Reseña por Ulises Rubinschik. En 75 CATAS, Léonce W. Lupette convierte etiquetas de vino en poemas neobarrocos atravesados por asociaciones delirantes, desplazamientos entre lenguas, mutaciones fonéticas y derivas autobiográficas. Entre la embriaguez, el plurilingüismo y el humor, el libro explora qué puede hacer todavía la poesía con los restos del mundo material.
Un amigo se separó el 31 de diciembre y con el año nuevo bien amanecido lo vi pedirle consejos, que yo ya no podía darle, al Chat GPT. Un rato más tarde, sobre la General Paz, su boca se descuajeringaba por la ventanilla del Uber que nos llevaba de Munro a San Telmo. ¿Tomar gran cantidad de vino puede funcionar para algo más que hundir la subjetividad en una relación banal e individualizante con una app de Inteligencia Artificial y en un vómito violento? Léonce W. Lupette nos muestra que sí.
Su 75 CATAS es, como dice la contratapa, “una curiosa forma híbrida de poesía y prosa: cada poema parte de la degustación de un vino cuya ficha técnica lleva como título”. El poemario tiene setenta y cinco textos que reescriben ese número de etiquetas de vino (con cuatro casos de bebidas coladas: cerveza y pisco).
En el prólogo “Ataque”, el autor comenta que el ejercicio surgió de comprarse tres botellas de vinos finos en Ostrava, República Checa. Ya en el aeropuerto de Cracovia, por típicas restricciones de aerolíneas, no podía subirlas al avión, así que caminó, consiguió que se las destaparan, y empezó a tomar. Como no tenía smartphone para traducir las etiquetas, sacó la libreta y encaró esas “tres etílicas horas de libaciones”.
El prólogo muestra la conexión que tendrá el libro, una gran reescritura neobarroca de etiquetas, entre la lengua y la lengua, disparada por la pregunta “¿Qué mierda, Lupette, vas a hacer?”. Ataque lingual al vasito de plástico del aeropuerto y ataque a la libreta con “elementos multilingües y neologismos”. A partir de una premisa clara, no había nada-hay algo, cada texto es un raíd de transformaciones. De las cosas del mundo alrededor, del sujeto del poema y del poeta. Había uva, ahora hay vino; había un género literario fanfarrón y publicitario (las etiquetas) y una libreta vacía, ahora una cosecha de poemas.
Acierta la contratapa al hablar de “conexiones sinestésicas”. En el poema “CUVÉE PRIMIERA” leemos: “A mí mismo me quieren transformar en vaca, porque como si nada me crece ciboulette entre los dientes, hasta la garganta. Sí, Roulette, apostaría al rojo, por tanta falta de acidez, y aún más de dulzura”. El personaje se transforma en vaca, el pasto que comería una vaca, en ciboulette, el ciboulette, por fonética, en roulette, el rojo del vino en el de la ruleta. ¿Una borrachera de vino abolirá el scrollear? La ruleta afrancesada también hace que resuene el apellido y los rulos que el poeta, Léonce W., deja ver en las tertulias literarias porteñas a las que asiste.
Dice “GRAN LURTON CORTE FRIULANO: “La untuosidad de esta fruta, tan fresca, y quién lo hubiera dicho. Radicchio, me achico ante un amor de verano trunco (…)”. El sujeto de los poemas está siempre mezclado, de algún modo, con la naturaleza. Como si se registrara todo el tiempo la secuencia telúrica tierra-parra-uva-vino-trago-poema. Acá hay un salto sonoro a la verdura, y después vuelve a esa experiencia romántica fallida. Hay una suerte de archivo y montaje a la Arcimboldo, tomar el vino hace pensar en la fruta que le da origen, que hace pensar al humano (poeta y borracho) como fruta o animal. Vuelta a la naturaleza para desnaturalizar el castellano. Advierto: la singularidad de la escritura de Lupette es inversamente proporcional a lo remanido de la fórmula por mí sugerida.
También aparecen, sea más clara, sea más crípticamente, alusiones a la propia escritura. De nuevo voy con un lugar común: un ars poética: “Los tubos caídos del cielo, deslizándose cueros lingüísticos por los costados de lo lingüísticamente curado”, o “La gracia, no, que prefigura la pérdida”.
A lo largo del libro se descolocan la geografía del personaje (“Rusia está igual de lejos que Leipzig, Mendoza o Floresta”), las especies, los colores, los idiomas, las palabras. Esto no sorprende si desde la solapa sabemos que Lupette nació en Gottingen, Alemania, es franco-alemán y además de poeta es traductor. Y que “Vive en los ecos y espacio híbridos entre lenguas y lenguajes y en Primera Jungla, Buenos Aires”. Tomar hasta el vómito da vueltas todo pero es, a fin de cuentas, estancamiento: no salirse de uno, sino quedarse pegado a las taras de lo que ahí se rumia. Lupette, en cambio, desde esa zona desterritorializada del barrio de Canallito en el que vive, apuesta al movimiento y la metamorfosis, tinta y taninos mediante. Un poemario autobiográfico en el mejor sentido del término. Acaso el poema en alemán “Montchenot” sea una de las muestras más fieles.
Matar el tiempo con vino y sin smartphone puede valer más la pena que un lacanismo gepetero, como el de mi amigo cuando el año despuntaba. ¿Por qué 75 catas y no 100 o 101?, ¿hasta dónde se puede beber?, ¿hasta dónde escribir? El número es arbitrario, un simple freno a la proliferación de la farra escritural bien fermentada.
En “PASACANA”, blend de malbec, cabernet y syrah jujeño, Lupette esboza, con aires gombrowiczianos, una posible respuesta: “(…) Hojas solanales me han puesto los zapatos de la frescura materna, pero terminan ajustándome el cinto de la lengua. ¿Quién tendrá más largo aliento, se quedará último respirando? Tictac. Tictac. Tictac. Tic”.
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GRAN LURTON CORTE FRIULANO.
Piedra Negra, Tocai Friulano, Pinot Gris, Chardonnay, Torrontés, 2010, 13,5%.
Bella la escapé: la cicuta cortada en el cementerio de autos y sol. Por donde me incline, bastiones hospitalarios soberanamente en peligro. Abejas extraen resina del cedro y en sus colmenas fabrican una nafta reciente y añeja. Avellanas tostadas en petróleo frutillan al fin la pizarra, no sé si no un contrapunto.
HÉCATE
Vermut blanco, seco-floral, Matías Heer, 17%
Hierbas que parecen no pertenecer. Tardes. Francesas e infantiles. Me corrijo: lo que no pertenece soy yo, o mi lengua. No se sabe si están exiliados los yuyos, los pastitos, si mi boca. Lo que entra y sale de esta cueva es el exilio mismo, mi barcocaballo, multifurcación macerada en vestigioso camino, aunque alguna engrabadura quiera hacernos creer que sea la Camarga. & menos amarga.
SIETE HECTÁREAS DE BLASIS
Matías Riccitelli, Cabernet Sauvignon, Las Compuertas, Viña de 1928, Rendimiento 50 QQ por ha., cosecha manual, 12 meses en barrica de roble francés, reposo en cava subterránea, 2014, 14,9%
Nos reescudriñamos. El oteador que me agarra del brazo a veces un poco muy confianzudo en nuestra entrevista de pronto es una señora muy elegante que ha cambiado el oro cohesivo por empaste esmerilante de nuestros no dichos. Es mero embalse quizás de agotamientos: ya no recuerdo qué angustia es la prima hermana de cuál puja, ni cuál oferta carece de mandamiento. La elegancia viene con paliza.
MONTCHENOT
Vino Tinto Fino, Mendoza, 1989, 12,7%
Alles ziert sich, warum ziehst du mich hier raus. Die Walderdbeeren waren anständig Pilze sammeln, Marmelade zu werden hatten still sie sich angeschickt, doch ich machte sie zu Punsch. Die Füchse bringen kalten Feigenkaffee mit Cognac zum Plausch, und kalt ist von ihren Zigaretten die Glut. They change, still there is punch after punch. Aufmüpfig werden die Erdbeeren, aufständig. Im Hintergarten legen sie Paprika auf den Grill.
MONTCHENOT (traducción nuestra)
Vino Tinto Fino, Mendoza, 1989, 12,7%
Todo está en su lugar, ¿por qué me sacás de aquí? Las frutillas silvestres estaban recogiendo hongos como es debido, se habían dispuesto en silencio a convertirse en mermelada, pero yo las convertí en ponche. Los zorros traen café frío de higo con coñac para charlar, y está fría la brasa de sus cigarrillos. Cambian, pero sigue habiendo ponche tras ponche. Las frutillas se vuelven rebeldes, insurrectas. En el jardín trasero ponen ajíes en la parrilla.
MOSCATEL PINK PANTHER.
Vía Revolucionaria, Mendoza, 2019, 10,5%.
Los volcanes de la fatiga. Vuelca Leviatán. Lava turbia donde grumos levantan flote. Levan; levitan: neblina de asteroides. Constelaciones, borras borran. Me consta – una guayaba del gua’i, cual música errante, se equivoca de noche, o de patio. ¿A quién le abrirá las puertas de su mosto?

75 CATAS
Léonce W. Lupette
Fadel & Fadel
2025
86 pp.

