A un año de los discursos de Javier Milei en Davos y de la respuesta en las calles, las disidencias sexuales convocan a movilizar el 7 de febrero. La protesta busca unificar reclamos frente al ajuste, el racismo y el retroceso en derechos.

La comunidad LGBTIQI+ convocó a una nueva Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista, que se realizará el 7 de febrero en distintos puntos del país. Será la segunda movilización de estas características durante el gobierno de Javier Milei y llega a un año de los ataques del Presidente en el Foro de Davos, cuando vinculó a la homosexualidad con la pedofilia y cargó contra los feminismos, la migración y lo que definió como “woke”.
El puntapié para la organización se dio el sábado pasado en una asamblea autoconvocada en el Parque Lezama, donde participaron disidencias sexuales, personas seropositivas, migrantes, comunidades afro, trabajadoras sexuales, jubilados y trabajadores de áreas públicas golpeadas por el ajuste. Más de 30 oradorxs tomaron la palabra para poner en común conflictos y demandas, con la intención de volver a articular una protesta transversal, como ocurrió en la multitudinaria marcha del año pasado.
Además de denunciar el desmantelamiento de políticas públicas, la violencia policial y la reforma laboral impulsada por el Gobierno, durante la asamblea también hubo pronunciamientos sobre conflictos internacionales, como el genocidio en Gaza y la injerencia de Estados Unidos en América Latina. Para la activista Marta Dillon, el encuentro expresó la capacidad del movimiento de “tejer alianzas y llenar las calles”, en articulación con otros sectores excluidos y perseguidos.
Desde el activismo travesti-trans y afro señalaron, además, la necesidad de profundizar una agenda antirracista dentro del propio movimiento. Marlene Wayar advirtió que el momento actual golpea con más fuerza a los sectores históricamente precarizados, mientras que Sandra Chagas subrayó que el racismo estructural sigue operando incluso en espacios de diversidad sexual. En los próximos días habrá una nueva asamblea en plaza Garay para definir actividades previas y consensuar una consigna común, que por ahora empieza a sintetizarse en una frase: “Acá no sobra nadie. Ninguna vida es descartable”.


