Especialistas señalan que muchas familias todavía enfrentan las consecuencias de la crisis de ingresos de 2024. El endeudamiento y la pérdida de ahorros aparecen como dos de las principales estrategias para llegar a fin de mes.

El último informe del Indec ubicó la pobreza en el 28,8% durante el segundo semestre de 2025, muy por debajo del pico registrado a comienzos de 2024. Sin embargo, distintos especialistas advierten que la mejora reflejada en los indicadores no alcanza a mostrar el impacto que dejaron los meses de mayor deterioro económico sobre los hogares, muchos de los cuales debieron recurrir a sus ahorros o tomar deudas para sostener el consumo cotidiano.
Un estudio elaborado por investigadores del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires sostiene que las estrategias desplegadas por las familias durante la crisis siguen condicionando su situación económica actual. Según el trabajo, el uso de ahorros fue una de las principales respuestas frente al salto inflacionario posterior a la devaluación de fines de 2023. Con el paso de los meses, esos recursos comenzaron a agotarse y creció el recurso a préstamos bancarios, financieros y personales.
Los investigadores también destacan que el mercado laboral atraviesa transformaciones que afectan la calidad de los ingresos. Aun entre quienes tienen empleo, una porción importante de los trabajadores percibe ingresos por debajo de la canasta de pobreza, lo que obliga a muchos hogares a complementar recursos mediante endeudamiento o incorporando nuevos integrantes al mercado laboral, frecuentemente en actividades precarias.
En ese contexto, el acceso al crédito se convirtió en una herramienta cada vez más utilizada para cubrir gastos corrientes. Sin embargo, las tasas de interés que enfrentan los sectores de menores ingresos suelen ser significativamente más elevadas. Mientras los créditos bancarios presentan costos variables según la entidad, quienes quedan excluidos del sistema financiero formal suelen recurrir a billeteras virtuales, financieras o préstamos personales con condiciones considerablemente más onerosas.
Las consecuencias comienzan a reflejarse en los niveles de morosidad. De acuerdo con datos del Banco Central, el porcentaje de hogares con dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras mostró un fuerte crecimiento durante el último año, especialmente en el segmento de créditos personales. Para los especialistas, este fenómeno revela que una parte de la recuperación observada en los indicadores sociales convive con una situación de fragilidad económica que no siempre aparece reflejada en las mediciones tradicionales.
La investigadora Mariana Sosa explicó que muchas familias atravesaron la crisis inicial utilizando recursos acumulados previamente, pero que esa posibilidad fue perdiendo peso con el tiempo. En paralelo, creció la necesidad de recurrir a financiamiento externo y también se observó una mayor participación laboral de integrantes del hogar que anteriormente permanecían fuera del mercado de trabajo, incluidos jubilados que volvieron a buscar empleo para complementar ingresos.
En la misma línea, el economista Claudio Lozano sostuvo que parte de los hogares que lograron superar la línea de pobreza lo hicieron después de haber consumido sus ahorros o asumido deudas. Según planteó, esa situación implica que los ingresos actuales no reflejan completamente las obligaciones financieras acumuladas durante los meses más críticos, lo que reduce la capacidad real de consumo de muchas familias.
El debate, señalan los especialistas, gira en torno a cuánto de esa mejora registrada por las estadísticas responde a una recuperación sostenible y cuánto se sostiene sobre mecanismos extraordinarios como el endeudamiento, el pluriempleo o el agotamiento de recursos familiares acumulados durante años anteriores.


