Teherán reclamó el levantamiento de las sanciones económicas y el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz para avanzar en un acuerdo con Washington. La Casa Blanca consideró “inaceptable” la respuesta iraní y advirtió sobre una posible ruptura de la tregua.

La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar luego de que Donald Trump rechazara la contrapropuesta presentada por Teherán en el marco de las negociaciones para poner fin al conflicto abierto desde febrero. El gobierno iraní exigió el levantamiento de las sanciones económicas, la liberación de sus exportaciones de petróleo y el reconocimiento de su control sobre el estratégico estrecho de Ormuz como condiciones para avanzar hacia un acuerdo de paz con Washington.
Según fuentes diplomáticas citadas por la agencia iraní Tasnim, la propuesta también incluía garantías sobre el manejo del estrecho —uno de los corredores energéticos más importantes del mundo— y una cláusula vinculada a un alto el fuego en Líbano, considerada una “línea roja” para la República Islámica. La negociación continúa bajo mediación de Pakistán, mientras Estados Unidos evalúa si mantiene la tregua iniciada el 8 de abril o retoma las hostilidades ante la falta de avances sobre el programa nuclear iraní.
Trump reaccionó con dureza a la respuesta iraní. A través de Truth Social, calificó de “totalmente inaceptable” la postura de Teherán y acusó al régimen iraní de haber “golpeado” a Estados Unidos durante décadas. El mandatario también volvió a cargar contra Barack Obama y Joe Biden, a quienes responsabilizó de haber fortalecido económicamente a Irán en los últimos años. “Ya no se reirán más”, escribió el presidente republicano en uno de sus mensajes.
En paralelo, Irán endureció su discurso frente a Europa y advirtió que responderá al despliegue de buques militares franceses y británicos cerca del estrecho de Ormuz. El viceministro de Exteriores, Kazem Garibabadi, sostuvo que únicamente la República Islámica puede garantizar la seguridad en la zona y denunció que la presencia de fuerzas “extrarregionales” constituye una escalada militar. Poco después, el Ejército iraní aseguró que cualquier país que acompañe las sanciones estadounidenses enfrentará dificultades para atravesar el estrecho.
Las autoridades iraníes afirmaron además que establecieron un “nuevo sistema jurídico y de seguridad” sobre Ormuz y remarcaron que toda embarcación deberá coordinar su tránsito con Teherán. El portavoz militar Mohammad Akraminia definió el control iraní como “fundamental y estratégico” y aseguró que la medida podría neutralizar parte del impacto de las sanciones impuestas por Washington.
Mientras tanto, la guerra ya empieza a sentirse dentro de Estados Unidos. La Casa Blanca analiza suspender temporalmente el impuesto federal a los combustibles para contener la suba del precio de la nafta, que aumentó más de un 50 por ciento desde el inicio del conflicto. Según datos de la asociación automovilística AAA, el promedio nacional alcanzó los 4,52 dólares por galón. Una encuesta del Washington Post mostró además que millones de estadounidenses redujeron viajes, limitaron gastos y modificaron hábitos cotidianos por el impacto de la crisis energética.


