Con una Plaza de Mayo colmada, organismos de derechos humanos y cientos de miles de personas volvieron a exigir información sobre los desaparecidos. Denunciaron el rumbo económico del Gobierno y alertaron sobre el retroceso en políticas de memoria.

Una movilización masiva y extendida sobre avenidas y diagonales marcó el 24 de marzo a 50 años del golpe, en una jornada atravesada por críticas al discurso oficial y una consigna dominante: “Que digan dónde están”. Frente a la Casa Rosada, Madres, Abuelas, sobrevivientes y familiares encabezaron el acto central, acompañados por una multitud que sostuvo fotos de desaparecidos y volvió a poner en primer plano el reclamo por los nietos que aún faltan recuperar.
El documento consensuado entre los organismos apuntó directamente contra el Gobierno de Javier Milei, al que acusaron de sostener un modelo económico en línea con el implementado durante la dictadura, basado —según señalaron— en la valorización financiera, la desindustrialización y la primarización. También cuestionaron las reformas impulsadas en materia laboral, previsional y tributaria, y advirtieron que implican un retroceso en derechos históricos, además de requerir, según denunciaron, un marco de represión para su aplicación.
Durante la jornada también hubo fuertes críticas al negacionismo estatal y al desmantelamiento de políticas públicas vinculadas a memoria, verdad y justicia. Los organismos alertaron sobre el vaciamiento de espacios de memoria, la reducción de áreas clave como el Banco Nacional de Datos Genéticos y la Comisión por el Derecho a la Identidad, y las dificultades para avanzar en la búsqueda de los casi 300 nietos apropiados que aún no recuperaron su identidad.
La situación judicial de los represores fue otro de los ejes: denunciaron que la mayoría de los condenados goza de prisión domiciliaria y que una parte significativa de los investigados permanece en libertad. Además, rechazaron el protocolo antipiquetes y otras medidas oficiales que, según sostuvieron, afectan el derecho a la protesta, al tiempo que reclamaron la liberación de distintos dirigentes y detenidos considerados presos políticos.
Hacia el final del acto, una de las imágenes más potentes se dio cuando, a pedido de Taty Almeida, miles de personas alzaron las fotos de los desaparecidos frente a la Casa de Gobierno. Con la plaza desbordada, el cierre volvió a condensar el sentido de la jornada en una consigna histórica que resonó con fuerza: “30.000 detenidos-desaparecidos, presentes, ahora y siempre”.


