Un boleto mínimo en el conurbano equivale a 41 minutos de trabajo para quien cobra el haber básico, apenas por debajo de los 43 minutos que demanda en la ciudad brasileña. Desde la llegada de Milei al Gobierno, las tarifas aumentaron más de 2.100%, mientras que el salario mínimo subió apenas 160%.

El costo del transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ubica entre los más altos de América Latina cuando se lo mide en relación con los ingresos de los trabajadores. Según un relevamiento de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), un empleado que percibe el salario mínimo necesita destinar 41 minutos de su jornada laboral para pagar un boleto de colectivo en el conurbano bonaerense. La cifra coloca al AMBA apenas por debajo de San Pablo, donde el mismo gasto representa 43 minutos de trabajo.
La comparación expone el efecto combinado de los tarifazos y el deterioro de los ingresos. Desde diciembre de 2023, cuando Javier Milei asumió la Presidencia, el transporte público en el conurbano acumuló un incremento superior al 2.100%, mientras que el salario mínimo avanzó apenas 160%. A esto se suma que, en los últimos doce meses, el haber básico aumentó un 19%, frente a una inflación interanual cercana al 33%.
El informe de AAETA también permite dimensionar las diferencias con otras capitales de la región. En Lima, el boleto más económico representa 38 minutos de trabajo al salario mínimo; en Bogotá, 26; en Montevideo, 25; en Santiago de Chile, 16; y en Quito, apenas 10. Córdoba y Rosario presentan una situación todavía más desfavorable: allí el viaje demanda 66 minutos del ingreso mínimo.
Tres tarifas para viajar por el AMBA
El costo tampoco es uniforme dentro del área metropolitana. Las líneas que circulan exclusivamente por la Ciudad de Buenos Aires requieren 28 minutos de trabajo para pagar el boleto mínimo, mientras que en los recorridos interjurisdiccionales, que conectan la Provincia con la Capital y están bajo supervisión nacional, la proporción baja a 23 minutos. En el conurbano, en cambio, trepa a 41. La carga es todavía mayor para quienes necesitan combinar varios medios de transporte para llegar a sus empleos.
La brecha tarifaria se profundizó después de que el Gobierno nacional restringiera las compensaciones a las líneas que atraviesan más de una jurisdicción y trasladara a la Ciudad y a la Provincia la responsabilidad de sostener los restantes servicios. Actualmente conviven tres tarifas mínimas: $742,81 para las líneas nacionales, $956,69 para las porteñas y $1.276,06 para las provinciales.
La presión sobre los pasajeros contrasta, además, con los costos operativos del sistema. AAETA calcula que el valor técnico del boleto —el costo total del servicio dividido por la cantidad de usuarios— asciende a $2.494. Alcanzar ese monto sin subsidios implicaría duplicar o incluso triplicar las tarifas vigentes, según el tipo de recorrido. Pero los aumentos ya aplicados tuvieron consecuencias sobre la demanda: de acuerdo con la cámara empresaria, la cantidad de pasajeros en días hábiles cayó un 13%.
Del otro lado de la ecuación, el salario mínimo de noviembre quedó establecido en $398.800 para los trabajadores mensualizados, mientras que el valor mínimo por hora para los jornalizados es de $1.994. El ingreso mensual representa apenas una cuarta parte de la canasta básica total que determina la línea de pobreza. Así, viajar al trabajo se convirtió en otro de los gastos que golpean con mayor fuerza a quienes tienen los ingresos más bajos.


