EL SALARIO MÍNIMO ACUMULA UNA PÉRDIDA DEL 38% DURANTE LA GESTIÓN DE MILEI

Un informe de la UBA advierte que el ingreso mínimo legal perdió más de un tercio de su poder adquisitivo en los últimos dos años y medio. Actualmente representa apenas una cuarta parte de la canasta básica familiar y se encuentra en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.

Un informe de la UBA advierte que el ingreso mínimo legal perdió más de un tercio de su poder adquisitivo en los últimos dos años y medio. Actualmente representa apenas una cuarta parte de la canasta básica familiar y se encuentra en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.

El deterioro del salario mínimo, vital y móvil continúa profundizándose. De acuerdo con un estudio elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el poder de compra de esa referencia salarial cayó un 38% desde la asunción de Javier Milei y acumula una pérdida del 66% en los últimos quince años. Desde junio, el monto vigente es de $367.800, una cifra que queda muy lejos de los ingresos necesarios para cubrir las necesidades básicas de una familia.

El informe señala que la principal causa de esta caída es que las actualizaciones del salario mínimo quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación. Durante la actual gestión, el incremento nominal alcanzó el 136%, mientras que los precios acumularon una suba cercana al 312%. Según estimaciones del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (Ceheal), el salario mínimo equivalía a más de un millón de pesos actuales en 2011, casi tres veces el valor vigente.

Los investigadores también remarcan las dificultades de funcionamiento del Consejo Nacional del Salario Mínimo, el ámbito donde empresarios, sindicatos y Estado deberían acordar periódicamente los ajustes. Ante la falta de consensos, el Gobierno terminó definiendo los aumentos de manera unilateral, una dinámica que, según los especialistas, contribuyó a la pérdida de valor real de la remuneración mínima.

La evolución del salario mínimo tiene consecuencias que van más allá de los trabajadores que perciben ese ingreso. Jubilaciones, becas educativas, asignaciones y distintos programas sociales utilizan ese parámetro como referencia, por lo que su retraso impacta sobre amplios sectores de la población. Desde el Ceheal sostienen que mantener deprimido ese indicador también reduce el gasto asociado a esas prestaciones.

La comparación histórica refleja la magnitud del retroceso. Cuando se creó el salario mínimo en 1964, durante la presidencia de Arturo Illia, su poder adquisitivo equivaldría hoy a cerca de $1,8 millones. Con aquel ingreso era posible adquirir varias veces más bienes y servicios que en la actualidad. Para los especialistas, el monto vigente ya no cumple con los principios de ser “mínimo, vital y móvil”, ya que no garantiza un nivel de vida acorde a las necesidades básicas ni preserva el poder de compra frente a la inflación.

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