Hija de Rodolfo Walsh y hermana de Victoria, tenía 74 años. Como diputada nacional de Izquierda Unida impulsó en 2003 la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Hasta sus últimos años sostuvo la lucha por Memoria, Verdad y Justicia y participó como querellante y testigo en causas por delitos de lesa humanidad.

Patricia Walsh murió este jueves a los 74 años, luego de permanecer internada en la clínica Suizo Argentina por complicaciones respiratorias. Dirigente de izquierda, periodista y referente de los organismos de derechos humanos, construyó una trayectoria política atravesada por la historia de su familia y por la búsqueda de justicia frente a los crímenes de la última dictadura. Era hija del escritor y periodista Rodolfo Walsh, desaparecido en 1977, y hermana de Victoria, asesinada por las fuerzas represivas en 1976.
Su principal intervención institucional tuvo lugar durante su paso por la Cámara de Diputados, donde representó a Izquierda Unida entre 2001 y 2005. Desde allí promovió las iniciativas que llevaron a la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín y utilizadas durante años para garantizar la impunidad de los responsables del terrorismo de Estado. El 12 de agosto de 2003, Diputados aprobó el proyecto y el Senado completó el trámite once días después, en un paso decisivo para la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad.
Nacida en Buenos Aires en 1952, Patricia había comenzado a trabajar en periodismo a los 17 años. Pasó por la revista Gente y luego integró el diario Noticias, donde también trabajaba su padre. Militó en la Juventud Trabajadora Peronista y la Agrupación Evita, y después del golpe de Estado de 1976 fue despedida del INTI. La dictadura la golpeó directamente: su hermana Victoria murió durante un operativo militar en una vivienda de la calle Corro y, un día después de difundir su Carta Abierta a la Junta Militar, Rodolfo fue secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA. Nunca volvió a aparecer.
Con el regreso de la democracia, Patricia denunció ante la Conadep la desaparición de su padre y se incorporó a la militancia por los derechos humanos. En 1996 se sumó a HIJOS y, tres años más tarde, fue candidata presidencial por Izquierda Unida. También fue legisladora porteña entre 2007 y 2011 y participó durante años de las querellas en la megacausa ESMA. En mayo pasado declaró en el juicio por los crímenes cometidos en la calle Corro, donde reivindicó la militancia de su hermana y denunció la brutalidad del operativo en el que fue asesinada. «Estoy orgullosa de mi hermana y de mi padre porque lucharon contra la dictadura», sostuvo ante el tribunal. Y dejó una definición que sintetizó su recorrido político: «Un país sin justicia es un país sin futuro».


