La reforma pone fin al esquema de seis días de trabajo por uno de descanso, sin reducción salarial. La iniciativa recibió el respaldo inesperado de Flávio Bolsonaro, rival del presidente brasileño en el balotaje del próximo 25 de octubre.

El Senado de Brasil aprobó este miércoles una reforma constitucional para reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, sin afectar los salarios y con la incorporación de un día adicional de descanso. La medida, impulsada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, representa uno de los principales compromisos de su campaña electoral y obtuvo respaldo legislativo a once días de la segunda vuelta presidencial, en la que enfrentará al candidato opositor Flávio Bolsonaro.
La propuesta busca terminar con el sistema conocido como “6×1”, que establece seis días de trabajo por uno de descanso. Según estimaciones sindicales, alrededor de 22 millones de trabajadores podrían beneficiarse con la modificación. Lula celebró la votación y la definió como una conquista histórica para quienes podrán disponer de más tiempo para descansar, compartir con sus familias y desarrollar actividades personales. El texto fue aprobado en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión del Senado.
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue el cambio de postura de Flávio Bolsonaro, quien inicialmente rechazaba la reforma y finalmente decidió acompañarla. El candidato del Partido Liberal emitió su voto de manera telemática mientras participaba de actividades de campaña en Porto Alegre. Su decisión facilitó el respaldo de otros legisladores opositores y provocó cuestionamientos del oficialismo, que puso en duda la continuidad de ese apoyo después de las elecciones.
La reducción de la jornada también generó diferencias entre representantes sindicales y sectores empresariales. Mientras las organizaciones de trabajadores destacaron el impacto positivo sobre las condiciones laborales, entidades patronales advirtieron sobre posibles aumentos de costos. La Federación de Comercio de São Paulo estimó que el costo de la hora trabajada podría incrementarse un 22% y planteó el riesgo de pérdida de hasta 1,2 millones de empleos. Desde el oficialismo cuestionaron esas proyecciones y señalaron que la reforma acerca a Brasil a los estándares laborales de países desarrollados.
La aprobación se produjo en la etapa final de una campaña presidencial marcada por la disputa entre Lula y Bolsonaro, que competirán en el balotaje del 25 de octubre. Algunos senadores opositores cuestionaron la rapidez del tratamiento y su coincidencia con el calendario electoral, mientras que el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó el alcance social de la medida. La votación constituyó un avance legislativo para la reforma, aunque su implementación dependerá de completar el procedimiento constitucional correspondiente.

