El giro de grandes empresas hacia la importación ya muestra números concretos: productos con sobreprecios de hasta cinco veces, miles de despidos y una industria que opera a la mitad de su capacidad.

El proceso de apertura comercial impulsado por el gobierno nacional empieza a reflejarse en datos duros: empresas que dejan de producir en el país para importar bienes terminados a bajo costo y venderlos con márgenes extraordinarios. Los ejemplos son elocuentes. Un termo de acero que ingresa al país a 8.178 pesos se comercializa a 44.000, mientras que zapatillas importadas por 26.790 pesos llegan al público a 100.000. En alimentos, un paquete de galletitas con costo de importación de 521 pesos se vende a 2.164. La lógica se repite: bajos costos externos, precios internos elevados y caída del empleo local.
El impacto sobre el trabajo ya es visible. Mondelez suspendió a 2.300 operarios, Adidas cerró su planta y desvinculó a 360 trabajadores, Whirlpool dejó en la calle a 300 empleados y Lumilagro recortó 170 puestos antes de volcarse a la importación. En paralelo, las importaciones crecen: la participación de bienes traídos del exterior en algunas compañías pasó del 16 al 25 por ciento, mientras que sectores como electrodomésticos incrementaron el ingreso de unidades desde 52 mil en 2023 a 88 mil en 2025. Incluso en el sector automotor, se registraron compras por 44 millones de dólares en apenas dos meses.
El retroceso industrial también se refleja en los indicadores oficiales. En febrero de 2026, la industria utilizó solo el 54,6 por ciento de su capacidad instalada, por debajo del 58,6 por ciento del año anterior. Algunos sectores están en niveles críticos: metalmecánica al 33,9 por ciento y automotriz al 38,9. La producción se desploma —con caídas del 37,7 por ciento en maquinaria agropecuaria y del 38 por ciento en electrodomésticos— mientras los salarios pierden contra la inflación: subieron 2,4 por ciento frente a un 2,9 por ciento de aumento de precios. El resultado es un círculo que se retroalimenta: menos producción, menos empleo y menor poder de compra, en un esquema donde la rentabilidad empresaria crece a costa del mercado interno y la capacidad industrial.


