El hermano del rey británico fue arrestado bajo sospecha de mala conducta en funciones públicas y quedó en libertad mientras continúa la investigación. El episodio reavivó el impacto político del escándalo vinculado a Jeffrey Epstein.

El expríncipe británico Prince Andrew recuperó la libertad luego de permanecer más de once horas detenido por la policía del Valle del Támesis, que lo investiga por presunta mala conducta en el ejercicio de funciones públicas durante su etapa como enviado comercial. El arresto se produjo en la residencia de Sandringham, en Norfolk, y forma parte de una serie de pesquisas abiertas en el Reino Unido por las conexiones locales del empresario estadounidense Jeffrey Epstein.
Las autoridades informaron que el exduque de York quedó en libertad “bajo investigación”, figura que permite continuar con las pesquisas sin imputación formal inmediata. El delito por el que se lo indaga —mala conducta en cargo público— contempla penas severas en el sistema judicial británico y refiere a abusos deliberados o negligencias graves en el ejercicio de responsabilidades oficiales. Las búsquedas policiales vinculadas al caso en Norfolk ya concluyeron, aunque otras investigaciones siguen abiertas.
El episodio generó repercusiones internacionales y volvió a poner presión sobre la familia real encabezada por Charles III. Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump calificó el hecho como “triste” y consideró que el caso podría afectar a la monarquía británica. Andrés siempre negó haber cometido irregularidades, mientras que distintas fuerzas policiales continúan revisando posibles vínculos entre el entramado de Epstein y figuras públicas del Reino Unido.


