Literatura. Filiación, duelo, memoria; escenas que reproducen la lógica emocional de la niñez. Una prosodia acorde: la respiración compartida / la respiración del poema. Estos textos de Gonzalo Montenegro (Grand Bourg, 1997) son un conjunto elegíaco en torno a una figura abierta que más que un hombre es un devenir: padre, hijo, monstruo, trabajador, cazador, enfermo, ceniza.
CONVERSACIÓN.
Un día mi padre fue mi padre
otro día mi padre fue mi hijo
días después, mi padre
fue un cántaro de flores
polvo de su cuerpo y yo
el guardián de la vasija.
Un tesoro abandonado
en el cinerario parroquial.
Entonces ahora mi padre
se confunde con un templo.
Yo lo busco cada vez que paso
cerca
y charlo.
EXHALACIÓN.
En la última cama de la última habitación
del último piso del hospital
mi padre me regala en soledad
las últimas bocanadas de su tiempo.
Miro atento su boca entreabierta
como si estuviera dándome
la última gran lección:
Vos que sos poeta, mirá bien.
Esto es lo que cuesta la vida hijo.
Hay una danza milenaria
de morfina y tramadol
bailando en su sangre
entonces saco de mi campera
el poema final.
Pienso en cada lugar donde
intenté conmover a alguien y nada
se asemeja a este momento.
Esta noche daré / el recital de poesía
más importante de toda mi vida
Acepto mi destino y me preparo:
con sosiego acerco mi silla / a su cama
Rozo con mis dedos los barrotes
que contienen la fragilidad
no hay oncólogos ni enfermeros
no hay micrófono ni sonidista
nadie presentará mi biografía ni
aplaudirán al oír el nombre que me diste.
La exhalación de mi padre
se parece a un trueno antiguo
raja las paredes del instituto
exige el verso que lo lleve
al otro lado
En esta noche de muerte
solo estoy sentado
entre caronte y el estigia
Demoro la lectura porque sé
conozco mi propio corazón.
Respiro / exhala
oprimo su mano.
La carga injusta
Respira / exhalo
tiembla la hoja
en penitencia.
Empiezo a despedirme para siempre.
El mar es traicionero como mi padre.
Acá mi padre me lleva / entre olas de la mano / mar adentro soy un niño
y no sé nadar ni un poco / Él levanta mi cuerpo / del brazo
cada vez que el agua / me amenaza con su altura
respiro profundo / ante cada arremetida / por las dudas / desconfío bienquehago / porque mi padre / para nadar me suelta
bajo este tsunami / Dios Mío lo veo gigante / me revuelca
soy un pez boyando bajo el agua / que en su primer día / morirá
pero antes reconozco / la vida marina / bajo el mar de Santa Clara
papá me soltaste y una mano / su mano / toma mi muñeca y me eleva
hasta, yo creo el cielo, y respiro / luego el llanto / cuánto / mucho
ME SOLTASTE! le grito / mientras giro la cabeza / hacia la orilla
la playa es tan hermosa
busco los rizos / dorados de mi madre / y corro llorando
con arcadas de sal / hasta sus brazos / huyo de aquel monstruo
como quien huye / de la traición / del abandono
corro tanto que el oleaje / no puede alcanzarme / y me derrumbo
a los pies de una señora / que pensé / era mi madre
pero no. Es tan hermosa / pero es otra / y ahora estoy perdido
que me alcen / que aplaudan por mí / que todos digan
“pelotudos los papás” / de este nene / huérfano y ahogado
pero no. Nadie hace nada / y mar adentro escucho / la carcajada
contundente de mi padre que atraviesa
de punta a punta la costa atlántica
y mi corazón.
En el monte más oscuro
mi padre corre en los desiertos del paiva
Una laguna, un tren que lo atraviesa cada tanto
su cuerpo ágil, panteroso
a la caza de un cacuy
y la laguna que espeja su salvajismo
El grito de jesús
mi abuela, su protectora
haciendo eco en el vacío
del monte negro como un ruiseñor
La cena está en la mesa.
Se desvaneció el tiempo de mi padre
ante los ojos de dios
pero lo retrocedo en la palabra
lo hago joven lo experimento en
su jovial corazón
con la gomera en sus manos
desafía en el poema, mi padre,
la ley del tiempo amplío la mirada
y lo vuelvo pajonal
Su enfermedad me existe, me preexiste, me subsiste
pero no interfiere en su verbo ser
ni en su niña ferocidad
Mi padre, del monte negro
hijo de ferroviario, tejedor textil
protector del frío, lobo de la estepa
sabrá reírse
sabrá recordar
sabrá curarse
sabrá morir.
Linaje familiar
Cuando hablo expulso mi rastro familiar
de estibadores y ferroviarios
entonces digo muchas veces con cuidado
yo, sindicalista del descanso
mancho el nombre de mis antepasados
mancho el nombre de mi padre quien
hizo florecer con su tejido la maquinaria
de la industria familiar. Y todavía tuvo
tiempo de abrazarnos y envolver
con su olor a hilo mi recuerdo.
Cuando hablo expulso mi rastro familiar
de borrachos y faloperos
entonces digo muchas veces con cuidado
menos los días en que un poco triste
retomo tradiciones y hago patria
abro la boca y despido el relámpago.
Hablo del pasado como un campo ligero
no sustraigo endorfinas del tiempo.
Recuerdo con lo justo, lo inventado,
como si fuera un bebé que siempre
está naciendo. O siempre está muriendo.
El tiempo hacia atrás es un toro de sombra
hacia adelante una probabilidad de desierto
por eso cuando hablo, así como mis abuelos
como mi padre, y mis abuelas, así como mi madre,
creo un linaje, un imperio de palabras que espero
albergue a todos y al final
caiga.

Gonzalo Favio Montenegro nació en Grand Bourg en 1997. Es poeta y editor en la revista Flor de Ave. Coordina un ciclo de poesía en el noroeste llamado Ciclo Verso y el taller de lectura y escritura anual “una pena estrordinaria”. Participó del Poesía Ya! y Ciclo de Lectores en la Cúpula organizado por el Centro Cultural Kirchner, Feria internacional del libro 2023, 2024, y otros numerosos ciclos de poesía. En 2023 publicó Declaración jurada por Patronus Ediciones y actualmente se encuentra terminando su segundo libro que saldrá por editorial Ineditados.


