Tenía 90 años y fue una figura central en la búsqueda de niños apropiados durante la dictadura. En 1984 consiguió la restitución de Paula Logares, en el primer caso judicial que utilizó el denominado índice de abuelidad para acreditar un vínculo familiar.

Elsa Pavón, histórica referente de Abuelas de Plaza de Mayo y una de las pioneras en la búsqueda de nietos apropiados durante la última dictadura, murió este jueves en La Plata a los 90 años. Psicóloga social, dedicó casi cinco décadas a la lucha por los derechos humanos, desde que el secuestro de su hija y la desaparición de su yerno la llevaron a buscar a su nieta, Paula Logares, apropiada cuando tenía apenas 23 meses.
Su historia quedó ligada a uno de los avances más importantes en la restitución de identidades. El 13 de diciembre de 1984, Paula recuperó su identidad mediante una resolución judicial respaldada por un estudio genético que permitió demostrar su filiación biológica. Fue la primera restitución judicial de una niña apropiada durante el terrorismo de Estado en la que se utilizó el llamado índice de abuelidad, una herramienta científica que abrió un camino decisivo para la búsqueda de los nietos y nietas desaparecidos.
La búsqueda había comenzado seis años antes. El 18 de mayo de 1978, su hija Mónica Grinspon, su pareja Claudio Logares y la pequeña Paula fueron secuestrados en Montevideo, adonde se habían exiliado. En el marco del Plan Cóndor, los tres fueron trasladados clandestinamente a la Argentina y pasaron por distintos centros de detención de la provincia de Buenos Aires. Mónica y Claudio permanecen desaparecidos, mientras que la niña fue apropiada por el entonces subcomisario de la Policía bonaerense Rubén Lavallén y su esposa. En su recorrido por comisarías y orfanatos, Elsa conoció a María Isabel «Chicha» Chorobik de Mariani y a otras mujeres que buscaban a sus nietos. Juntas fueron parte de los primeros pasos de Abuelas de Plaza de Mayo. También impulsaron la Asociación Anahí, dedicada a preservar la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.
La recuperación de Paula no puso fin a su compromiso. Pavón presidió la Asociación Anahí y continuó acompañando la búsqueda de los niños y niñas apropiados, además de recorrer escuelas y bibliotecas para transmitir esa historia a las nuevas generaciones. Desde la organización la despidieron como una referente fundamental de los derechos humanos: «Su fuerza y determinación abrieron caminos históricos en la lucha por la verdad, la memoria y la justicia». También recordaron que hasta pocas semanas antes de su muerte seguía compartiendo lecturas, encuentros y actividades con jóvenes. Su legado quedó unido a una conquista que trascendió su propia historia familiar: demostrar que la identidad puede recuperarse y que la búsqueda no debe detenerse.


