El bombardeo de Caracas y el secuestro de Maduro, las condenas parciales, silencios y tibiezas ante la intervención militar de EEUU en un país soberano, el respaldo de Milei al ataque, los desafíos internos de la economía libertaria, la Ley de Inocencia Fiscal y la búsqueda desesperada de dólares, el cierre de la ANDIS y la reforma de la SIDE; por Martín Gambarotta.
Bienvenidos a 2026. Hace unas semanas esta columna titulaba: No bombardeen Caracas. El Presidente de Estados Unidos Donald Trump el sábado anunció una operación militar relámpago en Caracas que terminó con el secuestro de Nicolás Maduro, el jefe de estado bolivariano, y su esposa. Cayeron bombas sobre Caracas por 90 minutos. Las tropas de elite de Trump arrasaron con las defensas venezolanas, pero también según muchos líderes mundiales se barrió con las leyes internacionales que rigen en Naciones Unidas.
La sorpresa es que Trump anunció que Estados Unidos se apresta a dictar lo que pasa en Venezuela hasta nuevo aviso. No descartó desplegar tropas de su país en Venezuela. Trump habló de “designar gente” y señaló a funcionarios de su administración presentes en una conferencia de prensa. Agregó que el presidente progresista de Colombia, Gustavo Petro, tiene que “cuidarse”.
El caso Venezuela no se presta fácilmente al consumo irónico que predomina en las redes sociales, no alcanza con subir fotitos y citar mal a difuntos escritores malditos; es difícil no recurrir a la retórica seca de los antimperialistas del siglo pasado en Argentina y en el resto del continente. No se espera ahora una guerra a largo plazo, pero Trump incendió un continente que se formó a fuerza de contiendas antiimperialistas.
El ataque a Venezuela (“la operación brillante”, “el asalto espectacular” en palabras de Trump) confirma el comienzo de una nueva etapa histórica en la que Estados Unidos al mando de un ultraderechista se pasa por los genitales la soberanía de América Latina y de todas las naciones del mundo.
El ataque a Venezuela (“la operación brillante”, “el asalto espectacular” en palabras de Trump) confirma el comienzo de una nueva etapa histórica en la que Estados Unidos al mando de un ultraderechista se pasa por los genitales la soberanía de América Latina y de todas las naciones del mundo.
No está claro cómo cayó en los líderes de estados soberanos la fotografía que subió a las redes sociales Trump de Maduro esposado y con los ojos cubiertos en una nave de Estados Unidos. El mensaje visual es que no hay margen para oponerse al trumpismo.
Trump el sábado en una conferencia de prensa en Mar-a-Lago se mostró fascinado con la efectividad de la operación militar desplegada para apresar a Maduro que el presidente de Estados Unidos siguió en vivo.
Es una postura que Estados Unidos mayormente se reservaba para otras regiones del mundo donde luchaba contra el terrorismo islámico. Trump es un personaje que llegó al poder de atropellada ignorando las leyes que rigen para el resto de los mortales de su país y ahora demostró que está dispuesto a seguir con esa misma actitud a nivel mundial.
El peligro es que Trump se vuelva adicto a este tipo de intervenciones irregulares por todo el mundo con la codicia por el petróleo y el territorio destellando en el fondo. Estados Unidos dijo que le ofreció múltiples opciones de salida a Maduro y habló de “petróleo robado”. La condena más pesada vino del gigante progresista de la región, Brasil, que dijo que la operación de Trump era “inaceptable”. Rusia también se quejó. Un ministro francés murmuró una protesta. Las Naciones Unidas expresó “alarma”.
Lo que se desata ahora es una concatenación de sucesos imprevisibles. Una cosa es el acontecimiento que representa llevar a Maduro frente a los tribunales de Nueva York por acusaciones de narcotráfico y otra cosa es el estado político en el que queda Venezuela.
Es una postura que Estados Unidos mayormente se reservaba para otras regiones del mundo donde luchaba contra el terrorismo islámico. Trump es un personaje que llegó al poder de atropellada ignorando las leyes que rigen para el resto de los mortales de su país y ahora demostró que está dispuesto a seguir con esa misma actitud a nivel mundial.
La pregunta es si cabe en algún cálculo que los bolivarianos sigan en pie después de la caída de Maduro. Sería delirante que Trump haya negociado con sus propias fuerzas armadas el secuestro de Maduro para evitar un conflicto militar mayor que bañe de sangre a Venezuela. Después de la operación, el Ministro de Relaciones Interiores de Maduro, Diosdado Cabello, trató de mostrarse al mando en un video, pero es de suponer que Estados Unidos ahora espera que una ola de protestas o algo por el estilo termine con el derrocamiento del gobierno bolivariano.
Trump el sábado dijo en una entrevista que de ningún modo va a permitir que un nuevo liderazgo que siga la línea chavista de Maduro emerja en Venezuela. Más tarde dijo, “nosotros vamos a manejar el país” hasta que se instale una transición. “Vamos a manejarlo”, Trump dijo, subrayando la intervención de la producción petrolera de Venezuela. Trump no descartó una “segunda ola” de dimensiones mucho más grande. En efecto, Trump anunció que él maneja lo que sucede en Venezuela durante una transición “segura”.
La información desde Caracas hablaba de un país que se encaminaba al colapso con la población buscando provisiones en los supermercados y farmacias. Las fuerzas de Trump lograron perforar severamente la inteligencia chavista, la inestabilidad parece inevitable.
En lo inmediato, el ataque fortalece la posición del Presidente libertario Javier Milei que cultiva una amistad directa con Trump, que se comporta como el padrino político del argentino. El intervencionismo directo de Trump en los asuntos internos de Argentina consistió en inyectarle dólares ideológicos a Milei cuando estaba en problemas financieros antes de las elecciones. Milei el sábado reaccionó al ataque en Venezuela con un escueto mensaje celebrando la “libertad”. El Partido Justicialista condenó la acción militar de Trump y dijo que “amenaza a toda la región”.
Después de la operación, el Ministro de Relaciones Interiores de Maduro, Diosdado Cabello, trató de mostrarse al mando en un video, pero es de suponer que Estados Unidos ahora espera que una ola de protestas o algo por el estilo termine con el derrocamiento del gobierno bolivariano.
El mensaje de la caída de Maduro es que oponerse a Trump definitivamente no es negocio político ni humano en la región. Milei viajó a Oslo hace poco para festejar el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado, la líder opositora venezolana. La oposición acusaba a Maduro de haber ignorado el resultado electoral en los comicios del año pasado y de negarse a entregar el poder. Maduro se robó las elecciones, según la oposición. Para Machado la “hora de la libertad llegó”. La oposición está dispuesta a tomar el poder, dijo Machado. Trump descartó que Machado pueda gobernar el país diciendo que no tiene suficiente “respeto”.
En Argentina después de la jugada de Trump a favor de los libertarios el año electoral 2025 terminó siendo un espejo de 2017. En 2017, el PRO, el partido de derecha del entonces presidente Mauricio Macri, ganó las elecciones de medio término de forma contundente. El peronismo cayó derrotado.
(Macri el sábado celebró la captura de Maduro).
Al rebobinar el año que se fue enseguida aparecen momentos en los que Milei parecía estar al borde de echar todo a perder financieramente. Fue el rescate de Trump lo que revirtió la situación a último momento.
Ahora Milei se encuentra en una situación parecida a la de Macri. Su partido derrotó al peronismo y su popularidad es alta. La señal de alarma para la derecha debería ser esta: luego de ganar en 2017 Macri no supo cómo manejar la economía y terminó besando la lona electoral dos años después en las presidenciales. Los libertarios dicen lo obvio: Milei no es Macri. Es posible, pero eso está por verse. Es algo que los hechos que vienen van a probar.
Al rebobinar el año que se fue enseguida aparecen momentos en los que Milei parecía estar al borde de echar todo a perder financieramente. Fue el rescate de Trump lo que revirtió la situación a último momento. Milei casi ni llega a ser Macri, se encaminaba a una derrota.
Los episodios negativos comenzaron en marzo del año pasado cuando la inflación midió 3,7%. La suba del costo de vida desató una cadena de contradicciones que estallaban en la cara del Ministro de Economía Luis Caputo, un financista de profesión que busca reinventarse como un mohicano al servicio del proyecto libertario. Esas contradicciones de Caputo no cesaron, se notan menos porque la posición política de los libertarios por el momento es sólida. 2025 fue el año en el que Caputo vivió en peligro.
La última jugada de Caputo es haberse trenzado en una discusión con los bancos privados sobre la nueva ley de Inocencia Fiscal, diseñada para facilitar el depósito en el sistema financiero de dólares no declarados. Los bancos privados titubean, la ley no estaba reglamentada hasta esta semana y pedían más garantías. Esta fue la respuesta de Caputo a la banca privada: no rompan las pelotas.
Aplicó con los banqueros de elite una pedagogía parental que se dejó de utilizar con niños mayormente a fines del siglo pasado. Caputo le dijo a los ahorristas que vayan a depositar sus dólares al Banco Nación. La caída en contradicciones, una vez que se entra, puede ser infinita. El Banco Nación es un banco estatal. Caputo está en guerra con la banca privada que lo vio nacer. Los libertarios prometían arrasar con lo estatal, privatizar todo, pero están siendo bastante lentos en liquidar las empresas del estado. De hecho, no parece haber un proceso privatizador coordinado como el que ejecutó de manera fulminante el menemismo en los años 90. Milei suele usar un mameluco de YPF, la empresa petrolera controlada por el estado.
Todo esto lo explica el presidente subrayando su filosofía: ganar a cualquier precio. Si hace falta instruir a la banca estatal para que acepte depósitos en dólares con los papeles flojos entonces eso es lo que se hace. La alucinación recurrente de Caputo es que la población va a depositar los dólares que tiene atesorados, que son muchísimos. Caputo busca dólares para cubrir los compromisos de deuda del nuevo año. Se enfrentó con el Gobernador radical de Santa Fe Maximiliano Pullaro que tiene colocados 800 millones de dólares en Wall Street. Pullaro está cultivando un perfil opositor cuando otros gobernadores, incluso algunos peronistas, se muestran dispuestos a negociar con Milei. Es posible que el gobernador de Santa Fe esté dando los primeros pasos hacia una candidatura presidencial en 2027.
Manuel Adorni anunció la disolución de ANDIS. Es revelador: el gobierno decide liquidar la agencia que está metida en un escándalo. No se sabe si la administración Milei de verdad cree que el cierre de la agencia borra también la investigación sobre sobornos que tocaría a Karina Milei, la hermana del presidente.
Caputo ya declaró que quiere “cortar la dependencia” del país con Wall Street. Es una referencia muy obvia que ya nadie hace: Caputo también fue funcionario durante la presidencia de Macri y todo terminó mal. Wall Street le pide que libere el dólar, pero Caputo se enamoró del sistema de bandas entre las que hace flotar a la divisa de Estados Unidos. Ahora el ministro indexó las bandas, subirán mensualmente según el último índice de inflación disponible.
Milei hace poco dijo que la presidencia es como estar sentado en una “silla eléctrica”. Las bandas le dan la seguridad ficticia de que nadie va a enchufar la silla en la que está sentado. El riesgo es ir hacia un infierno de indexación por inflación donde todo comience a subir: tarifas, transporte, educación y el dólar. Hay una reducción en subsidios de luz y gas. La pesadilla es que el anarcocapitalismo de Milei se transforme en un paraíso impagable. Hubo cortes de luz masivos en el área metropolitana durante una ola de calor, lo que acrecienta la duda sobre la sustentabilidad del esquema.
La pregunta es si una indexación de la economía no se contradice con la promesa definitiva de Milei: la inflación se termina en agosto. Todavía Milei tiene espacio para prometer. Resalta encuestas de diarios británicos conservadores de segunda línea donde lo destacan como el “segundo” líder más importante del mundo. Milei dijo en su mensaje de Año Nuevo que cumplió con todas sus promesas, algo que no incluye un dato: la inflación técnicamente en este momento está subiendo. Lo que también subió durante la semana es el dólar en el comienzo de las nuevas bandas cambiarias indexadas por la inflación mensual.
La prensa tradicional mientras tanto cubre con fruición los supuestos casos de corrupción que involucran a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Es una cobertura novelesca que ahora parece apuntar hacia Sergio Massa, el líder de un sector del peronismo. Hay un intento de instalar el caso AFA y sus vínculos con una financiera presuntamente ligada a Claudio Tapia, el presidente de la asociación que viene del peronismo. Es una investigación judicial que parece querer ir a fondo en el año del Mundial. El Banco Central también investiga a la AFA por supuestos manejos con el dólar. Hay periodistas políticos de renombre ahora metidos con ganas a explicar el mundo del fútbol, un territorio que los libertarios todavía no conquistaron. De pronto, muchos columnistas estrellas salen a explicar las diferencias entre Barracas Central y Arsenal de Sarandí.
Lo que por el momento no se ven son resultados judiciales concretos en contra de Tapia que aduce una conspiración en su contra. Esta es la conducción de la AFA que ganó el Mundial en 2022, pero las espadas de Milei parecen convencidas de que tienen una buena oportunidad de deshacerse de Tapia por más que tome mate con Lionel Messi y el técnico de la Selección, Lionel Scaloni. Tapia demostró una destreza gerencial demoledora cuando designó a Scaloni, prácticamente sin experiencia, como técnico de la Selección. La AFA de Tapia llevó a la Selección a lo más alto del fútbol mundial, hay que decir todo, por respeto al resultadismo.
Hay mucho menos cobertura de la investigación judicial por el supuesto pago de retornos a funcionarios libertarios en la agencia estatal de discapacidad, ANDIS. El fin de año llegó con una novedad: el Jefe de Gabinete Manuel Adorni anunció la disolución de ANDIS. Es revelador: el gobierno decide liquidar la agencia que está metida en un escándalo. No se sabe si la administración Milei de verdad cree que el cierre de la agencia borra también la investigación sobre sobornos que tocaría a Karina Milei, la hermana del presidente. Los que critican al gobierno se quejan de cinismo.
Hay una creciente obsesión de la administración libertaria con los servicios de inteligencia. Ahora Milei apuntó a una reforma de la secretaría de inteligencia, para potenciar su poder, por decreto. El gobierno dice que la reforma nada más intenta hacer más eficiente a la secretaría que controla el asesor presidencial Santiago Caputo. Muchas críticas apuntan a que con la nueva reforma el personal de inteligencia puede hacer detenciones espontáneas.
A pesar de múltiples contratiempos políticos, Milei no puede resistir el impulso de avanzar sobre otros poderes del estado. La reforma de inteligencia lo pone al presidente otra vez en colisión con el Congreso donde ya perdió votaciones claves sobre la financiación de las universidades nacionales y la discapacidad.
También se plantea una batalla judicial con el “protocolo antipiquetes” que el gobierno aplica para impedir cortes de calles y algunas manifestaciones. El Ministerio de Seguridad insiste: el protocolo sigue vigente a pesar de un fallo judicial que lo congelaba.
Este año, el desafío para Milei es demostrar que no es Macri. Será un 2026 resultadista (la ironía es que nadie en esta nación obtuvo mejores resultados que Tapia).
Por ahora el presidente tiene espacio para maniobrar. Incluso ensaya un proyecto de encabezar un bloque de líderes regionales derechosos para combatir al “socialismo del siglo 21”. El detalle, siempre hay un detalle, es que ese bloque no incluye a Brasil.
En la región, la realidad comercial también tiene sus condiciones: China le impuso aranceles a la carne vacuna argentina a partir de determinado cupo. La incógnita planteada ahora es qué pasará este año con el canje de divisas que Argentina mantiene con China.



