António José Seguro se impuso con más del 66% en la segunda vuelta y dejó muy atrás al líder de la ultraderecha, André Ventura, en una elección marcada por la polarización y el rechazo al avance extremista.

El exministro socialista António José Seguro fue electo presidente de Portugal tras imponerse con el 66,31% de los votos en el balotaje celebrado este domingo, frente al 33,69% obtenido por André Ventura, referente del partido ultraderechista Chega. El resultado consolidó una victoria contundente de la centroizquierda y marcó un freno explícito al crecimiento de la extrema derecha en el país.
Con este triunfo, la Presidencia portuguesa volvió a manos socialistas después de dos décadas, tras los mandatos de Jorge Sampaio, finalizados en 2006, y los posteriores gobiernos conservadores de Aníbal Cavaco Silva y Marcelo Rebelo de Sousa. Seguro, identificado como un dirigente de perfil moderado y dialoguista, asumirá en el Palacio de Belém en un contexto político atravesado por la fragmentación electoral y el desgaste de los partidos tradicionales.
Ventura reconoció públicamente la derrota y admitió que no logró el objetivo de ganar las elecciones, aunque anticipó que felicitaría a su rival una vez confirmados los resultados finales. El líder de Chega había llegado al balotaje tras un fuerte crecimiento de su espacio, que un año antes se había convertido en la principal fuerza opositora en el Parlamento.
Seguro, en tanto, destacó el comportamiento cívico del electorado y resaltó el compromiso democrático de la sociedad portuguesa, incluso en condiciones adversas. Más de 11 millones de personas estuvieron habilitadas para votar, en una jornada atravesada por un intenso temporal que afectó al país desde fines de enero y que no impidió una participación significativa.
La elección presidencial confirmó un escenario político inédito en Portugal, que no recurría a una segunda vuelta desde 1986. Ninguno de los once candidatos superó el 50% en la primera ronda, una señal clara de la polarización que atraviesa al país. Aunque el presidente no gobierna como el primer ministro, su capacidad para vetar leyes, disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas le otorga un rol clave en el equilibrio institucional de los próximos años.

