Industriales, gastronómicos y pymes describen un escenario de consumo deprimido, costos en alza y cierres en cadena. Denuncian que la combinación de importaciones y caída de la demanda vuelve inviable sostener la actividad.

La caída del consumo y el aumento de costos empiezan a reflejarse con crudeza en la calle: locales que bajan la persiana, liquidaciones por cierre y fábricas que reducen actividad forman parte de un paisaje que se repite en distintos puntos del país. Empresarios y comerciantes coinciden en un diagnóstico: las ventas no reaccionan y el mercado interno se achica, lo que impacta directamente en el empleo y la continuidad de los negocios.
Desde el sector industrial, el escenario aparece atravesado por una doble presión. Por un lado, la demanda en niveles mínimos; por otro, el avance de productos importados que compiten con la producción local. “La venta está muy calma, la demanda muy baja. Esto no levanta”, resumió un empresario del rubro electrodomésticos, que además advirtió sobre el efecto en cadena: menos producción implica recortes de horas, suspensiones y menor actividad en toda la red productiva. A ese cuadro se suman las dificultades para competir con mercadería importada —incluso la que ingresa sin cumplir normas— en un contexto donde el consumo no alcanza para absorber la oferta.
El golpe también se siente con fuerza en el comercio y la gastronomía. En distintos municipios bonaerenses, el sector registra caídas de facturación que van del 30 al 50 por ciento, mientras los costos —especialmente alimentos y servicios— siguen en alza. La ecuación se vuelve cada vez más frágil: subir precios implica perder clientes, pero no hacerlo compromete la rentabilidad. Con ese margen estrecho, crece la preocupación por cierres en el corto plazo y se multiplican las estrategias defensivas, desde renegociar alquileres hasta achicar estructuras para evitar la quiebra.
En las pymes, el panorama se percibe aún más crítico. Empresarios del sector señalan que el modelo económico actual debilita el mercado interno, del que dependen la mayoría de las pequeñas empresas, y advierten que la contracción del consumo termina afectando a toda la cadena. Datos relevados en provincias como Entre Ríos muestran el impacto: cierre de empresas, caída del empleo y centros comerciales con cada vez más locales vacíos. En ese contexto, la consigna que se repite entre comerciantes y productores es simple y contundente: resistir, achicar costos y esperar que las ventas, en algún momento, vuelvan a moverse.


