TRAS 25 AÑOS DE NEGOCIACIONES, SE FIRMÓ EL ACUERDO MERCOSUR–UNIÓN EUROPEA

Paraguay, Argentina y Uruguay rubricaron el tratado de libre comercio con la UE luego de la aprobación mayoritaria del Consejo Europeo. Brasil no participó del acto formal, aunque Bruselas destacó el rol de Lula y le otorgó un trato político diferenciado.

Paraguay, Argentina y Uruguay rubricaron el tratado de libre comercio con la UE luego de la aprobación mayoritaria del Consejo Europeo. Brasil no participó del acto formal, aunque Bruselas destacó el rol de Lula y le otorgó un trato político diferenciado.

Los presidentes de Paraguay, Argentina y Uruguay firmaron este sábado el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, un entendimiento largamente postergado que corona 25 años de negociaciones entre ambos bloques. El paso decisivo se dio tras la votación favorable de la mayoría de los 27 países que integran el Consejo Europeo, que avalaron el pacto a comienzos de enero y habilitaron la firma en Asunción, en presencia de la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.

Se trata de la primera vez que la UE logra una mayoría política sólida para avanzar con el acuerdo, que dará lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo. Sin embargo, la decisión abrió interrogantes en ambos lados del Atlántico: en Europa, por el impacto de los productos agroindustriales sudamericanos sobre los precios internos; y en el Mercosur, por el ingreso de bienes industriales, tecnología y maquinaria europea y sus efectos sobre sectores productivos sensibles, en especial en países como la Argentina, con industrias regionales golpeadas.

La ausencia de Luiz Inácio Lula da Silva en la ceremonia respondió a una estrategia política. El presidente brasileño recibió el viernes en Río de Janeiro a Von der Leyen, en un gesto que reconoció el rol central de Brasil, principal socio del Mercosur y uno de los mayores beneficiarios del acuerdo. Lula había intentado cerrar el tratado durante la presidencia pro tempore del bloque en 2025, empujado por el agronegocio brasileño, pero no logró destrabar las resistencias internas europeas antes del recambio. La escala en Brasil también buscó reposicionar a Lula como socio privilegiado de una Europa tensionada por la guerra en Ucrania y el deterioro del vínculo con Estados Unidos tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

El texto todavía deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo, donde la mayoría aparece asegurada, aunque persisten focos de resistencia en algunos países, como Francia, Hungría e Irlanda, que votaron en contra en el Consejo. En paralelo, los gobiernos del Mercosur deberán iniciar sus propios procesos de aprobación legislativa. Durante el acto, el presidente argentino Javier Milei confirmó que enviará de inmediato el proyecto al Congreso y volvió a marcar su perfil aperturista: “La Argentina no se detiene en este acuerdo”, dijo, al tiempo que planteó avanzar hacia esquemas comerciales más flexibles y negociaciones bilaterales con otros países y regiones.

Así, el acuerdo UE–Mercosur quedó formalmente sellado, pero su entrada en vigencia aún depende de un complejo recorrido político e institucional. Mientras Europa busca recomponer su influencia en América del Sur y ofrecer una alternativa multilateral en un escenario global inestable, en el Mercosur el debate recién empieza: qué sectores ganan, cuáles pierden y cómo amortiguar los costos internos de un pacto que promete beneficios a largo plazo, pero plantea desafíos inmediatos.

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