Reseña
Prolificidad, precisión y simpleza. El nuevo poemario de Francisco Garamona (Buenos Aires, 1976) puede leerse como una serie de epifanías que reenvían tanto a libros previos como a un canto que se perpetúa hacia el futuro.
por Manuel Pérez
“Francisco Garamona es editor, librero, curador, músico, artista visual, escritor y documentalista”, nos informa de manera concisa la solapa de éste, su último libro, “entre otras actividades que ejerce regularmente”. También se detalla en ella el grueso de sus publicaciones: 45 libros entre una discreta lista de países. De aquí que podemos inferir una conclusión lógica: Francisco Garamona es un poeta que ha publicado en verios sellos, que dirige una de las casas editoriales independientes más prestigiosas de Argentina (y quizás de América latina) y cuya vena prolífica convierte su obra en algo casi inabarcable para la mayoría de los lectores, un eclecticismo que difícilmente podría contener una biblioteca promedio.
El verdadero misterio es el final se suma a esta seguidilla de publicaciones a la que con total seguridad seguirán varias más, porque si algo caracteriza a la poesía de Garamona es la capacidad de diseminarse, hacerse espacios en lugares insospechados y florecer allí de donde se alejó la mirada por apenas un instante.
Los poemas de El verdadero misterio es el final demuestran la extensión de su práctica poética. Cada texto, con sus salvedades, da cuenta de una óptica pregnada por la lírica y el decurso (en ritornelos que se vuelven puntos de recomienzo, como en el primer poema del libro, “Sacrificio”), sin señales de un forzamiento aparente, y alumbrado por un sendero de versos dispuestos con prolijidad y orden, de extensión mesurada (“Pequeñas canciones napoleónicas” es un caso notable: las palabras son capaces de respirar en una versificación acotada que brinda un aliento peculiar a su lectura). Esta serie de pequeñas epifanías, de mayor y menor orden, son transmitidas a la perfección al lector sin mayores concesiones, con una imaginación clara e imágenes potentes: alpinistas muertos, una mariposa posándose en un hombro célebre en Nantes en 1889, un Jack Nicholson rehén del Alzheimer e imágenes que muchas veces se repiten en un mismo texto con el ánimo de un estribillo de canción (“policías tristes en la lluvia”, verso posible de una canción punk aún no compuesta, sospecho). Esto hace del lector un participante no activo, sino sincrónico: los hallazgos poéticos, loables y algunos hasta necesarios, que ostentan el conjunto, junto con la claridad de un lenguaje corriente, democrático, hacen de cada texto una instantánea que se revela verso a verso. No se nos transmite una laboriosidad excesiva o un proceso, sino breves sucesiones de versos que se concatenan como piedras que, al chocar unas con otras, producen chispazos en pequeñas unidades organizadas.
Hay un problema, sin embargo, surgido de esta metáfora. Dichos chispazos, a veces, se vuelven esporádicos, accidentados, y provocan una convivencia incómoda entre hallazgos destacables con hallazgos y experiencias poéticas de factura dudosa. El estilo-Garamona es uno versátil, autosuficiente, que exige un balance de aciertos y desatinos para lograr la prolificidad que lo caracteriza. El poema-lista, la lírica evocativa de encuentros sexuales propios o de terceros, el encuadre de una imagen perfecta se encuentran dispuestos incómodamente junto a versos de invención objetable (“Un lobo haciendo lobby”) rimas consonantes de una simpleza aparente (En “Así vivieron”: “un hombre cis/haciendo pis”, etcétera), versos de una cursilería llamativa (los dos versos finales de “Todo lo Hermoso”) y poemas cuya extensión, que sobrepasa la media del conjunto, transmuta la precisión en un divague (“Carula”, “Drogadictas pajeras”). Aunque vale resaltar un poema en el que la imprecisión logra un efecto singular: “Las hermanas pintoras” se destaca por brindar una serie de versos que compaginan algo inasible, un sentido que se escurre y genera perplejidad y asombro. Las líneas finales son específicamente memorables: “Porque todo es real mientras irrumpe/en esa casa donde para todos no había nada./ Pura y completa desnudez”.
El verdadero misterio es el final nos revela una serie de aciertos logrados, de una madurez aparente en la que lo prolífico no vence a la aptitud poética. Un libro que funciona como punto y seguido en una obra extensa, abarcable solo por el bibliófilo o el curioso, sostenida en el tiempo por una calidad constante.
ASI VIVIERON Un hombre cis haciendo pis un hombre soft construye un loft y un proletario sale del armario un hombre prende la luz en un hotel de Santa Cruz se pone el piyama y abre la cama otro se toma una aspirina con un vaso de Hesperidina o durante una tormenta lo hace con fernet de menta un hombre en una granja cosecha ganja cava una zanja un hombre azul y un abedul un hombre rojo entre rastrojos rasca sus ojos camina cojo un hombre fuerte levanta un puente y otro sencillo escucha a un grillo uno taimado toma su helado aunque hace frío no lleva abrigo ¡viene su tío! fin del verano preparan guiso vegetariano. LAS HERMANAS PINTORAS Vos decís que la casa del color solo existe para unirlas frente a lo que las separa, cerrando los ojos muy fuerte contra todas las presiones del presente? Tiemblan al viento sus pelos que se unen para formar una íntima alfombrilla sobre la que dan hoy algunos pasos? Ese espacio en donde viven qué representa para ellas? Hay un secreto que quiere mantenerse solo y crecer mientras se aleja para siempre de él, independiente en su fijeza? Rombos que dividen el paisaje, escalas de un tamaño natural reducidas al brillo, mano que las saludaba, pincel que les dio cobijo? Qué viene a trazar un recuadro mágico en el corazón de una colina? No lo sé, no lo sabemos, no lo saben. Porque todo es real mientras irrumpe en esa casa donde para todos no había nada. Pura y completa desnudez.
El verdadero misterio es el final
Francisco Garamona
Caleta Olivia
2024
80 páginas