Los presidentes de China y Estados Unidos mantuvieron una cumbre atravesada por disputas comerciales, la guerra en Irán y el conflicto en torno a Taiwán. Trump elogió a Xi y buscó mostrar un clima de acercamiento entre ambas potencias.

El presidente de China, Xi Jinping, recibió este jueves en Beijing a su par estadounidense, Donald Trump, en una cumbre marcada por las tensiones comerciales, la disputa tecnológica entre ambas potencias y la crisis abierta en Medio Oriente por la guerra con Irán.
El encuentro comenzó en el Gran Salón del Pueblo, en la plaza Tiananmén, donde Trump fue recibido con una ceremonia de honores que incluyó desfile militar, himnos oficiales y saludo conjunto a las tropas. En sus primeras declaraciones, el mandatario republicano buscó mostrar sintonía con Xi. “Deberíamos ser socios y no rivales. Vamos a tener un futuro fantástico juntos”, afirmó. También definió al líder chino como “un gran dirigente”.
Xi, por su parte, sostuvo que el mundo atraviesa “una encrucijada” y celebró la visita del mandatario estadounidense, la primera de un presidente de Estados Unidos a China desde el propio viaje de Trump en 2017. Detrás de los gestos diplomáticos y el tono cordial, la cumbre aparece atravesada por disputas estratégicas que exceden el vínculo personal entre ambos líderes.
La reunión se produjo meses después de la tregua comercial acordada entre Washington y Beijing tras la nueva escalada arancelaria impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca. Entre los temas centrales de la agenda estuvieron el comercio bilateral, las restricciones tecnológicas, la provisión de semiconductores y el intercambio de tierras raras, además de posibles acuerdos vinculados a la industria aeronáutica y el sector agroexportador.
Trump llegó acompañado por una numerosa delegación política y empresarial integrada, entre otros, por el secretario de Estado Marco Rubio y ejecutivos de compañías como Tesla, Apple, Nvidia, Boeing y BlackRock. La presencia de grandes corporaciones estadounidenses reflejó el peso económico de una relación bilateral que combina competencia global y fuerte interdependencia comercial.
Uno de los puntos más sensibles del encuentro fue la guerra en Irán. Washington busca que Beijing utilice su influencia política y económica sobre Teherán para contribuir a una desescalada en el Golfo Pérsico y garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético mundial. China, principal comprador de petróleo iraní, evitó alinearse con la ofensiva estadounidense y volvió a reclamar una salida diplomática al conflicto.
Otro eje de tensión estuvo vinculado a Taiwán. Horas antes de la llegada de Trump, el gobierno chino le pidió a Estados Unidos que “maneje con prudencia” la cuestión y detenga el envío de armamento a la isla. Washington mantiene desde hace décadas una alianza militar informal con Taiwán, mientras Beijing considera al territorio parte indivisible de China y rechaza cualquier respaldo internacional a sus autoridades.
En paralelo a la cumbre presidencial, funcionarios económicos de ambos países mantuvieron reuniones en Corea del Sur para avanzar en negociaciones comerciales. Según medios oficiales chinos, las conversaciones fueron “francas, profundas y constructivas”. La disputa entre las dos principales potencias mundiales continúa combinando momentos de acercamiento táctico con conflictos estructurales cada vez más amplios.

