Críticos, editores, investigadores y escritores debatieron en el III Festival Americano de Poesía de Hurlingham sobre el presente de la crítica literaria y artística. Entre la sobreabundancia de publicaciones, la lógica de los algoritmos y la precarización de los espacios culturales, la conversación giró en torno a una pregunta central: cómo leer, discutir y producir sentido en una época que parece haber perdido el hábito del debate.
Emilio Jurado Naón. Hola, buenas tardes a todos y a todas. Esta es la primera vez que en el Festival Americano de Poesía en Hurlingham le dedicamos un momento a la discusión sobre crítica literaria y artística. Así que reunimos a tres exponentes de la crítica actual que nos interesan (o cuatro, porque yo voy a participar también) y que llevan adelante prácticas de la crítica en distintos ámbitos. Se trata un poco de abrir y cerrar: abrir hacia más allá de la crítica literaria y, después, discutir y debatir sobre algunos aspectos de la crítica hacia adentro. Si hay, si no hay, cómo debería ser la crítica, y qué se espera de ella. Por ahí podemos empezar por Julieta, para hablar acerca de dos cosas: por un lado, dónde ven crítica que les interese en la actualidad y, por otro, cuál es la práctica particular que hace cada uno de ustedes.
Julieta Sbdar Kaplan. Antes que nada, muchas gracias, Emilio, por la presentación, por la invitación, a Gabi también. Me encanta estar acá. Y sí, diría que me dedico más que nada a la crítica académica. En este momento estoy en la plena redacción de la tesis doctoral. Trabajo con crítica de poesía y, puntualmente, con una forma de la lectura que últimamente estoy pensando como anacrónica, porque abordo las figuraciones del tiempo, como decías. Trato de pensar cómo funciona la temporalidad en los poemas que se escriben hoy, en un corpus específico.
Lo que me interesa hacer y leer (como lectora de crítica, de ensayo, etcétera) son trabajos muy cercanos al texto, lo cual es algo que está volviendo en los últimos años. En las últimas décadas, la crítica académica se volcó más hacia los estudios culturales, la interdisciplina y la idea de la teoría, a grandes rasgos, que mezcla un montón de lenguajes diferentes. Todo eso es muy interesante y fue muy pertinente sobre todo, diría, desde el estructuralismo para acá. Pero, en los últimos años, esto que en la crítica y la teoría literaria se llama «lo inespecífico» (o que Josefina Ludmer llamó «lo posautónomo») me parece que hay que matizarlo y volver a la materialidad textual. Que al final es lo que aprendemos a hacer cuando estudiamos Letras, cuando leemos textos, cuando nos acercamos a un poema, que es básicamente una porción textual, un pedazo de lenguaje a disposición y legible. Y una porción de lenguaje, diría, que presta más atención a la sensibilidad verbal. Algo que últimamente está bastante perdido es esta tensión por el texto, este asombro, decía un poema de Roque Dalton que leyeron antes.
A mí la crítica que me interesa, y que intento practicar, es esta vuelta al verbo, esta vuelta a la forma, casi diría a la filología, la preocupación por lo más pequeño del lenguaje. Y a tratar de leer en el lenguaje su multiplicidad, y no su univocidad. Sobre todo pensando también en los discursos, más allá de la crítica y más allá de la teoría, que circulan hoy y que pretenden un significante unívoco. «Libertad» es lo primero que me sale pensar. Esta idea de la transparencia del lenguaje. Bueno, volver a abrazar esa opacidad del lenguaje. Eso que no es tan directo y que permite que uno también, como lector, se enuncie. Estoy diciendo muchas cosas al mismo tiempo, pero básicamente, para responder a tu pregunta, la crítica que me interesa es esa que se preocupa por el significante y por la forma. Y desde ahí obviamente por la politicidad del lenguaje.
Milagros Porta. Buenos días. Gracias por la invitación al festival. Espero que se queden, hoy y mañana, porque hay un montón de actividades muy geniales. Yo venía pensando en una vuelta a la écfrasis, a esta idea de volver a describir el objeto sobre el que quiere trabajar la crítica. Hay una proliferación de revistas, de sitios, de intervenciones, de espacios de intervención, y aparecen un montón de modalidades de la crítica. Y una que está bueno recuperar es la vuelta a la descripción del objeto. Pensar la mediación de las palabras como la herramienta que tenemos para pensar las imágenes. Nuestra relación con la imagen. Yo escribo crítica de cine, por eso voy a hablar más de la imagen. Nuestra relación con la imagen está mediada siempre por la palabra, entonces la palabra es el instrumento cognoscitivo. Y el estilo es la manera de conocer. Entonces la propia escritura contiene ya, de por sí, la mirada crítica. Un posicionamiento.
Y sí veo una precipitación, a veces, a decir si algo es bueno o no es bueno. El juicio valorativo, ¿no? Esta idea de volver a la descripción sería dar un paso atrás y pensar qué es lo que hay, antes de pensar si es bueno o si es malo, antes del juicio valorativo. Porque la misma descripción, si está bien hecha, contiene esa valoración.
Hay un libro que salió hace poco de Carlo Ginzburg, Una historia sin final, donde trabaja mucho esta idea. Él es historiador de arte, en realidad, pero en los vínculos que hace entre las imágenes va trazando mapas que son también una forma de la crítica, me parece. A veces en la misma historización aparece una organización de lo que hay, que muchas veces está disperso y que no sabemos cómo ordenar. Entonces, como una segunda idea que se me ocurre ahora… No sé si estamos ya adelantándonos a otro punto.
EJN. Sí, pero, adelante.
MP. Bien, perfecto. Como segunda idea, en un momento de sobreproducción, de demasiada cantidad de obras, la crítica tiene el rol, no sé si de ordenar, pero sí de hacer un recorte. Identificar momentos del presente, situaciones, escenas, ciclos. En el recorte, en el primer plano y en el plano detalle sobre esa enorme proliferación de objetos, también hay una tarea.
Esto capaz va a ir apareciendo, pero sí, la crítica perdió mucho su rol de mediación. Los medios tradicionales le dan cada vez menos espacio. Es una profesión que está completamente precarizada. Entonces, de pronto la crítica se vuelca, por un lado, a medios jóvenes, de personas que tienen tiempo para dedicarle en sus ratos libres, cuando no están trabajando ni estudiando. O a la academia, espacios de otra escritura. La posibilidad de la crítica como proyecto de vida es cada vez menos probable. Porque no existe la idea de la crítica como carrera. Ya no estamos llegando al público en este sentido de mediar, en el caso del cine, con la cartelera, con los estrenos. No hay un espacio intermedio donde haya una gran audiencia que está leyendo crítica para pensar qué ver y qué no ver. Me parece que hay que pensar qué hacer desde esos otros espacios alternativos, más pequeños, donde el rol no va a ser de mediación con las masas que están yendo a ver películas, sino de organización de momentos de la conversación cultural. Bueno, súper disperso, pero algunas puntas que se abren.
Raúl Cuello. Gracias por la invitación a los chicos que organizan el festival. Hay mucho hilo para cortar. Escuchándolas atentamente, pensaba en estas cosas: Milagros dijo una palabra que me gusta mucho, que es écfrasis, el ojo ecfrástico, esta voluntad de describir cosas, que también puede ser interesante cuando se la desplaza del arte. Uno está habituado a escucharla o a ubicarla en el campo del arte pictórico, pero es una herramienta muy útil y muy plástica para pensar inclusive la crítica o la escritura misma.
Yo me encuentro un poco corrido, digamos. Hice crítica durante varios años pero en verdad vengo del palo de las ciencias biológicas, o sea por un lado nada que ver. Aunque a decir verdad, en su momento me interesó lo que podía hacerse desde las ciencias exactas (si bien la biología no es exactamente una ciencia exacta) justamente para darle un poco de esa visión crítica desde un punto de vista desplazado. No desde las letras, sino de afuera, desde una retórica que viene del afuera. Y ahora que ya no hago más crítica me invitaron a este festival, lo cual es paradójico.
EJN. Siempre llegamos tarde.
RC. Esa es justo la palabra que iba a decir. Que la crítica siempre está llegando, de alguna manera, tarde. Como la producción es tan vasta termina pasando eso. Vemos no sé cuántas novedades por día. Una multinacional saca por día una cantidad ingente de novedades. Ni hablar de la proliferación de revistas, editoriales independientes, etcétera. Y un desafío o algo a pensar me parece que es: ¿cómo hacer que la crítica esté más cerca de la producción, que esté más cerca de lo que se está haciendo en ese momento y esté respirando a la par de la misma producción, de lo que se hace? Esa es una pregunta que siempre acontece con la crítica o desde la crítica. Y un activador de eso, a veces, es cuál es el deseo del crítico, cuál es su mirada, qué es lo que busca, qué es lo que espera.
Hay un crítico y editor español muy importante que me interesa, que se llama Constantino Bértolo. Y él habla de la figura del crítico como la del censor del censor. Poniendo la posición del editor como alguien que hace el primer recorte, censa, dice esto es lo que va y a esto otro lo vamos a dejar de lado. El editor lo que hace es pasar un texto, que es del orden privado (lo que escribe todo escritor es algo del orden privado), al plano público. Entonces el crítico viene después y hace una evaluación, critica específicamente si lo que ese editor hace, que es elevar ese texto a libro, es relevante o no. Ahí se produce una contraposición. Y a mí lo que me interesa es el lugar de crítico como alguien que le disputa al editor o a la producción misma eso que está haciendo, la legitimidad, el valor que tiene esa producción.

EJN. Bueno, genial. Se van disparando entonces ejes de discusión. Yo estoy acá también como uno de los editores de la revista y editorial Rapallo, que es una revista en papel de poemas y ensayos. Y muchos de lo que ustedes contaban al principio me recordaba a cuando empezamos ese proyecto, porque a la hora de empezar tuvimos que tomar decisiones. Por ejemplo, si iba a ser una revista digital o si iba a ser en papel. Qué poetas queríamos publicar. Si estaban vivos o muertos, si eran famosos o no, de dónde eran, etcétera. Se trataba de la discusión sobre el criterio para llevar adelante un proyecto editorial.
Algo que teníamos claro al principio era este tema de la dispersión. Fue hace casi 10 años, pero evidentemente eso se acentuó. Entonces era justamente tratar de hacer un recorte en el amplio campo de la poesía contemporánea argentina y del resto de América. Íbamos a ser los primeros lectores y nuestra mirada valorativa, como línea editorial, se tenía que leer a partir de lo que seleccionáramos. Por eso le damos mucho espacio a cada poeta. Muchos poemas de pocos poetas, es la consigna. Para que la revista funcione como un libro. Primero, que sea en papel y solo en papel, entonces la lectura va a ser más lenta. Pero también entendíamos que iba a haber una otorgación de valor, en tanto que el soporte material de papel es mucho más valioso que la dispersión de la web, para el o la poeta que eligiéramos. Esa era un poco la idea.
Ahora, para continuar con la idea de valor, tengo dos cosas que decir sobre lo que venimos hablando. Milagros, vos decías que no existe una carrera del crítico, ¿no? Pero entiendo que, en principio, esa es la carrera académica de Letras, y de otras artes también. Yo estudié Letras y sé que está bastante formada para la crítica, por el programa de los años 80, cuando terminó la dictadura. La crítica posestructuralista, en ese momento, que después fue cambiando por los estudios culturales. Pero sí era una formación de críticos. El tema es que el crítico académico evidentemente no es tal, no es crítico. Por lo menos no los es en los términos de la cercanía a un público masivo que planteabas. Habría que ver, por otro lado, y te cedo la palabra, Julieta, si ese crítico es cercano a los propios integrantes de la comunidad académica de las artes. Es decir, qué pasa con esa crítica académica, qué ida y vuelta hay. Tampoco creo que la formación sea para un censor del censor.
JSK. Sí, eso pensaba. Son dos funciones del crítico, creo, las que están en juego acá y que estamos conversando y que son interesantes. La idea de la crítica del gusto que planteabas vos, de lo valorativo, que aparece, que criticabas. El crítico como censor, también, o como recorte, ese que junta lo disperso, casi como una función editor. Y el crítico o la crítica que se forma en la Universidad, en la carrera de Letras, y ahora en otras carreras nuevas. Que me parece que tienen más que ver con un lector especializado. Quizá esa sería la función. No sé bien qué significa eso, pero es un crítico que se forma como lector o lectora, y no tanto como aquel que va a juzgar si un texto es bueno o no.
EJN. Cuando yo era estudiante de Letras el valor literario era una mala palabra.
JSK. Exacto, sí. O lo tenemos a Saussure, para quien el valor es otra cosa. Quiero decir, es otro vocabulario que me parece que a veces entra en tensión. Incluso se bastardea bastante de un lado y del otro. Desde la Academia, a esa crítica que no es académica. Y desde el afuera, a la crítica académica. He escuchado en un montón de lugares y también en festivales de poesía a poetas hablando mal de la crítica académica de poesía. Sin embargo, casi todos los críticos de poesía escriben poesía. Y yo creo que la mayoría de los poetas también, de alguna manera, hace crítica. Hay una especie de enemistad un poco paradójica, un poco caricaturesca, que me parece que hay que desmontar. Y que es importante desmontar y desdemonizar también desde el afuera del campo de la crítica académica. Porque en algún punto contribuye a discursos antiacademicistas, anti organismos como el CONICET, la Universidad, etcétera, que están en real peligro hoy. Y que esta cosa a veces un poco canchera del afuera del campo académico me parece que horada nuestro discurso, vamos a decir, «progresista».
Pero dicho esto, por ejemplo, con Fernanda Mugica e Inés Ichaso, que están acá, pero también con Julieta Novelli y Bernardo Orge, llevamos adelante una revista muy nueva que me voy a permitir vender, que se llama P.O.P.A. Es una revista de poesía y crítica donde justamente intentamos eso, volver a juntar el pensamiento que sucede en el claustro universitario, como si fuera un fuera del mundo, y esos otros discursos que circulan en los medios tan interesantes en los que trabajan ustedes y que coordinan. Volver a juntar pensamiento y producción desde el punto de vista crítico. La crítica entendida, para mí, no tanto desde el lugar del censor, sino desde la producción de discursos, de saberes y de pensamiento, sobre todo. Y lo que decía al principio, la lectura cercana al texto, como un modo de volver a pensar el lenguaje y de reposicionarnos también como personas y ciudadanos que enuncian.
MP. Me quedaba pensando en lo distintos que son el campo de la crítica de cine, la crítica literaria y la crítica de artes visuales, etcétera. Lo que habla también de una hiperespecialización y una segregación de los campos del saber que es nociva. Algunas revistas como Los años 20, Urbe, Otra Parte y Áspera, por ejemplo, tratan de generar cruces. No necesariamente desde la interdisciplinariedad en el sentido de hablar de todo al mismo tiempo, pero sí de leernos entre colegas. Porque somos colegas, de todas maneras.
Pensando en esas diferencias, en el caso de la crítica de cine, hay una tradición muy ligada al amateurismo, por un lado. Y, por otro lado, a la crítica en los medios masivos. Acá en la Argentina pienso en El amante, ese legado problemático y problematizable, porque de ahí salieron figuras ahora alineadas con la derecha o con el conservadurismo. Pero más allá de eso, marca un antecedente de una crítica que se compraba en los kioscos de diarios. También revistas como Film, Tiempo de cine, etcétera. Entonces sí pienso que el crítico de cine o la crítica contemporánea están pensando en esa tradición, en ese pasado. Y a la vez en un contexto completamente diferente, donde esa vida, la vida de cubrir el estreno, casi que ya no es posible o la ejercen muy pocos, porque hay muy pocos puestos donde ejercerla. Cuando yo pienso en crítica pienso en esa crítica. Y en cine, lo que sería la producción académica se piensa más desde un lado de la investigación. Es muy diferente.
Me acordaba, volviendo a Otra Parte, de una entrevista que le hacen a Graciela Speranza, donde habla de que justamente la crítica que a ella le interesa publicar está en ese entre. Entre lo que sería la divulgación, por un lado, el periodismo, y, por otro, la producción académica. No desprestigiar ni despreciar ninguno de esos campos, pero sí pensar qué se puede hacer en el medio, en el tráfico entre ambas cosas.

RC. Sí, algunas cosas que tenía Otra Parte es que estaba bastante atomizada. Por ejemplo, en el apartado de Arte, veía que había muchas intervenciones de gente que era directamente amiga de la persona que exponía. Quizás el aparato crítico iba más por el lado de lo afectivo. Después, en el apartado de Cine había otra distribución, el análisis pasaba por otro lado, tal vez más analítico. Entonces era un mismo medio que tenía un montón de campos que se cruzaban. Que a veces no sé si es tán común eso en el resto de la producción crítica. No sé si todas las revistas abarcan Arte, Música, Cine… Necesitás toda una orquestación bastante afilada para contar con los actores adecuados prestos a interpretar, a discutir, a valorar. Yo por ejemplo estaba en el apartado de Iberoamericana, que es muy rico porque, imagínense, la producción iberoamericana es vastísima. Por suerte ahora varias editoriales independientes están empezando a tomar la posta y a publicar autores latinoamericanos, eso extiende la riqueza de lo que se lee. Desde el punto de vista de cómo problematizar la lengua argentina a través de los inconvenientes o cortapisas de otros países. Cómo piensa la poesía Brasil, cómo piensa la crítica Perú, etcétera. Y trataba de contrastar eso: cómo se puede en un mismo canal hacer confluir esas dos cosas.
Y por otra parte, bueno, hay varias cosas acá, para sacar de lo que dijo Milagros al principio del crítico casi no asalariado, precarizado. Y eso tiene su veta mala porque justamente uno hace crítica sin recursos. Por suerte la literatura y la crítica son bastante baratas, no necesitamos muchas herramientas además del pensamiento. Pero a la vez aparece la figura de la persona que tiene libertad total para decir lo que más o menos quiera, y no tiene que obedecer una línea porque le paga un medio o porque le dicen: “Tenés que cubrir a este porque es importante, porque está alineado con nosotros, porque va a ganar el premio Clarín”. Entonces me parece a mí que ahí hay una oportunidad.
Y con respecto a la figura de Speranza, la crítica de ella que yo no compartía es que al final le faltaba el juicio valorativo. Ella hacía todo un análisis muy detallado de las obras y al final uno nunca sabía si le gustaba o no le gustaba, qué pensaba en realidad del objeto que estaba criticando. Y eso a mí me parece que es importante. Me parece que el crítico tiene que sentar una posición y decir esto me parece a mí que está bien o no. Desde un punto de vista estético o de los arreglos de cómo se compuso la obra. Esto me gusta o esto no me gusta. Una sentencia final es necesaria porque de esa manera el crítico se pone en un lugar específico, jugándose por la posición que ha decidido tomar.
EJN. Yo pienso también que el juicio de valor, hecho de manera argumentada y explicitando el punto desde el que se lee y se opina, es crucial para entender también el contexto desde el que se hace la crítica. Milagros, vos traías a colación el concepto de mapa, este recorte que, en la dispersión y con el volumen de publicaciones y novedades, el crítico necesariamente tiene que hacer. Pero creo que sin ejercer un criterio claro y un juicio de valor sobre lo que se está mostrando, quizás se corre el riesgo de simplemente testimoniar. O sea, ahí tengo la duda, y es una duda real. Porque es verdad que uno hace un recorte y le da protagonismo a algo, una serie de libros, pongamos, de entre lo que salió este año, por sobre los demás. Pero no necesariamente eso me parece que sea suficiente para elaborar un criterio sobre lo que se piensa que es o debería ser la buena literatura. Si es que eso es algo deseable. Yo creo que sí, pero ¿por qué?
Lo cual me lleva a una siguiente pregunta que habíamos pensado, que es: ¿Cuál es la finalidad de la crítica? ¿Para qué sirve? Siempre me pregunté si no es la crítica algo necesario para escribir mejor. ¿Qué quiere decir esto? Uno cuando lee está en constante diálogo con lo que está leyendo y probablemente criticando lo que lee, sea un clásico o sea un texto contemporáneo. En ese diálogo interno se va forjando un criterio propio. Si uno va a un taller o tiene un grupo de amigos escritores con los que discute sobre lo que les gusta y lo que no, también se va forjando un criterio que genera que uno en tanto escritor (sea ensayista, novelista o poeta) también se juzgue a sí mismo y a su propia producción. Entonces, otorgarle a los demás lectores de crítica un punto de vista claro y contundente, para empezar, valga la redundancia, pone las cosas claras sobre quién habla y desde dónde. Y eso redunda en un aprendizaje. En definitiva, se trataría de pensar la crítica como un momento pedagógico.
Ahora bien, ¿una pedagogía hacia quiénes? ¿Quiénes leen crítica? Durante algún tiempo publiqué reseñas en medios culturales. Pero llegó un momento en que no sabía quién las leía. No tenía mucho retorno, salvo cuando entraba en algún debate más agresivo con otros autores. Entonces sí había respuesta. Aunque en general no íbamos para ningún lado ni se generaba un debate. Pero después (a vos te debe haber pasado algo parecido, Raúl), entramos, como reseñistas, en una dinámica de simples publicitarios de las novedades. Quizás porque justamente, del otro lado, no hay retorno. No sabemos qué opinan ni quiénes leen esas reseñas y no se genera lo que uno espera que se genere, que es un diálogo, un debate, una conversación. Ya no sobre el libro que salió, sino sobre lo que la crítica plantea sobre ese libro.
RC. Bueno, yo te voy a decir quiénes son los que leen las reseñas. Los editores. Los primeros que leen las reseñas son los editores, que son los primeros que te atacan si no les gustó. O sea, hacer crítica en alguna instancia es crear enemigos. En la medida en que una crítica pone en entredicho algo que un editor, con su voluntad, su idea y sus recursos manifiesta que está haciendo algo importante, que está ofreciéndole al campo cultural algo de interés. Cuando uno confronta esa visión, ya de buenas a primeras el primer enemigo que se gana es el editor. Yo lo veo ahora como editor, por eso lo digo. Ahora estoy viendo qué pasa cuando sobre un libro que yo pensaba que podía ser interesante dicen: “No, con esto no pasa nada”. O que tiene erratas, por ejemplo. Tuve un par de disputas por el tema de las erratas en el pasado. Pero un lector fanático de un reseñista, para mí, es un editor. De buenas a primeras. Y obviamente el autor, si este está vivo.
MP. Bueno, yo retomo algo sobre lo que decían del tema del valor. Me parece que hacer una crítica descriptiva, o recuperar la écfrasis o las especificaciones de la singularidad que tiene una obra y no tienen otras, o describir cómo una obra dialoga con otra, no está peleado con la valoración. Sino que una cosa puede contener a la otra. O que pueden formar parte de un mismo texto crítico. Son momentos de esa textualidad. Volviendo a lo que Raúl decía de Speranza, en la misma entrevista que citaba antes ella comentaba que no le interesa el polemismo, en el sentido de generar un conflicto innecesario, pero que la crítica siempre implica un posicionamiento. Un posicionamiento que va a generar divisiones en la sociabilidad o en el campo cultural, literario, cinematográfico, etcétera.
Sí hay algo de nuestro campo que suele estar muy pacificado o que no suele responder a los posicionamientos fuertes a nivel estético. Porque muchas veces se hacen lecturas personales de las discusiones estéticas y se las lleva hacia la falacia del hombre de paja. Hablar del otro en vez de hablar de lo que está diciendo el otro. Enemistades en un sentido personal. Pero hay una productividad enorme en las discusiones.
Me llama la atención que digas que las pocas veces que tuviste un feedback fue cuando dijiste comentarios «más agresivos».
EJN. Crítica negativa, sí.
MP. A mí me pasa al revés. Cuando se hace un planteo un poco más contundente: silencio de línea de quienes esperaría que contesten. Generacionalmente, hay una serie de revistas nuevas que están intentando volver a esa dinámica de la disputa. Pero todavía falta el retorno. Que no lleguen solamente los comentarios a favor de ese posicionamiento más disruptivo, sino que también haya una continuidad de las discusiones. Porque la crítica en última instancia es una conversación. Entonces ustedes se preguntaban para quién es la crítica. Y me parece que, si no estamos llegando a una esfera más lejana, como mínimo que sea una conversación con nuestros pares. Que incite a devolver algo, que incite a pensar con les otres.
JSK. Solo agregar una cosa. Tengo otra lectura del valor y del juicio, pero creo que daría para muy largo. Sí estoy muy de acuerdo con esta idea de que la crítica siempre es conversación, siempre es polémica, más allá de que uno anuncie su adscripción o no a cierto texto. Siempre hay voces, todo texto es polifónico, nos lo enseñó Bajtín. Siempre hay alguien más que está hablando, más allá de que yo diga me gusta o no me gusta, y eso se ve además siempre en el recorte y en la selección. Es cinematográfico también. En el montaje hay una enunciación, más allá del enunciado.
Pero me interesa también pensar la crítica como producción. Y creo que todos lo hacemos de alguna manera. No solo como una cuestión de intermediar entre un texto y un lector posible o un editor o un amigo que va a estar contento porque le publiqué su reseña. Sino sobre todo como un texto donde voy a ponerme a pensar y poner a funcionar una máquina. Así como el escritor, el poeta, el narrador o el director de cine lo hace con su producción. Emancipar, en ese sentido, la crítica del texto fuente, porque de lo contrario queda supeditada y muy atada a cierta cosa personal, individual, y nos reconduce siempre a esa voz que produce el discurso. La crítica permite diseminar un poco esa fuente de la voz, producir otro discurso que se solapa, que dialoga con, que discute, que polemiza, pero que abre nuevas vías de pensamiento, sin quedar como esclavo de ese primer texto al que refiere.

EJN. Estoy de acuerdo con esto último e iría incluso más a fondo. La crítica debería formar agenda. Porque tanto en crítica académica que leído como en las reseñas de literatura y en libros de ensayos, siempre se está leyendo lo mismo. La bajada de mercado, de las novedades literarias, pregnó en la Universidad, en los espacios independientes y en todo tipo de medio cultural, sea la revista Ñ, sea Otra Parte, sea una revistilla. Es decir, en la gran dispersión, todos leen lo mismo: la última novedad. A favor o en contra (en general a favor). En la revista Luthor leemos análisis sobre Mariana Enriquez, pero ya leímos sobre Mariana Enriquez en la revista Ñ. No estamos aportando mucho. Es como si, para relevar lo nuevo, todos fuéramos a mirar las notas de tapa…
JSK. Y para agregar: leemos lo mismo y de la misma manera. Hay una serie de palabras últimamente, como «Antropoceno». Palabras clave, casi, como las que nos hacen poner en un paper, que se repiten mucho y que implican una tautología de la crítica. Voy a leer lo que ya sé que me van a decir sobre esto.
EJN. Incluso aunque sea en contra. Puede haber reseñas contra la última novela de Mariana Enriquez, que dicen que es mala, pero en definitiva seguimos con la misma agenda. Mientras más cantidad de publicaciones, más autores, más editoriales, menos variedad de agenda. Entonces una tarea de la crítica ahora es pensar qué queremos leer. No solo qué pensamos de lo que leemos. Y ese sería el oriente de ese mapa.
MP. Sí, pensaba en la crítica como contra algoritmo.
EJN. Exacto, en definitiva es ese modelo.
MP. En el caso del cine, por ejemplo, las plataformas de visualización tienden cada vez más a la recomendación: “Hay un 97% de chances de que te guste esto”, “Si te gustó esto mirá aquello otro”. A volver pasivos la elección, los caminos, los recorridos. Es una muerte de la curiosidad. Ahí aparece la posibilidad de la crítica de iluminar objetos, no sé si perdidos, pero dejados de lado.
Y sobre lo que decías del Antropoceno, de pronto hay marcos teóricos que pasaron de moda y se vuelven muy rastreables sus condiciones. Se tradujo acá a alguien, entonces de pronto durante dos años usamos una terminología determinada, y es transversal esto desde la academia hasta Clarín. Entonces, la crítica como desconfianza también. “Estas palabras, ¿de dónde vienen?”, “El marco teórico está bien, pero hay otros posibles”. Dejar de citar franceses, está perfecto, hagamos una crítica territorial situada. Pero entonces a quién leemos, a quién citamos. No ir siempre a los mismos tres marcos teóricos.
La crítica, por un lado, como contra algoritmo en el sentido de objetos y, por otro lado, como desconfianza de los discursos para leer esos objetos. Hay que estar muy pendientes en ambos campos. Y en el sentido de la crítica como producción, también pensaba la crítica como género literario. La crítica como ensayo, que tenga un estatuto que pueda estar en igualdad de condiciones con los libros que está pensando.
RC. Pensando un poco el acercamiento hacia las editoriales, a veces se hace un paneo general y se piensa que se está publicando más o menos lo mismo y se habla de lo mismo. Hacia principios de los 2000, aparecieron todas estas editoriales independientes que cambiaron un poco el paradigma de lo que se publicaba. Cuando los grandes grupos empezaron a comprar sellos en los 90, empezaron a aparecer nuevas voces, surgieron nuevas formas de lectura, nuevas formas de expresión. Pero más cerca en el tiempo lo que pasó con esas editoriales fue que empezaron a tener casi las mismas lógicas que Random House o Planeta. Y aparecieron otras que son ahora las editoriales artesanales, en las que están pasando cosas muy interesantes desde la experimentación formal hasta los mismos formatos de presentación del objeto libro. No solamente desde el punto de vista de lo que está escrito en los textos, sino desde la materialidad. Hay editoriales que utilizan QRs para hacer una especie de literatura expandida. Me parece que hay un contrapunto desde adentro.
Algo que me interesa es ese aparato crítico que tiene la misma editorial para intervenir en campo: las contratapas. Lejos de esta «tapa en contra» de la que hablaba Aira (que “toda contratapa es una tapa en contra”), me parece que la contratapa puede ser un objeto más o menos autónomo que puede empezar el diálogo para con el afuera. Hay un libro de Calasso muy lindo, Cien cartas a un desconocido, donde él junta todas sus contratapas de su editorial, y funcionan de manera autónoma. Uno puede haber leído el libro o no, pero sabe que ahí hay algo crítico, como mencionaba Milagros, que está operando, que está haciendo un efecto, una especie de Tlön que actúa sobre la realidad desde el interior de la producción. Desde el adentro viene algo seteado que irrumpe y se presenta como crítica dentro del mismo objeto libro. Es un espacio todavía por fuera de la algoritmización (no sé si existe esa expresión) o del algoritmo. Hay un espacio ahí que todavía no ha sido completamente cooptado por estos discursos habituales o por estas formas de hacer crítica.
EJN. Me causa gracia que algunas veces uno tiende a decir “yo tengo otra mirada», porque ¡es una mesa sobre crítica! Nos deberíamos estar tirando berenjenas por la cabeza. Bueno, me gustaría, si tienen alguna pregunta para hacer, aprovecharla.
Público. Un comentario, quizás, no sé si una pregunta. Se hace complejo, que todos se conozcan con todos. Quizás es algo recontra básico, pero da la sensación de que todo el tiempo hay una especie de temor. Pienso lo de los PDF, ¿se acuerdan? Esa gran novela de la pandemia. Parecía que había dos posturas, si no eras parte de alguna trinchera, quedabas algo así como un dato eliminable. Es complicado el hecho de que todos estemos tan expuestos al momento de esbozar una crítica o de hacer una crítica negativa. A la vez que no hay tiempo. Por qué voy a criticar algo que me parece una porquería si no tengo tiempo, mejor escribo sobre algo que me gusta. Hay una serie de factores dando vueltas que quizás damos por hecho pero son bastante clave. El hecho de que se identifique demasiado el yo con el yo del texto que está entrando en juego, y cuánto te va a dañar eso según qué hayas dicho. Qué puertas se cierran, qué puertas se abren. Es un circuito de lobby infinito del que es muy difícil correrse.
RC. Yo no sé si tengo algo para aportar ahí, pero algo que me llamó la atención de esa discusión de los PDFs fue una cosa que planteó Cabezón Cámara. Ella fue una especie de abanderada contra los PDFs, como si nunca hubiese utilizado un PDF en la Universidad, no hubiese leído nada en ese formato. Como si nunca uno después de leer algún libro que le gusta lo buscase para tenerlo como fetiche. Y ahí había algo, quizás de la crítica o quizás de la posición de ella como autora, que para mí no entendió. La propiedad de ella era el texto, no el libro. El libro es de la editorial, no es tuyo. Vos le cediste a la editorial tu material para que lo publique y ya empieza a ser de la editorial porque vos firmás y se lo cedés. Ahí me parece que había un problema de visión o de concepción de lo que es un texto, de lo que es una obra, de lo que es un libro, etcétera.
JSK. Pienso que lo que dice Damián también tiene que ver con esta idea de valor, que me parece que da para otra charla y discutirlo más. La discusión a mí me pareció bastante triste, la de los PDFs en ese momento. O banal. Pero esta idea de estar reproduciendo todo el tiempo estas lógicas, del a favor o en contra, me gusta, no me gusta. Además del narcisismo y de la cuestión yoica que aparece muy fuerte ahí, del que firma el texto. Es caer en la idea de que la crítica es decir si estoy de acuerdo o en desacuerdo, y en una lógica discursiva de guerra, que reproduce otras lógicas de grieta. Justamente esa lógica es la que la crítica tiene que poder diseminar. No solo no plantear decisiones en términos narcisistas, sino también no plantear este tipo de discusiones que implican solo dos alternativas. Y estar todo el tiempo reproduciendo ese juego. Eso tiene que ver con la idea de valor también.
EJN. Además vos hablabas de lo textual y creo que esos debates (ese y además el del Fondo Nacional de las Artes, acerca de por qué la poesía no estaba incluida en el concurso) discutían todo menos el texto. Era lo más alejado de la literatura posible: el PDF, la posibilidad o no de comercializar la mercancía libro, el pirateo y los concursos. Cada vez la crítica está más lejos de discutir un texto, un poema, una novela.
MP. No casualmente los dos debates que se nos vienen a la cabeza no son sobre textos, justamente porque son debates más fáciles de dar que sobre libros, autores y películas puntuales. Por el hecho de que nos conozcamos todos con todos. En el caso de la crítica literaria, capaz vas a criticar un libro (y criticarlo no es me gusta no me gusta, justamente; capaz vas a problematizar un aspecto de ese libro) y a la vez te interesaría publicar en esa editorial eventualmente. Entonces estás midiendo costos y beneficios, el debe y el haber. Me parece que deberíamos encontrar una manera de escribir críticamente, de problematizar objetos, que no lleve justamente a ese nivel de ruptura total, de enemistad total. Y a la vez una forma de leer esas problematizaciones de lo que une hace, por parte de la crítica, que no te lleve a odiar al otro como adversario. Hay un montón de movimientos para hacer que involucran a todos los agentes que forman parte del campo, para no caer en el todo o nada. No se puede decir nada o, si se dice algo, ya es el vacío y las consecuencias laborales.
EJN. Antes hablaba de la idea de la crítica como instancia pedagógica para los escritores, en ciernes y de todo tipo. Pienso ahora, a raíz de esto, que quizás una tarea por delante es una pedagogía de la crítica. Es decir, la crítica enseñándonos a leer crítica, en este campo arrasado en el que estamos.
Sábado 13 de septiembre de 2025.
En el Centro Cultural Leopoldo Marechal (Villa Tesei, Hurlingham).



