Literatura. Acumulación, choque y deriva. Escrito en 2017 y publicado por Media res este año, el libro de Rama Coll (Buenos Aires, 1998) sigue las conversaciones de distintos personajes en una posada delirante, voces plenas de neologismos, deformaciones y mezcla de registros. Alejandro Rubio describió estos poemas como “una menesunda sociosexolingüística más allá de Perlonghini y Leminski”.
Más allá de la grasa peluda que acogota las falumbras:
Penduleando en una nube descampada. Un cartel irradia destellos fuxias: “El pene de membrillo”.
Un huevo de dragón en una mano, una bolsa de nylon en la otra. Rulos en la barba morocha. Una gota de chivo en el ombligo.
Cómo se gana la vida este panza malhumorado, da vueltas Pelos arrugando el ticket de espera.
—Necio, ¿el costo del paté?
—¿Eh? ¿Qué me recriminás? “El paté
está siempre igual, es paté”.
—Prolífera tu forma de responder
te hablaba burguesmente del problema.
—¿Cuál es tu cuestionamiento?
¿Te sorbiste una raya de sacarula
o la picaste en pala bien pasuti?
Necio se rasca la infección: y te estampo contra el ventanal, peludo flacucho, si insistís con el descanse.
—No estoy en el mundo de los globos, sigo acá.
Pará de palparte las vellosidades
te va a saltar floja gastroenteritis.
—¿Por lo de los tábanos decís?
ando mejor, era tétano además.
—¿Me dejás esconderme en tu tienda?
Tirame una grasa y me fiambrizo.
—¿Te pensás que sos sinónimo de mucho?
Por ahí si tuvieras cinturas sinuosas…
A Pelos se le engancha la alpargata entre los pliegues de la alfombra. Un maullido de vieja panfletaria dando portazos. Un cliente bisexual limándose las uñas de los pies. Otra nena bañándose en la palangana. Los bichitos del sol dele picarle los ojos. Necio cavila: cierto que no lo veo al loco desde…
—¿Te encontraron los comandres?
¿a cuántos fraspos estuviste?
en libras, ¿viste lo que son
los tipos grises en sus dientes?
—No sé, un decapito tus preguntas.
La traje a la Neti, pegale un rati.
Ah, era la Neti, parece más chica, piensa Necio. La Neti pollerita de rollos fílmicos.
—¿Cuántas berenjenas te placen, Neti?
—Godoy Cruz perdió dos a cero,
goles de Muni Muni y Joaco Caldera.
Uff, más de la nuca no puede andar, Necio chivando:
— ¿No querés la verdura esta, nena?
Uh, la asusté mal, cortó campo traviesa.
—Vos también sos un vendefruta
con esa cara de pescado perverso.
—¿Sabías que si tanteás derrapar bolas políticas
terminás ahogado en logaritmos neptunianos?
—Ueee, ¡zapaté! Ta la torta joyeli, la dejo nomás.
Tus amenazas me deforman la llanura sensatez.
Pelos, una rodilla hincada, levanta un strudel de la paz. Se le flanolea.
—Se me cae el ganado encima de la Neti, ¡cuidá!
Flux. Cuando se cae una ofrenda renace un músico de vanguardia. La Neti zafa, un proceso que va a continuar a lo largo de su vida. Pelos se lame las garras. El Flemu se lanza harapiento a zamparse el strudel. Se libera un froot loop que habitaba en su boca.
Necio ignora:
—Neti, iluminate uno que lo tostamo’ acá tráz.
Pelos, vos sacá el cartón cuadrado y un jazz.
Le tiro al Perito “pisate el lambo” y fazamos.
—Ojo que Perito tá con palestras mal pintadas,
el otro sol ponido por su chacra le cuché decir:
“Hay que seguir dándole puntapiés al sapo
creería que esa es la formus,
¿insinuás que el sapo no se dispone?
Voy a poblar el gárdenin de anfibios
clavarlos en picos el culo pa arriba
y a cada uno le meto pedazo de bife”.
—¿Ahora me venís con esta balastrada?
—¿Qué, Neti?, ¿vos también? ¿Son joda?
Necio y jornadas arduas de laburo que basta, que sí, que basta.
—Eh, míseros campiranos, ¿chileamos?
—Aghrr, ¿con la chica pirata futbolera
y con vos (heladero de bares galácticos)?
¿Por qué no? La pizca sigue brillando.
*
En otro cuándo y dos porqués más tarde, también por aquella loma de coincidencias:
Necio sentado en el lavamanos desordenando un guiso con los dedos. Un típico Capucha Vaquero espira humo por la ventana y cuenta historias.
—Salí de tranzar con dos vesubios bien potente,
me lavé la carne de las alpargatas,
taponeé la escafandra con los tronchos,
incluso, eh, pará que me enganché con esto.
Tengo que pagar el bonete o se me deshace.
—¿Cómo osás interrumpir tu relato? ¡Continuá!
¡Rápido!, aún el Fideo no nos está mirando.
—Bueno, nada, iba para El Pejerrey María
y mi viscoso cuerpo supo ver una estampida,
¡cien comandres!, ¡me recorrió un jorapo!
¿Viste lo que son los tipos grises en sus dientes?
—¿Estás charamús? Lo vi a Pelos y no sabés:
la misma parlatanería psicochamuyérica.
¿Vos también desayunaste merluza salada?
¿Ahora me vas a rogar hospedaje y cobijo?
—Vine a degollar una que otra gallina del tiempo.
Total, todo de los todos es germen de regateo,
¿no está de acuerdo usté, digno propietario?
Ya por esas, Necio vislumbra que su compañero de baño no es un típico Capucha Vaquero: ¡uh, se trata del gran Mago Samurio!:
—Vine mal, vuelvo: ¿Qué tal?, ¿qué desea?
—Mi placer utópico consta de no vivir,
soñar que era más pavada desplazarse
entre los enjambres apretados, sin recordar
las épocas de abundantes banquetes patusianos;
en mi vigilia soy aplastado por pastas
hasta que soy un granito, y sí, exploto.
— Oh! oh! oh! el más mago de los mágicos
firma con lo sucio de sus pies
una huella de luz en las baldosas de mi baño.
El pensar de Necio: Hay miedo. Hay comandres. Hay asesinatos. Hay muerte. Hay miedo. Hay seres simples que quitan. Hay muerte. Hay conflicto intratable. Hay ilusión. Hay jaula de plumas. No hay tiempo. Hay comandres.
—Oh gran Samurio, tu poesía me pincha,
indaga en mí como si no ocupara espacio.
Sé, sinienvargo, que estás en la posada en que se busca,
pero donde sólo se encuentra cuando se está de paso.
Un té de Chai Tí le hará cosmotear la espina,
¿qué cantidad de tazas desea guardar
en sus anchas caderas de millas solitarias?
Bandejita con merienda clásica sobre la tapa del inodoro. Samurio rechaza amable.
—Cuando se torne rojo el cacto eléctrico
que a todos nos observa y comprende,
mi volver celebraré con diez tacitas de té.
*
Aquella tarde en que las golondrinas dejaron de chocar contra los vidrios del local:
Aunque en El pene, posada y restorán, se hace comida, un empleado de Necio pide una pizza de El Vesubio, donde sí cocinan piola.
—Estaría marchando una mussa.
—¿La zapi? ¿Qué pinta va teniendo?
¿O este macho quiere verborragia o sus tubos se ensanchan de la bulimia?, Necio habituado a motoqueros de morfi:
—Yo te tiro la que me tiraron a mí:
metieron pie por la ruta barrida,
al Cabeza se le pasó el chocogas
justo por el tanque de las gallinas.
Poca pinta debe estar teniendo,
seguro se la funjaron los bichios.
—Ah, entonces es todo distinto.
—A…?
—Eh?
—Distinto a…?
—A eso que se pensaba, que digo
Yo. Yo pensaba, eso digo: lo digo
podría decirte que me olvidé, ya que pasó
nunca fue dicho, y tal vez tampoco pensado
A menos qué (A MENOS QUÉÉÉÉÉÉ), sin el qué,
sólo menos, o menos que ello, solo a, A, A, A, ¿A?
¿O todavía menos? Sólo sé esto:
Si el bondi tarda y la pizza se enfría, no queda más alternativa que disfrutar:
de La espera (bella), de El hambre (sabrosa), de La imagen (la pizza viajando en el tiempo o en el espacio) porque si no, no llegás Más. O (quién sabe) Menos. ¿Y si la pizza es menos rica en sus etapas usuales (horno-caja-moto) y puede pasar a gozo mayor? En aquel colectivo donde sólo está la tardanza, el tráfico, el recuerdo de otras pizzas pasadas, y el exagerado placer que uno cree podrá sentir al comerla en ese posible pero imposible futuro porque, ya todos lo sabemos, la pizza va a estar fría cuando llegue…
—¿Estás esperando a que lluevan trompadas
para salir a manguear Merthiolate?
No se me escapa una sarta sospecha
de en qué espacio-tiempo viaja tu fugazzeta.
—Era de muzza, Necio, ¿no te acordás?
Las cebollas piraron, casi la matan a Greta.
—¡SHHH! Hay dos comandres merodeando
si te das vuelta ni imaginás lo boleta que sos.
—¿Será chingado mi pinche destino flácido?
¿Me agacho?, ¿salto?, ¿corro?, ¿floto?, ¿están ahí?
¿Viste lo que son los tipos grises en sus dientes?
—¡SHHH! ¿Tenés cilantro en las orejas? ¡SHHH!
*
Una ira aniquiladora parte de Necio para con el Flemu, un cliente, y sus repetitivas sandeces:
—Placebo amagullado de pelitos caídos
con tu cantar de pilas consumidas,
tu chillar y la mandarina en el hígado,
andás gozando la lamida de carozo.
Y con el palo de escoba sin la felpa,
a paso de fino idiota carecés de seso.
Pastel, flan y polenta todos mezclados
el enchastre marciano que componés.
Todo el día encuevado
así de caracúlico
con tus flemosas barbas de polilla
y los murciélagos cascándote el cuello con las alas achicharradas.
Esa imagen tuya me bajó los porotos al borde
fueron para abajo bien abajo
y te cayeron
como las cortinas del baño que arrastrás y te estiran la cara
como el potaje de merdas engominadas
caldeado con salsas de especies enfermas.
Un baño bastante insano el que te estás dando.
Qué gran decisión la de quedarte a dormir aquí en el bar, ¿no te parece?,
gato con pantuflas. Y pijoteás el pago de posada.
¡Guarda! La cola se te enredó con el cable
a ver si con un eructo tuyo sacás todo a la mierda,
no sé, las latas abiertas parecen estar de antes que vos.
¿Qué te guardás?, ¿atún?, ¿con eso abastecés a los ínfimos gusanos?
El sapo de piso contamina los líquidos, ¿sabés?
Chupate el gordo y te va a dejar la baba pastosa apretada.
Eso más los pringos de mocos grises saliendo de tu garganta.
Dale, cargá con batracios salados entre los dedos,
mirá que te salen granos de barro violeta.
El camión de la lluvia no llega a tu choza,
si viene es que lo llamo yo
y te tira con la manguera de calor picante.
Si eso no te derrite la vista, te aplasta con sus kilos metálicos;
o, si no: cuchillazo, bolsa, y a dormir al CEAMSE.
Antes enjuagá bien los plúmbeos
pero cuidate del trepe del alacrán, que va dele que dele
con la pinza y el coso negro de atrás que ataca nervioso.
Ya me cansé de verlos pinchar tu manteca blanda
abrazada a los contornos vacíos,
los cascotes carpientes que te someten a lo húmedo.
En donde vivís y sos conjuntos congregados,
familias de venas hinchadas que amagan con explotar
y regar a cualquiera con tu eyaculación ácida.
Y lo termino acá para no estar como vos
en constante regenere de la engendridad.

Rama Coll nació en Buenos Aires en 1998. Publicó la novela 11 chicas (edición de autor, 2022), Relámpagos en tu ventana (La tarea de escribir, 2025) y El pene de membrillo (Media res, 2025). Canta en la banda Rey Bichito y también dibuja.


