Literatura.Restos de conversación, ruinas ideológicas, materiales de descarte. Los poemas de Lucas Benielli (Buenos Aires, 1986) construyen sentido por acumulación: una deriva babélica donde la memoria política, la cultura pop, el lenguaje técnico y la intimidad conviven bajo un mismo cielo gris. Adelanto del libro ganador del Premio de Poesía Rapallo 2025 y publicado por la misma editorial. Fragmentos, repeticiones y desvíos; una épica degradada del presente.
Hablamos de una panorámica nocturna
hacia el final de un libro que muestra
el siglo veinte en la ciudad de Berlín.
Es una foto a color, en página doble:
calles vacías, reflejos de luz en los charcos,
en la cima de un edificio
el logotipo brillante de Grundig
se hunde en un cielo gris secundario.
Sobre la mesa de arte y recetas, el libro,
segundo piso de una librería
en Cabildo y Juramento. ¿Trajiste paraguas?
Esperemos, dijiste. Hagamos un poco de tiempo.
*
Las nubes grises hacen del cielo
una cuestión secundaria. El resultado
no aseguró la victoria: el pasado llegó
hasta nosotros, como un lento fundido
a negro que no hace más que sumarle
minutos al filme. Fuimos testigos,
instrumentos de algo que no pudo
ser el final de la historia. Olvidamos
el cruce de carretas, las discusiones,
los techos de lona que bajo la lluvia
nos dieron refugio. Hasta acá nuestro
siglo: lo que suceda a partir de ahora
será una repetición de eventos menores,
incapaces, por su torpeza, de conmover
al jurado. Como una ciudad en la noche
algo crece en silencio, fuera de foco.
*
No era el final de la historia
—llevá paraguas, el cielo está negro
sobre la mesa de arte y recetas
como si el olvido pudiera:
esperemos, dijiste
con la intención de reconocernos.
La quietud de la noche
enraizada, fluorescente
en la memoria
algo se esconde
calles vacías, reflejos de luz en los charcos
algo se pierde.
*
V
Las expresiones de odio dan nombre a las épocas
y, antes de ser olvidadas, las ideas se emancipan
de su imagen sonora: lo demás son distorsiones
por influencia del encuestador. Estos esquemas
son parte del acontecimiento —no tanto del hecho,
sino de qué manera lo relacionamos con el antes
y el después de su emergencia. Se acerca el día
en que la historia desaparece bajo los médanos
que levantó su palabra —como una lengua de tierra
—no tengas miedo, no soy un manual de autoayuda:
si algo rescato de mi viejo, es su ejemplo en la lección
de ser irresponsable. Por caso: me enviaron a firmar
con una empresa de celulares, compré cien equipos,
los guardé en una bolsa de basura y volví caminando
—de su obra nos quedamos con lo más divertido.
*
VII
No tiene sentido pensar que fueron las ruinas
lo que anticipó el terremoto —carece de lógica,
pero define las elecciones. Aceptar el desgaste
a través de los años, la erosión de la doctrina
en aspectos tangibles como perseguir una mosca
o arrojar una piedra —no tiene sentido lucirse
en destrezas inútiles, porque nadie quiere verse
enredado entre los cables más altos y peligrosos
de sus mentiras, como nada enjabona las manchas
que deja el tiempo en nosotros —era casi sin uso,
como huella de perro en cemento —ni los burletes
repelen el frío que viene del parque este invierno.
Izamos bandera en una patria fundada dos veces
para afiliar a muchos más compañeros. En serio,
apenas se ve que es usado. Lo vendí como nuevo.
*
X
Degradarme era solo una estrategia entre varias
para alcanzar mis objetivos —un entrenamiento,
como pasarme la noche viciando contra non player
enemies de la menor dificultad. Ganar experiencia
era más fácil en los primeros gobiernos con la ventaja
de los micropagos, aunque es verdad que se aprende
cuando se hace el corte incorrecto y explota. Crecimos
a base de introducciones, educados en el ejemplo
de ser irresponsables —que lo dicho no suene a queja
o tratado económico de utilidad marginal —vas a decir
que el desarrollo fue plano, con un final reprimido,
vas a decir que estuvo mal hecho desde el comienzo
y que las buenas intenciones fracasaron por la baja
calidad de mi acrobacia, una pirueta a ras del suelo,
un monólogo líquido que no alcanzará a propagarse.

Lucas Benielli nació en Buenos Aires en 1986. Es egresado de la carrera de Historia por la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires), donde dio clases sobre Historia y Cine Latinoamericano. Inició su formación literaria en los talleres de Marcelo Guerrieri y Federico Falco, pero siguió su aprendizaje a pura prepotencia de trabajo. Tiene dos libros de cuentos inéditos.


