Literatura. El oído atento a los matices de la lengua. Una obsesión por la materialidad de las palabras. Separar en sílabas, separar una palabra del resto con un corte de verso; escenas mínimas que revelan algo de una vida emotiva. Julieta Sbdar Kaplan (Buenos Aires, 1993) comparte una selección de dos libros inéditos, perfecta puerta de entrada a su poética.
De Poesía escolar (en prensa)
El infinitivo
Marina escribe con tiza: explicar
con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome.
Separa explicar
del resto del verso,
deja el infinitivo
flotando sobre el verde oscuro.
2009
El barco se lleva
su voz ronca, la forma
de pasear por el aula
con los ojos cerrados.
El barco deja escrita
la palabra explicar
en el corazón de la alumna
donde ancla el poema.
*
De Los acentos (inédito)
Los acentos [...] no fueron hechos solamente para elevar
o bajar el tono de la sílaba y así puntuar el discurso, sino
también para expresar los afectos del alma que tenemos
la costumbre de manifestar a través de la palabra o el rostro.
Baruch Spinoza
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
César Vallejo
Usted tiene un acento
En la verdulería
o en el café me dicen: usted
tiene un acento. Uno pequeño.
No respondo, me ocupo
de pagar sin pronunciar.
Camino a casa, como en la escuela,
separo las palabras
en sílabas
marco la tónica e intento
cambiarla de lugar.
¿Eso es tener un acento?
¿Darle énfasis a una
sílaba que no esperaba
nada más
que adosarse tranquila,
susurrada, a la siguiente
o la anterior?
La tarea que me ocupa se parece
a mi estado sentimental.
Una sílaba por paso caminado.
Separarse: acentuar de otro modo
la misma vida.
Torcer el tono de una existencia
que se adosaba a otra.
Entonces sí, señor verdulero,
sí, mozo del bar,
por qué no, tengo un acento
fuerzo la sílaba
átona, pongo
el corazón en el lugar
impensado, no estoy ahí
donde me esperan.
Schibboleth II
Grítalo, el schibboleth, lánzalo
fuera a lo foráneo de la patria:
febrero. No pasarán.
Paul Celan
Río, espiga, ramita
de olivo: Schibbóleth, pronuncia
mi madre y acentúa
la segunda sílaba.
Schibboléth,
respondo y enfatizo
el final de la palabra.
Preguntale a la bobe, dice,
pero la canción
que cantábamos en el jardín
así decía: schibbóleth.
Lo pronuncia con la boca
del corazón y canta
una canción que viene
nadie sabe de dónde.
Esa melodía
que desentona es mi infancia.
Tener un acento
distinto al de una madre
es una tarea que se aprende
de a poco
aunque se practique desde siempre.
La suya es una lengua aguda.
Cuando abría
el baúl del auto para
guardar el bolso
decía: ponganlón ahí.
Y aunque a mí jamás me falló
la esdrújula porteña
nací de otra tonada y todavía
me alegra decir en voz alta
soy hija
de tucumana
como diciendo tengo
su acento aunque no se note.
Pero también hay otro tono,
siempre hay otro.
Por eso cuando un domingo
de sol en el parque
ella pronuncia schibbóleth la veo
parada del otro lado
del río por vez primera,
y por primera vez lejana.
¿De qué me separa
esta pronunciación?
¿Cuántas separaciones
caben en una?
Todavía no lo sé pero me escucho
entonando una canción que es la mía:
ramita de olivo en mano, cruzo
la frontera imaginaria
y nadie me espera.
No lleva tilde
A Fernanda
Huir me indigna
quiero decir
me indigna que no lleve tilde,
¿a quién se le ocurre
pronunciarlo como si fuera
un monosílabo?
Te escucho y pruebo,
otra vez parto
la palabra y la fuerza
cae sobre la segunda
vocal: hu-ir.
Es cierto, amiga,
en nuestro acento
diptongo no hay:
huir se parte,
como si dijéramos
hay que partir
la palabra al partir.
No hay forma de pronunciar
la huída en un solo tempo.
Esto no lo decimos
ni vos ni yo
pero tu corazón y el mío
por la fuerza lo saben: huir
se huye de algo,
se huye
de alguien.
Lleva tilde
¿Decís lleva tilde?
¿Mío lleva tilde?
¿Dios lleva tilde?
¿Cuándo lleva tilde?
¿Llamado?
¿Algo lleva tilde?
¿Mesías lleva?
Porque es esdrújula.
Porque es aguda
terminada en S.
Porque es grave
terminada en vocal.
¿Él lleva tilde?
¿Siempre?
¿Solo lleva tilde?
¿Sola?
Para diferenciar.
Porque es así.
Porque es
aguda terminada
en consonante.
Esperame,
¿lleva tilde?
¿Venís?

Julieta Sbdar Kaplan nació en Buenos Aires en 1993. Publicó los libros de poesía Demoliciones (2017, Eloísa Cartonera) y Mandarinas (2022, Nebliplateada) y participó en numerosas antologías. Es Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, Magíster en Estudios de Género por la Universidad París 8 y actualmente cursa el doctorado con una beca doctoral CONICET. Obtuvo el premio de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires (2023). Su último libro de poemas, Poesía escolar, saldrá por Nebliplateada en 2026.


