irrumpir en la escena pública de Filadelfia en el marco de movilizaciones contra la violencia estatal y el accionar de agencias federales, en especial el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). La organización se mostró el pasado 8 de enero frente al Ayuntamiento local, donde sus integrantes marcharon portando armas de fuego, con boinas y chaquetas negras, evocando la estética y el discurso del histórico movimiento de los años sesenta.
Según voceros del grupo, la organización cuenta con menos de un centenar de miembros activos, algunos de ellos formados por exmilitantes del Black Panther Party original. Más allá de las protestas, el colectivo sostiene una agenda de trabajo territorial, con despensas de alimentos, distribución de ropa y productos de higiene en barrios empobrecidos del norte de la ciudad. Estas acciones, aseguran, se financian con aportes personales y donaciones, y buscan responder tanto a la violencia policial como a lo que definen como violencia institucional del Estado federal.
La presencia armada del grupo, amparada por la legislación del estado de Pensilvania, volvió a generar controversia a nivel nacional. Mientras sectores políticos y mediáticos cuestionan la exhibición de armas en el espacio público, residentes de las zonas donde actúa la organización valoran la asistencia material y el acompañamiento simbólico en comunidades atravesadas por el abandono estatal y la criminalización.
Aunque su reaparición se remonta a los años 2016 y 2017, el actual crecimiento de visibilidad del grupo se explica por el clima de indignación frente a la violencia policial, las redadas migratorias y las detenciones arbitrarias. En ese marco, la organización denuncia una política sistemática de persecución contra comunidades negras y migrantes, y reivindica la autodefensa como respuesta legítima frente al abuso de poder.
Fundado en 1966 por Huey P. Newton y Bobby Seale, el Black Panther Party original surgió como una reacción directa a la brutalidad policial y a la discriminación estructural contra la población afroestadounidense. Además de la vigilancia comunitaria armada, desarrolló programas sociales emblemáticos —como el desayuno gratuito para niños— que lo convirtieron en un actor central del movimiento por los derechos civiles. La represión estatal, impulsada por el FBI, desarticuló a la organización hacia fines de los años setenta. La actual experiencia en Filadelfia no se presenta como una continuidad orgánica, pero sí como una reapropiación de ese legado en un contexto donde, sostienen, las formas de violencia y exclusión vuelven a repetirse.


