La participación de los salarios en el producto cayó al 42,9% en el segundo trimestre de 2026, mientras las ganancias empresarias aumentaron. El deterioro del empleo registrado y el avance del trabajo informal profundizan la pérdida de ingresos.

La política económica de Javier Milei profundizó la transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia las empresas. Según datos del INDEC, en los primeros seis meses de 2026 la pérdida de participación de los salarios en el producto equivalió a unos $10,3 billones, cerca de US$ 6.800 millones, que pasaron a engrosar principalmente los excedentes empresarios.
El informe de Cuenta de Generación del Ingreso e Insumo de Mano de Obra del organismo estadístico reveló que, durante el segundo trimestre, las remuneraciones al trabajo asalariado representaron apenas el 42,9% del valor agregado bruto (VAB), frente al 45,37% registrado en el mismo período de 2025. En sentido contrario, las ganancias empresarias alcanzaron el 44,7%. El ingreso mixto, correspondiente principalmente al trabajo por cuenta propia y a los emprendimientos familiares, explicó el 13,2% restante.
El retroceso se produjo después de que la participación salarial perdiera otros 1,8 puntos porcentuales durante el primer trimestre. La comparación interanual del segundo trimestre muestra una caída de 2,43 puntos en la porción correspondiente a los asalariados y un incremento de 2,8 puntos en el excedente de explotación. La tendencia contrasta con los niveles alcanzados en 2017, cuando los salarios representaban el 50,2% del VAB.
El deterioro de los ingresos coincide con la defensa que el secretario de Trabajo, Julio Cordero, hizo de la reforma laboral y de la Ley Bases ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados. El funcionario sostuvo que la legislación laboral había tenido un “impacto muy positivo” en el país. Los datos oficiales muestran, sin embargo, que la distribución del ingreso evolucionó en favor de las empresas y en detrimento de los trabajadores.
Más informalidad y menos empleo registrado
La caída de la participación salarial se explica por la combinación de salarios reales debilitados, contracción del empleo formal y expansión de modalidades laborales precarias. Según el INDEC, los puestos asalariados disminuyeron un 0,8% interanual durante el período analizado: el empleo registrado cayó un 1,4%, mientras que el informal creció un 0,5%. El trabajo por cuenta propia, por su parte, aumentó un 3,9%.
El economista Claudio Lozano, director del Instituto del Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), señaló que el crecimiento de los puestos de trabajo se concentró en las modalidades más vulnerables. En términos absolutos, se incorporaron 101.000 puestos, pero los asalariados registrados disminuyeron en 156.000. En cambio, los puestos no asalariados aumentaron en 230.000 y los asalariados no registrados, en 28.000.
La brecha salarial entre ambas modalidades también da cuenta de la precarización: según un informe de la consultora ExQuanti basado en la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, los ingresos de los trabajadores informales equivalen al 49,28% de los que perciben los asalariados registrados.
Lozano explicó que la diferencia en la evolución de los ingresos y las ganancias permite entender el desplazamiento en la distribución del producto. En un año, la masa salarial creció un 29,6% nominal, frente al 32,9% del ingreso mixto y al 46,2% del excedente de explotación. En algunas actividades, la brecha fue todavía mayor: las ganancias aumentaron más del 70% en los sectores primarios y un 157% en electricidad, gas y agua.
Mariana Sosa, investigadora del Grupo de Estudios sobre Movilidad y Desigualdad Social de la UBA, advirtió que detrás del crecimiento del cuentapropismo se encuentra un deterioro de las condiciones laborales. Según señaló, parte de los trabajadores despedidos del empleo formal termina en actividades informales y de baja calificación, con ingresos que rondan la mitad de los que percibían anteriormente. El pluriempleo y la extensión de las jornadas aparecen, además, como estrategias para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
La pérdida salarial también empuja la pobreza
La distribución regresiva del ingreso coincide con un nuevo deterioro de los indicadores sociales. De acuerdo con ExQuanti, la pobreza alcanzó al 34,4% de la población en el segundo trimestre de 2026, frente al 29,9% del último trimestre de 2025 y al 31,8% del mismo período del año pasado.
En términos absolutos, la cantidad de personas pobres aumentó un 9% interanual, desde 15.063.409 hasta 16.447.274. La evolución acompaña la caída de la participación de los salarios en el producto y refleja las dificultades de los hogares para sostener sus ingresos frente al costo de vida.
El retroceso salarial no es un fenómeno nuevo, pero se profundizó durante la actual gestión. En el segundo trimestre de 2023, las remuneraciones representaban el 44,1% del VAB; en 2024 habían caído al 43,14%, y en 2025 se recuperaron hasta el 45,37%. El registro actual constituye el más bajo del gobierno de Milei y se ubica 7,26 puntos porcentuales por debajo del máximo de 2017.
La diferencia equivale, a valores actuales, a unos $70,7 billones o US$46.000 millones anuales. El balance de los primeros seis meses de 2026 muestra así una economía en la que el crecimiento de las ganancias empresarias supera ampliamente al de los ingresos laborales, mientras el empleo formal pierde terreno y más trabajadores deben recurrir a ocupaciones precarias para llegar a fin de mes.


