En su primera encíclica, Magnifica Humanitas, el Papa trazó un paralelo con la revolución industrial y reclamó límites éticos, laborales y ambientales para la Inteligencia Artificial. Cuestionó el uso bélico de los algoritmos, advirtió sobre el impacto en el empleo y pidió frenar la concentración tecnológica y financiera.

La primera encíclica de León XIV, titulada Magnifica Humanitas, se presentó este lunes con una advertencia central: la humanidad atraviesa una transformación tecnológica comparable a la de la Revolución Industrial y corre el riesgo de quedar subordinada a sistemas de Inteligencia Artificial cada vez más poderosos. El documento fue firmado en la misma fecha en que, en 1891, León XIII publicó la histórica Rerum Novarum, texto fundacional de la doctrina social de la Iglesia. Ahora, el nuevo pontífice retoma esa tradición para intervenir en los debates contemporáneos sobre trabajo, automatización, guerra y desigualdad. “Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien”, sostiene el texto.
La encíclica insiste en diferenciar la inteligencia humana de los sistemas artificiales. Aunque puedan “imitar lenguajes” o “simular empatía”, señala el Papa, las máquinas no viven experiencias, no conocen el dolor ni el amor y carecen de conciencia moral. En ese marco, León XIV cuestionó especialmente la incorporación de IA en el ámbito militar: “No existe algoritmo que pueda hacer moralmente aceptable la guerra”, afirma el documento, que rechaza delegar decisiones letales a sistemas automatizados y reclama acuerdos internacionales para limitar la carrera armamentística tecnológica. Durante la presentación participó Christopher Olah, investigador especializado en el funcionamiento interno de modelos de IA, quien admitió que los desarrolladores trabajan bajo fuertes tensiones entre los intereses corporativos y las implicancias éticas de estas tecnologías.
El texto también dedica amplios pasajes al impacto económico y social de la automatización. León XIV advirtió que la combinación entre robótica e IA podría provocar una reducción acelerada del empleo, con salarios cada vez más bajos para amplios sectores y enormes ganancias concentradas en una minoría altamente especializada. Por eso reclamó “medidas verificables de protección del empleo”, programas de recualificación laboral y nuevas regulaciones internacionales. Además, criticó la idea de que el mercado pueda autorregular por sí mismo el desarrollo tecnológico: “En la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la mano invisible del mercado”, sostiene. La encíclica cuestiona también la concentración de datos en pocas corporaciones, denuncia los riesgos de manipulación política y reclama normas claras para impedir que los algoritmos profundicen discriminaciones o erosionen libertades individuales.
León XIV incluyó además una advertencia ambiental sobre el costo energético y material de la Inteligencia Artificial, especialmente por el consumo de agua, emisiones y extracción de recursos estratégicos. En otro de los tramos más duros del documento, denunció las nuevas formas de explotación vinculadas a la economía tecnológica, desde el trabajo infantil en la obtención de tierras raras hasta las formas contemporáneas de precarización invisibilizadas detrás de los sistemas digitales. También cuestionó las corrientes “transhumanistas” que imaginan una humanidad fusionada con las máquinas y alertó sobre el riesgo de justificar desigualdades extremas en nombre del progreso. Frente a ese escenario, el Papa pidió “permanecer profundamente humanos” y defendió la necesidad de que la política, las leyes y las organizaciones sociales recuperen capacidad de intervención frente al poder creciente de las grandes plataformas tecnológicas.


