Literatura. La mezcla de registros, la saturación antilírica. Una sintaxis sinuosa, encabalgada. En los poemas del chileno Juan Manuel Silva Barandica (Mendoza, 1982), todos los discursos (la teoría, la anécdota familiar, la política, los cantos de cancha) se reducen al ruido y a la confusión. Las fallas de un lenguaje que no termina de decir.
Ala de mosca
Hoy por la mañana, mientras pensaba
en lo que tendría que hacer durante el día:
cómo hablarle a una audiencia
sobre la política de las formas en la poesía,
me asaltó un zumbido translúcido y fino
como dicen que es la vitamina de Bolívar,
o cierta, al menos, como las alas de mosca,
de dos moscas, de dos moscas enamoradas
que abrasadas en el vuelo caían y se elevaban
y volvían a caer,
y a levantar el vuelo
y otra vez
a caer.
En eso me molesté,
tomé el viejo aspersor
y les di brisa y rocío de silencio,
mientras ellas dos, o ellos, se abrazaban
en el vuelo y caían y se alzaban,
y el veneno cubrió su amor,
y en mí apareció otra pregunta,
que les dejo para su reflexión:
¿qué mejor momento que aquel
en el que los dos
nos encontramos
en la fiesta
en el amor,
para irnos de ella
de las vitaminas
de las alas
de las moscas
y del amor?
De cuando cortaste mi cabello como una sopaipilla
A veces, cuando paso por la estación Vicente Valdés
vuelve mi tiempo de profe en el Chilean Eagles College
y pienso en qué será de las tías, los viejos y los chiquillos.
A uno, hace siglos, me lo topé esperando la micro
hacia el Cajón del Maipo; tampoco fue para tanto
pero nos rodeó un piño de hijos del pico y justo cuando
nos iban a rajar el paño, rajó el paño de esa gris mañana
un chiflido de esos que pegaba mi viejo, ese man santo.
Y reconocí al más malilla del octavo C, un morocho
de dientes redondos y blancos: nos dejó tomar la micro;
recuerdo que tenía la mano pesada y hablaba poco y nada;
pero era uno de esos que escuchaba, como cuando les dije
que fueran a San Diego La Odisea y no sabían dónde era.
Por las rechuchas: uno se transforma en su padre
sin necesidad de tener hijos, creo, me dijo mi papá,
que se fue con los calores de fin de año, un año de estos.
Bueno, en ese tiempo me quejaba caleta, casi por todo:
por esa casa, por mi familia, por sus besos, por la comida.
Más corto que cogote de almeja
No todo quien dice ser especial lo es.
El completo, por ejemplo, para serlo
carece de una relación de identidad
entre el signo, el ícono y el concepto.
Un lenguaje único cobra y come más
que el que canta en la galería rival.
¿Quiso o quisiste? Cualquiera, en realidad.
Hasta de un agujero negro sale algo, Lavoisier.
El fuego lee cada hoja y se va por las ramas
y se disipa el símbolo y otros posibles sentidos.
Tampoco digo que sea literal. Esto es otra cosa.
Es lo usual en el tarot de los días, una carta más.
Dices “basta”, muchos “no” y “fin”. Mejor di que sí.
Holanda-Escocia, 1978
Recuerdo al buen Robert, un amigo escocés
llegar a la venta de Juan Palomeque
el Zurdo, con su mochila llena de sueños,
para celebrar again el Saint Patrick´s Day.
Eran varias Bálticas de litro: “Es la verdad”,
me dijo, y yo le conté que Elisa, mi mamá
en el Estadio Mundialista de Mendoza
el año 1978 vio a la selección escocesa
ganarle a la Naranja Mecánica. “Las Malvinas
son argentinas”, gritaba alegre y beodo.
Compartimos los viejos sones de la cerveza:
The Dubliners, The Pogues y el buen Shane
Macgowan en la voz de Esther, la irlandesa,
que de pronto reemplazó el coro de un temón
en un inglés más raro que huevo con cejas
como lo hacía y lo hace mi madre a las risas:
¡INGLATERRA ES UNA MIERDA!
¡INGLATERRA ES UNA MIERDA!
¡INGLATERRA ES UNA MIERDA!
T.C. 2000
La parte de tu nacimiento
está vacía en mi agenda, amigo.
Así que aquí voy a escribir este
poema que espero no te moleste
tres años después. Después
no importa, dicen, pero quise
decirte, amigo, que después
de este día no sé muy bien.
Quién, cómo, por qué, amigo
principalmente por qué.
Pero, amigo, dejemos las preguntas
para el final.
Quería que supieras —o no—,
quería que alguna vez quedara
escrito que mi amigo T. está en
este lugar. Respira las flores
y el polen en la arena y es el viento
está en esas palabras que dijimos
esa vez, a la pasada.
Amigo, ya va a pasar.
Y pasamos, amigo
Y pasaremos.
Y nos van a pasar.

Juan Manuel Silva Barandica (Mendoza, 1982) es licenciado, magíster y doctor en Literatura Chilena por la Universidad de Chile. Ha ganado el Premio Mejores Obras Literarias inéditas, el año 2013 en poesía, por el libro Casimir. Italia 90, su primera novela, publicada originalmente por La Calabaza del Diablo en 2015, es reeditada el 2021 por Banda Propia editoras. Ha publicado, además, los libros de poesía Cetrería (Piedra de Sol, 2011), Trasandino (La Calabaza del Diablo, 2012), Casimir (La Calabaza del Diablo, 2014), Ornitomancia (Bastante, 2017), Exterminio (Komorebi, 2019), Apiachere (La Calabaza del Diablo, 2023), Sanatas (Lautino Rosa, 2024) y Revoluciones (Tadeys, 2024). Tradujo los libros La roca, de Wallace Stevens (La Calabaza del Diablo, 2014); Amistad, amor y matrimonio, de Henry David Thoreau (Montacerdos, 2019) y Los lenguajes mueren como los ríos, de Carl Sandburg (UACh, 2021). Fundó junto a Luis López-Aliaga y Diego Zúñiga la editorial Montacerdos el año 2013 y actualmente es editor de Editorial Planeta en Chile.


