Reseña por Léonce W. Lupette.Una lectura que trasciende el análisis temático del volumen para indagar en su arquitectura profunda. A partir de la figura del «miembro fantasma» como metáfora de aquello que persiste tras la pérdida, el libro encuentra su verdadera unidad en una reflexión sobre los modos en que la literatura reconstruye el pasado, configura la identidad y enfrenta los dilemas éticos de la ficción.
El leitmotiv de estos cuentos es una paradoja sensorial-anatómica, la cual se expande metafóricamente a los mundos interiores de los personajes y, por extensión, a la sociedad: un miembro roto o enfermo se amputa, pero la percepción del dolor de ese miembro persiste; lo amputado nunca desaparece del todo y sigue operando de manera lacerante. Sea el cuerpo que pasa factura, sea una adicción, sea un episodio determinante o traumático del pasado.
Trías suele trabajar desde una emoción central que genera el hilo narrativo y que constituye el eje de los personajes y su lenguaje: el desamparo y la paranoia en La azotea, el miedo en Mugre rosa, la ira en El monte de las furias, y esa forma de construir el relato es lo que brinda a los textos y sus protagonistas aquella interioridad profunda y plástica que caracteriza la escritura de Trías y que a su vez establece detalladas perspectivas sobre el mundo que habitan (y que habitamos). Trías trabajó de traductora especializada en medicina, y por ende lo medicinal, la enfermedad y los trastornos son instancias verosímiles en la obra de la autora, más allá de la cercanía biográfica y personal de algunas temáticas. Eso hace que el hecho de metaforizarlas y de enmarcarlas en un contexto social más amplio no deviene en una estetización arbitraria. Buena parte de estos personajes son mujeres situadas en entornos hostiles y hasta distópicos. Asimismo, los diez cuentos de Miembro fantasma se componen, en su mayoría, alrededor de protagonistas desconcertadas, solas, adictas, alcohólicas, decepcionadas, traumadas, excluidas. La vida aparece como algo frágil e incierto, en constante peligro, y eso vale tanto para la vecina preocupada por un asesinato frente a su edificio en Bogotá en plena pandemia (en De frontera solo el aire), para las y los adolescentes en un centro de recuperación (en Si el mundo parara de hacer lo que hace) como para las escritoras exitosas (Ciclón) o las madres de familia de clase media (Intimidad irremplazable). La duda sobre la propia existencia es incesante y está omnipresente: «Siempre había pensado que esa falta de valor se la debía a su madre, que nunca había confiado en que una mujer pudiera hacer algo grande. Ella creció oyendo eso, y ahora se sentía una impostora cada vez que una idea le rondaba la cabeza. Ay, pichón, ojalá no seas mujer», le dice una de las protagonistas a un pajarito. Las estructuras patriarcales atraviesan todas las esferas, y hasta un grupo de foco en el ámbito editorial razona: «En la tarjeta decía que íbamos a conocer al escritor. ¿Será famoso? Ojalá sea famoso. ¿Quién será? No. Es una mujer. ¿Es mujer? Dice acá que es mujer. Ahhh. Es verdad. Con razón. Pensé que era alguien famoso.»
Pero no son estos los únicos hilos conductores del libro. Cuando el crítico Joaquín Castillo subraya con énfasis que se trataría de «un libro irregular» con «varios cuentos que no están del todo bien ejecutados», que «no todo el volumen es merecedor de aplausos», «que adolece de problemas» (para luego presentar con un gesto algo altanero los «cuatro o cinco relatos [que] sí ven desplegarse las grandes habilidades de Trías»), y que «lo irregular del volumen hace que varios [cuentos] queden, sin duda, en el mayor de los olvidos», lo hace sin grandes fundamentos ni ejemplos concretos, y se omite la dimensión estructural que nos obliga a leer este libro como conjunto. En ese sentido arriesgaría constatar que además de las temáticas sociopolíticas y de género, Miembro fantasma es también una reflexión sobre la escritura a distintos niveles. Si bien el centro del libro, el cuento que le da el título, no tematiza la escritura en sí, es el texto con el que por primera vez la autora logra escribir sobre la dictadura uruguaya desde su experiencia infantil, algo que se había propuesto desde hace mucho tiempo, y es un texto que tiene que ver con la narración, dado que consiste exclusivamente en la voz de un hombre contándole su doloroso pasado montevideano a un desconocido, y las implicancias que tiene este pasado para sus acciones presentes y futuras. La narración aparece como construcción y reconstrucción de ese pasado para poder llevarlo al presente y actuar sobre él, justamente para que no sea un miembro fantasma. Otro cuento, Ciclón, en el que una famosa escritora, ahora muy enferma, pide, luego de años sin contacto, la visita de una vieja amiga de infancia y juventud, trata de lo no confiable que puede resultar el uso del pasado como material de escritura ficcional y de las heridas e inseguridades que eso puede infligir en otras personas implicadas en los sucesos, pero que los recuerdan de forma muy distinta – y por otra parte el ser inestable y poco fiable es una de las características principales de las narradoras y narradores en la prosa de la autora. Toda la estructura de este tomo se compone alrededor de la escritura como acto, ya que el libro abre y cierra con cuentos que ofrecen una mise en abyme al presentar personajes que se constituyen a sí mismos a través de distintos actos de escritura, Personaje en construcción y Última carta a Claudia. ¿Cuál es la responsabilidad autorial frente a la ficcionalización de sucesos biográficos o históricos? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo se constituye una persona mediante su propio relato frente a sí misma y frente a otros? ¿Cuál es el rol de la literatura en conectar pasado y presente? Con Miembro fantasma, Fernanda Trías plantea de manera performática aspectos éticos de la escritura sin tomar o insinuar respuestas fáciles.

Miembro fantasma
Fernanda Trías
Páginas de Espuma
2026
145 pp


