El ensayista e historiador falleció este lunes a los 90 años. Fue un constante cuestionador de las versiones oficiales del pasado argentino y dedicó gran parte de su obra a recuperar figuras y procesos vinculados con los sectores populares.

Norberto Galasso murió este lunes por la mañana, a los 90 años, en su casa. Contador público de formación e historiador por vocación, construyó durante décadas una obra dedicada a discutir las versiones tradicionales de la historia argentina y a recuperar a los protagonistas que, según su mirada, habían quedado relegados por los relatos oficiales.
Nacido en Buenos Aires el 28 de julio de 1936, estudió Ciencias Económicas en la UBA y se recibió de contador público. Su militancia política comenzó en la izquierda: durante los años 60 integró el Partido Socialista de la Izquierda Nacional, conducido por Jorge Abelardo Ramos. Con el tiempo, su acercamiento al peronismo y a las corrientes nacionales y populares modificó su perspectiva política e histórica.
A lo largo de su trayectoria publicó cerca de cuarenta libros y escribió sobre algunas de las figuras centrales de la cultura y la política argentina, entre ellas Atahualpa Yupanqui, Leonardo Favio, Enrique Santos Discépolo, John William Cooke y Juan José Hernández Arregui. También ocupó el cargo de síndico de Eudeba durante los años 70, cuando Arturo Jauretche se desempeñaba como editor.
Su concepción de la historia quedó sintetizada en una anécdota que contó durante un homenaje en el Instituto Patria. Cuando era joven había buscado a un obrero socialista en una fábrica cercana a su casa, convencido por lo que había leído en los libros de que los trabajadores debían ser socialistas. El trabajador le respondió que los libros podían decir cosas que la vida contradecía. Para Galasso, aquella conversación fue una de sus primeras lecciones políticas.
Esa tensión entre los libros y la experiencia concreta atravesó toda su obra. Galasso cuestionó especialmente el lugar otorgado por la historiografía tradicional a figuras como Bernardino Rivadavia y Bartolomé Mitre, mientras buscó recuperar a quienes consideraba protagonistas olvidados de los procesos nacionales y populares.
“En la Revolución de Mayo aparecen el sector revolucionario y el sector contrarrevolucionario”, escribió en su última columna para Tiempo Argentino, publicada en mayo de 2022. Allí sostenía que muchos de los revolucionarios habían sido “olvidados, ignorados, tapados en el silencio”, mientras que las élites habían conservado el poder durante buena parte de la historia argentina.
Galasso también fue un colaborador habitual de Tiempo Argentino. En una entrevista con este diario había sintetizado su mirada sobre la historia argentina al cuestionar que el peronismo hubiera recuperado a San Martín y la idea de Patria Grande, pero dejado intacto el lugar de otros personajes que él consideraba ligados a los intereses de las élites y las potencias extranjeras.
Su muerte deja, además de una extensa obra, una forma particular de leer el pasado argentino: buscar en la historia aquello que los relatos dominantes habían dejado afuera. Un trabajo que convirtió a Galasso en uno de los historiadores más reconocibles de la corriente nacional y popular.


