MATAN AL JEFE DE INTELIGENCIA DE LA GUARDIA REVOLUCIONARIA Y ESCALA LA TENSIÓN EN MEDIO ORIENTE

Majid Khademi murió en un bombardeo de Estados Unidos e Israel. Irán prometió represalias “devastadoras” y profundizó los ataques en la región, mientras crece el riesgo de una escalada con impacto global.

Majid Khademi murió en un bombardeo de Estados Unidos e Israel. Irán prometió represalias “devastadoras” y profundizó los ataques en la región, mientras crece el riesgo de una escalada con impacto global.

El jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní, Majid Khademi, murió este lunes en un bombardeo conjunto atribuido a Estados Unidos e Israel, en un episodio que profundiza la crisis en Medio Oriente. La muerte fue confirmada tanto por autoridades israelíes como por el propio cuerpo militar iraní, que denunció un “ataque terrorista criminal” y lo declaró “mártir”. Desde Israel, en cambio, sostuvieron que se trataba de un comandante clave, con un rol central en la planificación de operaciones y en tareas de control interno vinculadas a la represión de protestas.

El primer ministro Benjamín Netanyahu afirmó que el operativo permitió desmantelar “otro brazo central” del aparato iraní y aseguró que Khademi había asumido recientemente ese cargo tras la muerte de su antecesor. Según fuentes israelíes, en el mismo ataque también fue abatido Athar Bakri, jefe de la Sección 840 de la Fuerza Quds, a quien responsabilizan por acciones contra intereses israelíes en el exterior. “Quienes dirigen el terror contra el Estado de Israel pagarán las consecuencias”, advirtió Netanyahu.

La respuesta de Irán no tardó en llegar. Teherán lanzó nuevos ataques con misiles y drones contra objetivos en Israel y también en países del Golfo como Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. En la ciudad israelí de Haifa se registraron al menos dos muertos tras el impacto de un misil, mientras que en territorio iraní los bombardeos dañaron infraestructuras energéticas, afectaron el suministro de gas en Teherán y alcanzaron zonas residenciales. En la ciudad de Qom, al menos cinco personas murieron tras un ataque contra un barrio urbano, en un contexto de evacuaciones y creciente impacto sobre la población civil.

El conflicto, que se intensificó a partir del 28 de febrero tras un ataque inicial de Washington y Tel Aviv, lleva más de un mes sin señales de desescalada. En ese marco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció sus amenazas al advertir sobre posibles ataques a infraestructura civil iraní, lo que desde Teherán fue interpretado como un potencial “crimen de guerra”. A su vez, las autoridades iraníes advirtieron que, si continúan los bombardeos, las próximas fases de su ofensiva serán “mucho más devastadoras”.

La escalada también tiene consecuencias económicas y estratégicas. El cierre del estrecho de Ormuz, clave para el transporte global de hidrocarburos, impulsó el precio del petróleo y encendió alarmas en los mercados internacionales. En ese escenario, Irán afirmó que trabaja en un “nuevo orden” en el Golfo Pérsico y advirtió que las condiciones en ese corredor “no volverán a su estado anterior”, en un mensaje directo a Estados Unidos e Israel.

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