El dato oficial del segundo trimestre se conocerá este jueves, pero las principales estimaciones privadas anticipan una caída de entre 0,5% y 1%. Industria y construcción volvieron a retroceder en julio, el consumo sigue débil y la Universidad Torcuato Di Tella calcula en 81% la probabilidad de que la economía abandone la fase expansiva.

La economía argentina acumula señales de agotamiento y cada vez son más los indicadores que apuntan a un escenario recesivo. Aunque el dato oficial del Producto Bruto Interno (PBI) del segundo trimestre se conocerá este jueves, distintas consultoras y centros de estudio coinciden en que la actividad habría caído entre abril y junio. Para la Universidad de San Andrés, el retroceso fue de 0,89%, mientras que cinco consultoras relevadas por Bloomberg estimaron bajas de entre 0,5% y 1% en la medición desestacionalizada.
El cambio también aparece en las proyecciones del mercado. En junio, los analistas consultados por el Banco Central esperaban un crecimiento trimestral de 0,6%; a fines de agosto, la estimación se había transformado en una caída de 0,9%. Los datos oficiales conocidos durante la última semana reforzaron ese diagnóstico: la industria cayó 5% en julio respecto de junio y la construcción retrocedió 4,6%. Incluso la minería tuvo una baja mensual de 0,9%, pese al crecimiento de la producción de gas y petróleo.
La debilidad se habría prolongado durante el tercer trimestre. Equilibra calculó una caída de 0,5% de la actividad en julio, mientras que el Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEC), de las Bolsas de Comercio de Santa Fe y Rosario, estimó un retroceso de 0,6%. En el sector no primario, la contracción llegó al 1%. A eso se sumó una baja de 3,46% en las ventas de materiales para la construcción de las empresas agrupadas en el Grupo Construya durante agosto. Con sus indicadores de alta frecuencia, la Universidad Torcuato Di Tella estimó en 81% la probabilidad de que la economía salga de la fase expansiva en los próximos meses.
El eventual ingreso en recesión mostraría además una economía partida. Algunos de los sectores favorecidos por el esquema oficial —agro, energía, minería y bancos— no alcanzarían para compensar el retroceso del resto de las actividades. El caso energético resulta particularmente ilustrativo: mientras la extracción de petróleo y gas crece con fuerza, retrocede la contratación de servicios vinculados a esa actividad, con un impacto limitado sobre el entramado de empresas locales.
El economista Emmanuel Álvarez Agis sostuvo que la caída simultánea de la industria y la construcción es compatible con una economía que está entrando en recesión. Para el exviceministro de Economía, el esquema aplicado por el gobierno de Javier Milei agotó el margen que le ofrecía una estrategia centrada en el ancla fiscal. El resultado, según su diagnóstico, es una inflación que todavía encuentra dificultades para bajar al mismo tiempo que la actividad pierde impulso.
La situación se produce además sin algunos de los desequilibrios externos que acompañaron otras crisis recientes. La balanza energética pasó a ser superavitaria, el dólar se mantiene controlado, el precio de la soja mejoró y las reservas netas del Banco Central dejaron atrás el terreno negativo. Sin embargo, esos factores no alcanzan para revertir la caída de la actividad interna.
A eso se suma la debilidad de los motores tradicionales de la demanda. La obra pública continúa prácticamente paralizada y la inversión privada no logró despegar a pesar del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), cuyos proyectos tendrán un impacto más adelante. Los salarios registrados perdieron otro 2,8% en los últimos doce meses, mientras que desde noviembre de 2023 se contabilizaron 31.342 cierres de empresas y la pérdida de 434.126 puestos de trabajo, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Con ese escenario, tampoco aparecen señales firmes de una recuperación impulsada por el consumo.
El próximo Presupuesto también será una prueba para el Gobierno. El proyecto de 2026 había previsto una inflación anual de 10,1% y un dólar de $1.423 para diciembre. A agosto, la inflación acumulada ya llegaba al 21,3% y el dólar rondaba los $1.530. Este martes la administración de Milei deberá presentar el proyecto de Presupuesto 2027, aunque todavía no difundió los principales supuestos macroeconómicos.
Si el PBI confirma una segunda caída trimestral consecutiva, la Argentina entrará formalmente en recesión. Sería otro giro en la trayectoria que el Gobierno presentó inicialmente como un rápido rebote de la actividad y que luego pasó por las explicaciones de las “dos velocidades” y de una economía dividida entre sectores ganadores y perdedores. El problema ahora es que los indicadores empiezan a mostrar que el freno alcanza al conjunto de la economía.


