El repartidor de comida como posición de lectura del presente. Tiempo, mecanismos, lenguaje, mercancía, sometidos a los mismos mecanismos de circulación. Los poemas de Martín Massa (La Plata, 1977) se preguntan por la lengua del trabajo precarizado y sus formas de representación. La obsesión del espacio del poema. Una indagación sobre la forma.
Alguien sale por la puerta del súper con bolsas
mira a los costados
somos once dispersos en las 4 esquinas
atentos, el celular en la mano
un rayo torcido de la rueda
marca la hora en que las luces de la calle
se prenden automáticamente
no entran más pedidos
ni angustia, ni ansiedad
solo el frío concentrado
en la composición de la campera roja
52 % sintético
48 % polyester
para nada desconectada
de este viento cruzado
donde todo parece fuera de escuadra;
anoto: la frialdad de la historia en la frialdad del cuerpo,
borro la palabra manifiesto
qué pretencioso
si dijera eso
sería volver a qué?
no hay vueltas
más bien repeticiones
una lengua sin cuerpo
desacreditada
el orden de las cosas
expuesto en una vidriera
nadie se hace cargo del tiempo muerto
que echa raíz en este contorno
las colillas de cigarrillos en el piso
la bacha de la cocina
el inodoro
un continuo de fuego apagado
en la arena que duerme debajo del adoquinado
por donde ahora pasa el micro
que hace dos días pisó a uno de los nuestros
pero no derivemos el pensamiento
los noticieros de la noche
no van a decir nada
y el párrafo que empiezo compañerxs
después de haber roto la ficha de afiliación
es mi único acto en primera persona de este día
pedalear
para llevar 200 de jamón
un pan lactal
un yogurt descremado Ser.
*
Como si fuera la relación
entre la música
las promesas de bienestar
la economía, no sé
partes de algo
que nos va formateando
un chirrido a intervalos constantes me distrae
el ruido de los eslabones de la cadena
la sombra de una figura estirada en la ventana
las ruedas redondas de una bicicleta
y ese cuadrado en la espalda
como si cargara una ciudad, sus edificios
dorados, brillantes, meritorios
casi que puedo sentir el olor
que despide la tracción a sangre
ese chico va a enfermar
y morir solo
igual que aquel otro
que compró a través de una aplicación
y ahora espera alguna cosa que viaja en bicicleta
junto con el chirrido constante de las pujas laborales
dando vueltas en círculo
como el loop de una canción desafinada
certificando un estado de cosas
que de antemano sabemos fallidas.
*
No es que no hayamos aprendido nada
me transpiran las manos de pensar en el sentido común
y todavía no me convertí en valor de uso
el esfuerzo, el mérito
qué les puedo decir
de la forma no queda nada
es todo php, html
las tarifas son las más competitivas del mercado
nosotrxs transpiramos
y ellos ganan la plata
si tenés tiempo libre
querés hacer unos mangos extra
o estás desempleado
podés vender tu fuerza de trabajo
la respuesta está flotando en el viento
y yo no me puedo sacar el gusto amargo de la boca.
Anoto: Un día de un obrero virtual
es un día del mundo?
*
No, no deberíamos ser apacibles
leo esa frase en un poema de hace 20 años
una reimpresión en papel blanco
de un gramaje tan fino que trasluce la tinta
subrayo apacibles
pienso que cortar el día es una intimidad con esa palabra
anoto: no pensar las cosas como fijas
a vos te entusiasma la idea de ser tu propio jefe, los horarios flexibles
la oportunidad de conocer tu ciudad repartiendo al aire libre
a mí me asalta la distancia que nos separa desde el principio
y el ansia de empezar un piquete solo para hacer un puente
asociando con ingenuidad cosas que parecen aisladas
creo que en algún momento tendremos que hablar de economía simbólica
no sé si es el contenido o la estructura lo que nos va separando
no sé quiénes manejan las variables de ese mercado
ni en qué momento nos impusieron este lenguaje
nos miramos pensando un poco mal uno del otro
alguien gana dinero
cuando hay sangre en las calles
pongo esa canción de Tom Waits
para cuidarnos de algo más grande
miro la palabra apacibles subrayada
y vos hablas de irnos de viaje
aunque querés decir: huyamos;
el sol brinda un último resplandor sobre las fachadas
una pálida nostalgia amarilla
siento el aire seco, áspero
entonces te digo que así podríamos dar la vuelta al mundo
sin saber qué es arriba, qué abajo
girando como un canto rodado
que no percibe la erosión, el desgaste
el agua correntosa de estos tiempos
tan solo carne y motor
pedaleando en falso
lo digo no para construir angustias
sino para volver a ese momento
cuando nos silenció la floración de un aromo
y nos detuvimos a observar.
*
Lo primero que duele es el tiempo
antes incluso que las piernas
no el tiempo sino su uso
la palabra tiempo en la boca de otrxs
nos convierte
en un sólido objeto de arrastre
quieto
viendo cómo lo único que se mueve es la sombra
hay quien espera
escuchando una canción
y quien desespera pedaleando
por llegar lo antes posible
para no tener que pagar
lo que otrx consume
somos eso
materia llevando
tiempo e ingresos
esas son las variables que nos diferencian
estamos hablando de algoritmos?
hablamos de cómo las oligarquías se roban los diccionarios
intento descifrar tu gramática
veo tus labios moverse
pienso en lo que instauran
me miro en el espejo
muevo los labios
un sujeto tácito
con un lenguaje que no le pertenece
entregamos con amor, dice la caja
ahí fue cuando empezamos a hablar de violencia.
*
Nunca el éxito fue algo tan fácil
dejamos de formularnos reproches
y esa rara sensación de vergüenza
si la rueda sigue así
dando estas vueltas perfectas
vamos a llegar al éxito
así fue como entramos en el tiempo
ahora esperamos pedidos
en la puerta del Burguer
esa es nuestra realidad histórica
de domingo al mediodía
qué será de lxs niñxs que fuimos?
tranquilo, decís
el mercado se regula solo
lo leí en una pared el otro día
y lo que siento en realidad es que estoy frente a un espejo
viendo al primer cadáver de mi vida
de qué se compone lo que quiero?
sabés qué pasa
que volvimos a correr de nuevo esa línea
y el cielo nos queda cada vez más lejos
que este idioma
está hecho de palabras que anulan
y que se nos hace tarde
tarde en todo
para siempre.
*
Retacear información es
la música de este tiempo
el cuerpo afectado
por palabras sacudidas
como si fueran ellas mismas la piel de un tambor
que es la propia piel
de quien habla.
*
Sinteticemos
hagamos de todo esto
un solo idioma
el plagio está implícito en el progreso
toda esa homogeneidad
toda esa repetición
el advenimiento del ruido
a través de los instrumentos técnicos
pocas chances tiene
el obrero que no conoce las máquinas:
o las quema o les toca la gramática
superponer, juntar
reordenar la avería
insistir
el fallo de la máquina
el fin de la transmisión.
Los espacios en blanco entre las letras
prestar atención ahí
tocar la gramática
donde parece no pasar nada
luces y sombras
organizan
esos mínimos espacios
hay cuerpos físicos
tomados en esos intervalos
no están en la lengua
sino en esos espacios mudos entre signos
expandirlos al infinito para que solo haya vacío
o
suprimirlos
tantas veces
hasta lograr una mancha informe, ilegible

anoto: el espacio también es una propiedad del lenguaje

Martín Massa nació en la ciudad de La Plata, Buenos Aires. Es Licenciado en Comunicación Social (UNLP) y gestor cultural. Publicó los libros Lo que queda de música entre los árboles (Malisia, 2015), Nada nos confundirá con ese blanco (Malisia, 2018), La casa desconocida (Malisia, 2018) y participó de las antologías Morder el aire – antología poética (La Grieta, 2018) y Pangea. Movimientos térmicos 22/23 – (Caleta Olivia, 2023). Actualmente codirige Ciudad de poetas, el ciclo de poesía y música de la Municipalidad de La Plata.


