Un motor asmático que rumia; una atmósfera mental. Los poemas de Sergio Taglia (Neuquén, 1975) indagan la distancia entre la vida y las formas que usamos para representarla. Versos largos, como sucedáneos del pensamiento, que en medio del ruido del presente buscan un ritmo propio, aprenden a respirar.
El capote.
El extraer información sin que el otro se entere será pecado capital
no como en lugares en que un ojo atento espía
sino en una conversación en que se ataja una pregunta y se formula su respuesta
inatenta y destrozada.
El 90% de los intelectuales así lo hace
también llaman conquista a lo que es un logro fortuito o un esfuerzo sin interés por parte del inútil.
El 90% de esa información extraída es desaprovechada en charlas que ni siquiera son absurdas
pero el 10% restante sirve para hundir a los idiotas, para explotar a los explotables;
estos intelectuales no son hologramas de la mente deshecha
sino extensión y grito de ese silencio
de ese dolor en el que ellos la sumergen.
Pero los humillados a los que un fantasma besa
les hace padecer su brillo y les obliga a quedarse fijos
a tirar sus dardos solo contra aquellos que no pueden defenderse
a verse respetables a los costados del lugar donde se come y se toma
a quedarse fijos sin control de su forma verbal del singular
a lamentarse por mover su mano sobre una hoja
en blanco
el color es algo que dejaron lejos de sus lenguas
y ahora deben ser veladores de una vejez que no les llega
de una juventud que no les reza no les mira ni les nombra.
La tarea.
Para alimentar el ego, la codicia, y la ambición de caridad de las personas
se crea el aparato simpático
las herramientas de prohibición no son rozadas por quienes lamen la prohibición
su cielo particular del que alquilaron una parte antes de alimentarse.
Inútil decirles que no hay ojos ni visiones después de la calma
a través de notas intentarán indicar que no es así.
Juntas y lisas vendrán un día a tu puerta, a cualquier puerta
y charlarán abiertamente de lo que les pasa
quizás digan qué voy a hacer en esta ciudad donde solo veo esquinas y cemento
o: voy a encontrar algún desorientado que me preserve algún desbocado.
Debajo del sonido de sus voces se armará otro sonido
y saldrán veinte o treinta bloques de sílabas aisladas
que buscarán sin embargo ser albergadas por un mundo.
Transitorio informe cerco de relieves y planicies
descansa ese mundo detrás de número de frases,
fijo en lo que tiene duración de otra manera
su masa y su volumen de universo flotan
pero ese es otro tema dicen, nutramos este con nuestra apreciación.
Charles Gayle toca en el oído de Marcos S.
La estática asquerosa de los semáforos en la noche
tiene que haberla percibido Gayle
y también la suspensión filtrada de los pactos
En ese choque se colocó entre el laberinto de sus calles
aunque esas calles hubiesen sido rectas y cuadradas
terminan siendo un laberinto va sintiendo Gayle
caminar por ellas es entrar en la desesperación de quien conoce que nació
de quien sabe lo que una frente sintetiza
Charles Gayle camina al mediodía por las calles de su ciudad norteña y sureña
sobre el oído dibujado sintomático y licuado de los objetos
hacia una tarde que se destila áspera
queriendo sellar su historia su vida las manos que lo tienen agarrado del cartel de pare
yo quería significarme en el uso del sendero dice
la ciudad estaba hecha de un formato antiguo para mí
pre-adolescente
por instancias iba recorriendo esquinas
podía codearme con la gente sin dejar de tocar
ahora solo puedo sugerir
con el apoyo que dan las vísceras de tu esqueleto
Toca en el oído de Marcos y le dice: cómo he llegado a ser una persona tan limitada
quise hacer 18 notas a la vez y fueron eso
miro a los que me dan explicaciones que no tengo.
Lanza oxígeno a través de un cilindro metálico asfixiante
a través de un tubo un túnel hecho debajo de las rutas siniestras
En el sentido de explorar sus colores
aquellos que en sus dedos están puestos
bueno, es un explorador simultáneo con otras gentes
Desde un centro de rehabilitación que funciona en su cabeza
Cuando termine, tendrá su cuerpo descubierto
el mismo que conoce. Ahora lo ve nuevo
lo ve a través de la luz neutra de un momento de los días
Charles Gayle dice a Marcos, con el aire que en los ojos tiene: mirá por la ventana, decime si los árboles y las plantas crecen
Los manipuladores.
Siempre lograrán no llorar.
Si al abrir una puerta se encontraran al pasar con la cara de alguien
y ese alguien también los mirara así, no disfrutarán del momento
solo querrán ejercer su oficio
soltar palabras para convencer
gestos para delinear la próxima conducta
que deberá estar de acuerdo con sus coyunturas.
Incapaces de esperar sentados a que la realidad tome una decisión
incapaces de trabajar con el material que se les pone a mano
desean que otros lo realicen, y en esa realización, en ese contemplarla
practican el rumor y el comentario, anulan las visiones sin frontera.
Y mientras, sus víctimas
se vaciarán a base de abismos
se perfeccionarán en especular contra la pared
cualquier pared
aunque para eso tengan que inventarse una.
Y mientras, estos seres manipulables mirarán de reojo
cualquier actitud que les sumerja
entre las alas de beneficio de sus jefes, rasante,
y los de arriba entonces, los del título, regresarán por esto a su paz
a su mundo subterráneo con huecos de hidratación y oxígeno
a su cámara aséptica para todo sentimiento y la justeza
-sin lugares encontrados- de la expresividad.
Pisarán el esqueleto lustrado por tanto uso
pisarán los huesos de esos condenados que ajustaron a su no placer y a su grito de victoria
los seres marchitos por el oleaje
coincidencias claras de su invectiva.
Somos vos y somos yo, que manipulamos también nuestras rejas.
Desear de Saer.
Es desear de Saer tener metáforas metalúrgicas*
construir paradojas directas
como la del narrar de sus versos
o aquella de un Borges novelista
Es desear de Saer reivindicar un sindicato de artefactos-objetos
que puedan defenderse de los seres móviles
sin la ornamentación de los sueños que no es tal
ni el dirigirse con amplitud hacia una distinción
Es su desear ver en algún traductor un complejo de inexistencia* que le hace borrar detalles
que puedan hacer referencia a un color local
-esos seres apresurados lo miran con desprecio al considerarlo un escritor sin función
y el traductor se aleja en la noche de la hoja y de la tinta-
es desear de Saer borrar su nombre de la tierra
porque da lo mismo ser recordado u olvidado por una sigla
un símbolo de letras caprichoso
no le dará más emoción a una persona que se acerque a mis tumbas dice
es desear de Saer que se recuerde su lapicera, su computadora y su escritorio
es desear de Saer quedarse tirado en el piso y esperar a que también el sol decaiga
es desear de Saer tener un ritmo africano y que su escritura pase a ser un manantial de contenedores y contendientes libres
es su desear estar hecho del castigo que los días dan
latigazos que el ignorante-sabio traslada y recibe
es su desear cruzarse con un diplomático en un ascensor, darle la mano sin firmeza
y después esa charla por la que le pagaron frente a un público que mira la pared de los asientos
-por una razón extraña los respaldos ajenos se han colocado delante de sus ojos-
es desear de Saer repetir un segmento hecho de segmentos
tocar la neblina líquida sobre el parabrisas de un auto al cruzar una aduana, una frontera
es desear de Saer mirarse en un espejo y descubrir a la gente futura
internarse no linealmente en la ficción
sino con el desplazarse del problema, con el nado de la desmesura y la turbulencia*;
se queda en el suelo entonces y trabaja desde ahí
esa es su oficina de desproporciones
en su imaginación del preferiría no hacerlo*
queriendo llamarse por un rato Ismael, desde la parte oceánica del planeta
y de la escritura, repite, oculto por el tabique de un muro
es desear de Saer que el Martín Fierro sea considerado personaje literario y no héroe nacional
nadie le pediría al Quijote que fuese una muestra regional de España
Entonces, entre paréntesis: se podría escribir un poema solo citando frases deslumbrantes de Saer, párrafos cerrados, etc.. ¿Pero no es que cualquier escritor o escritora puede en algún momento tener frases para releer? Sí, por eso Saer es escritor.
Es desear de Saer que Juan L. lo acompañe a tomar la lancha de regreso al atardecer
después de haber charlado con amigos en la casa del poeta
desde la siesta de un día cualquiera, desde el sol
y cuando uno habla, habla de cualquier cosa, dice
Pero tengo para mí, cada quien sabe que nada ocurre, las relaciones, de la manera celestial como las narra Juan José, por lo menos las que tuvo con Juan L., después de tardes de charlas amenas y un poco de vino, que nada ocurre así, aunque sí pudieron ocurrir, un par de veces, pero en los organismos, es cierto, sin adicción mendicante y fanática, esto puede resultar más común, más corriente, elástico y aceroso, y que esto es necesario para crear un aire, un clima y una zona, y que en el fondo, en el gran fondo, es una intervención similar a la que hacen todos desde el lugar en el que les tocó respirar, sin el prestigio del poeta, y es por esto que, un poco alentado Saer, al haber estado en su cercanía, la de Juan L., alentado por su ansia de homenajear, en este caso, para él, justificadamente; un poco con el sentido de una amistad sincera
que lo rescatara de la noche de la opresión*
que lo acercara a figuras que vio, opacas y brillantes, en su juventud, atravesadas por rastrillos de geometrías,
y por haber sido alguien que estuvo en el lugar
es por esto, digo, que generó un desborde, el mismo que tiene al hablar de escritura y de oficio
y es su desear de Saer que el cante jondo, o el rasgueo de una guitarra, si es que tiene que hacerlo, se narre
y que alguien desde una fonda perdida esté, mirando la tela de un techo
hijo después y antes de actuar
es desear de Saer prender con ardor y hielo los renglones y sus espacios, pero de manera simple y compleja
arrimando su cristal y su hoguera a lo que hay que incendiar.
* Las palabras y frases en cursiva han sido construidas por Saer o expresan una idea construida por él, salvo la de Preferiría no hacerlo, que es de Melville de su cuento Bartleby, el escribiente; en la traducción de Borges.

Sergio Taglia nació en Neuquén en 1975. Vive en Mendoza. Es librero en la Feria de Libros Usados “Alameda”. Es profesor y traductor de francés. Publicó El río imaginario (Neutrinos, 2017), La silla en el espacio (Eloísa Cartonera, 2019), El cadáver es el pensamiento (Borde Perdido editora, 2019) y Ritmo roto (Ed, culturales de Mendoza, 2019). Integra las antologías Cross a la mandíbula (Nuit Myrtide, Francia, 2011), Después del fin (Babeuf, Mendoza, 2014) y 53/70 Poesía argentina del siglo XXI (EMR, Rosario, 2015). También publicó en Hurlingham Post la serie de relatos-crónicas Cinco pueblos. Parte de Música psicótica minimalista, y otros textos, aparecieron en la revista virtual «Oswald».


