Reseña por Rocío Kiryk. Traducir implica siempre ganar algo y resignar otra cosa; es, también, proponer una lectura. En los 80, la poeta argentina Mirta Rosenberg (1951-2019) tradujo esta antología de Emily Dickinson (1830-1886), reeditada en versión bilingüe por Seré breve. ¿Qué ofrecen estos poemas al lector contemporáneo, que busca cómo volver a decir? Kiryk señala una fisura en Dickinson que anticipa la modernidad.
Ediciones Seré breve publicó 98 poemas de Emily Dickinson en 2025 traducidos y seleccionados por Mirta Rosenberg. Es una reedición de Poemas (selección) de la antología publicada por el Centro Editor de América Latina en 1988. Ambas extraen los originales de Dickinson desde The complete Poems de 1955, pero la diferencia con la actual es su carácter bilingüe.
Lo primero que me pregunto es ¿por qué se edita una selección de poesía cuando existe la poesía completa?, ¿la selección nos habla de Dickinson o de Rosenberg? Intuyo antes de leer que habla de ambas porque ocupan similar tipografía y tamaño en la tapa. Hacia el corazón del enigma ¿se titula el libro?, ¿o Emily Dickinson por Mirta Rosenberg? que aparece con letras más grandes que el nombre adjudicado a la selección. Toda esta cuestión paratextual tiene que tener alguna incidencia, alguna dirección en la lectura de los poemas. Según Crotto en la introducción al texto la poesía de Dickinson calaba en Rosenberg por su amor, dolor, inteligencia, imaginación y ternura. Términos de la intimidad que me cuesta entender cómo pueden ser transferibles, ¿cómo leer y por qué la ternura de Dickinson en la selección de Rosenberg? Me gustaría que tengamos otras palabras para hablar de poesía, menos íntimas, más compartidas.
Sí me parecen muy valiosos los criterios que el crítico señala respecto a la traducción. Reconoce en Rosenberg que ese trabajo ella lo califica como “ni literal ni libérrimo”, y que en ese medio camino no sólo la adecuación tiene que ver con el sentido, sino también con la métrica y el ritmo, la responsabilidad del traductor es así la de armar una imagen de la lectura y no la mera transcripción lingüística. Un ejemplo puede ser el poema doce:
The morns are meeker than they were – The nuts are getting brown – The berry’s cheek is plumper The Rose is out of town. * Más dulces son ahora las mañanas las nueces se tornan pardas más redonda la mejilla de la baya y la rosa salió de la ciudad
Claramente se cambió la estructura sintáctica que en el poema original juega con la simpleza de un sujeto en posición inicial de la oración y su acción. La sintaxis en la traducción cambia completamente. Decir “Las mañanas son más dóciles de lo que eran/ que antes”, que sería la idea más literal, se transforma mucho y para bien en “Más dulces son ahora las mañanas”, modifica también el sentido que se piensa desde el presente “ahora”, en vez de la referencia al pasado “de lo que eran”. En la métrica no hay mucha diferencia entre una y otra elección, lo que cambia es la simplicidad del orden que viene imitando esta armonía con la naturaleza por un ritmo propio de Rosenberg, más elástico y menos esquemático. Es claramente otro poema. Pero siempre algo se resigna (además de guiones y mayúsculas que no veo bien por qué se eliminan), que es ese esquematismo mencionado que tiene que ver también con la armonía que hay en los poemas entre la naturaleza, el lenguaje y lo humano. El paso del tiempo en los poemas es de crecimiento cuando la perspectiva está volcada sobre el accionar de lo natural: “Mas no siento desconsuelo/pues sé que mi pájaro/aunque lejos/aprende del otro lado del mar/para mí nuevas melodías/y volverá”. Hay confianza, fe en el ser humano y la naturaleza. Una sensación lejana, de añoranza para un lector actual. Cuando no hay armonía, las palabras permiten ajustarlas a la realidad para poder habitarla. Del poema 33: “Y si extrañar fuera contento,/ y lamentar, alegría, / ¡Cuán dichosos son los dedos/ que reunieron esto este día!”, la capacidad del lenguaje de “hacer decir”, que a pesar de sus limitaciones puede igual retornar a la atmósfera calma de Dickinson.
¿Por qué volver a leerla hoy? Hacia el corazón del enigma, el título de la antología, puede ser cartografía para su lectura. En el Poema 50 dice: “Aún no se lo he dicho a mi jardín (…) No lo diré en las calles/ (…) “¡Que alguien tan tímida, ignorante,/tenga la audacia de morir!”. Hasta antes de ese poema se puede hablar de un alejamiento de “la gente”, de lo humano y una valoración de lo animal y vegetal, gesto romántico, pero a partir de acá la desconfianza en el jardín, los bosques y las colinas, sumado a la desidealización de la muerte de alguien “tímida”, “ignorante” apura o anticipa algo del modernismo. Hay una relación similar con la muerte en otro poema: “hasta que el musgo alcanzó nuestros labios/y nuestros nombres cubrió”, la imagen no es desoladora, más bien algo objetiva con los alcances de lo muerto, los guiones en la versión original producen todavía un efecto más cortado y áspero, sin el tono bucólico con el que la autora suele referirse a la tierra, las flores, las estrellas: “Until the Moss had reached our lips – /And covered up – our names –”.
Esa ambigüedad entre el mundo material y el espiritual se puede ver también en el asomo por la preocupación numérica (“que más cuantiosas sumas involucra”/ “mis cifras en filas ya se alejan”); y la resistencia romántica a la ciencia, (“¡es muy mezquino que la ciencia/vaya e interfiera!”/ “también está estudiado y consignado en mapas”). Aunque predomina la contemplación de lo natural, no puede evitar que se filtre la vida moderna que habita.
Es en este punto que puede tener una conexión con el lector contemporáneo que también tiene su sistema de representaciones resquebrajado. Por lo que se puede afirmar que indagar en las escrituras de pasaje tiene algo para esta época que está buscando cómo volver a “decir”, y que no tiene como Dickinson, dichosos los dedos.

Emily Dickinson por Mirta Rosenberg
Hacia el corazón del enigma. 98 poemas
Selección y traducción de Mirta Rosenberg.
Seré breve
Buenos Aires
2025
152 pp.


