LA DESIGUALDAD VOLVIÓ A CRECER: LA MITAD DE LA POBLACIÓN VIVE CON MENOS DE $16.666 POR DÍA

El informe del INDEC sobre distribución del ingreso mostró que los ingresos crecieron por debajo de la inflación durante el último año. Los trabajadores registrados perdieron 5% de poder adquisitivo y los informales, 6,2%. El 10% más rico concentra más del doble del ingreso que el 40% más pobre.

El informe del INDEC sobre distribución del ingreso mostró que los ingresos crecieron por debajo de la inflación durante el último año. Los trabajadores registrados perdieron 5% de poder adquisitivo y los informales, 6,2%. El 10% más rico concentra más del doble del ingreso que el 40% más pobre.

Hay un dato que resume el deterioro de los ingresos durante el último año: la mitad de la población tuvo un ingreso per cápita de hasta $500.000 mensuales durante el segundo trimestre de 2026. Traducido a un promedio diario, son unos $16.666 por persona. El dato surge del informe de distribución del ingreso que publicó el INDEC a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

La medición también muestra que los ingresos quedaron nuevamente por detrás de la inflación. En el conjunto de la población, aumentaron 29,3% en términos nominales durante el período analizado, frente a una inflación acumulada de 33,2%. Eso implica una pérdida de 2,9% en términos reales.

El retroceso no se repartió de manera uniforme. El ingreso medio per cápita aumentó 28% y llegó a $688.496, pero perdió 3,9% de poder adquisitivo en un año. En el extremo inferior de la distribución, el ingreso promedio por persona fue de $260.839, mientras que en el decil de mayores ingresos alcanzó $1.672.291.

Una brecha que volvió a ampliarse

El deterioro también aparece en el principal indicador utilizado para medir la desigualdad. El coeficiente de Gini pasó de 0,424 a 0,428 en un año, lo que refleja un empeoramiento en la distribución de los ingresos.

La distancia entre los extremos de la sociedad se expresa también en la participación sobre el ingreso total. El 10% de mayores ingresos concentró el 32,3% del total, mientras que el 40% de menores ingresos recibió en conjunto apenas el 15,2%.

La relación entre ambos extremos también es significativa: el ingreso del 10% más rico fue unas 13 veces superior al del 10% más pobre.

El valor de la mediana permite observar el problema desde otra perspectiva. A diferencia del promedio, ese indicador divide a la población en dos mitades y evita que los ingresos más elevados distorsionen el resultado. En el segundo trimestre, la mediana per cápita fue de $500.000.

Trabajar tampoco alcanzó para recuperar lo perdido

El informe del INDEC también muestra el retroceso entre quienes tienen un empleo. Entre las personas ocupadas que percibieron ingresos, el promedio fue de $1.129.527, mientras que la mediana quedó en $900.000. Es decir que la mitad de los ocupados tuvo ingresos iguales o inferiores a ese monto.

La diferencia entre ambos valores refleja, entre otras cosas, la fuerte dispersión existente dentro del mercado laboral. Para los primeros cuatro deciles, ordenados según el ingreso de la ocupación principal, el promedio fue de $415.012. En los deciles medios llegó a $1.095.227 y entre los dos sectores de mayores ingresos alcanzó $2.629.678.

Entre los asalariados también aparece una pérdida de poder adquisitivo. El INDEC estimó 9,4 millones de personas asalariadas con ingresos, con un promedio de $1.161.833.

Los trabajadores registrados tuvieron un ingreso promedio de $1.433.794. Aunque el aumento nominal fue de 26,5% interanual, quedó por debajo de la inflación y representó una caída real cercana al 5%.

La situación fue todavía más desfavorable entre los asalariados sin descuento jubilatorio. El ingreso promedio de los trabajadores informales alcanzó $706.204, con una suba nominal del 24,9% en un año. Frente a la inflación del período, eso significó una pérdida real del 6,2%.

El cuadro que deja la EPH vuelve a poner en cuestión la relación entre empleo e ingresos: tener un trabajo asalariado no garantiza por sí mismo superar una situación de vulnerabilidad económica. Mientras los ingresos laborales avanzaron por debajo de los precios, la desigualdad medida por el Gini volvió a aumentar y la distancia entre los sectores de mayores y menores ingresos se amplió.

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