«No es mi vida personal sino de la vida política de todos», expresó la ex presidenta. Con un mensaje grabado que atravesó toda la sala, la ex presidenta volvió a ocupar el centro de la escena en la Feria del Libro. La actividad giró en torno a su figura y a la construcción colectiva que la rodea.

La presentación de El balcón ilustrado, el libro de Tomi Müller dedicado a las escenas que se repiten frente a la casa de Cristina Kirchner, terminó convirtiéndose en algo más que un evento editorial: fue un acto político atravesado por su presencia, aun a la distancia. Desde el audio que envió, la ex presidenta leyó el momento como un fenómeno colectivo antes que personal y destacó el vínculo construido con quienes se acercan a San José 1111. “No es mi vida privada, es parte de la vida política de todos”, planteó, en una intervención que ordenó el sentido del encuentro y reforzó la idea del balcón como símbolo compartido.
Esa centralidad se replicó en cada intervención. Eduardo Valdés habló de “reparación” y cuestionó sin rodeos a quienes dentro del peronismo eluden nombrarla, mientras Víctor Hugo Morales convirtió la escena en una denuncia más amplia sobre la persecución política y mediática. Pero fue en las intervenciones artísticas donde esa identificación tomó un tono más sensible: la cantante Dolores Solá reconstruyó el clima de aquellos días frente a la casa de Cristina y definió esa experiencia como una mezcla de dolor y celebración, donde “el peronismo en la calle es una fiesta incluso en el peor momento”. En esa línea, el balcón apareció no sólo como escenario sino como continuidad de una tradición política donde el vínculo afectivo ocupa un lugar central.
El propio Müller terminó de cerrar ese clima al definir su obra como un gesto de protección y de pertenencia colectiva. El libro, dijo, no es sólo suyo sino también de quienes sostienen esa escena día a día. La presentación, con la sala colmada, dejó una imagen clara: más allá de las disputas internas o las estrategias de moderación, la figura de Cristina Kirchner sigue organizando sentidos, emociones y lealtades dentro de un espacio político que, cada vez que puede, vuelve a mirarla.


