La ansiedad del oficialismo por 2027 y el intento del presidente para proyectarse como líder de la derecha latinoamericana, las consecuencias diplomáticas de la visita de Milei en Brasil, la persistencia de Cristina como figura central pese a su proscripción y la presentación ante la ONU, el decreto sobre expulsión de extranjeros y la visita de Kristalina Georgieva; por Martín Gambarotta.
Hay una corriente de ansiedad subterránea que ahora domina las acciones del partido de Gobierno. Se nota en la proliferación de encuestas. Falta más de un año para las elecciones presidenciales, pero ya el oficialismo y sus servidores se preguntan si es posible que el Presidente libertario Javier Milei gane en primera vuelta. Los nervios demuestran que es difícil que Milei se imponga si tiene que ir a una segunda vuelta.
La segunda vuelta electoral fue una invención francesa para evitar el triunfo de partidos extremistas, sobre todo del Partido Comunista. Ahora ese sistema se le presenta como un obstáculo electoral a la extrema derecha.
La mayoría de la población no llega a fin de mes. Milei, pareciera, tiene más enemigos que amigos. La reelección de Milei no es imposible, sus asesores le diseñan actividades en un intento de pintarlo como un estadista regional de la nueva derecha.
Milei enfiló hacia Brasil para apoyar la candidatura presidencial de un ultraderechista que se enfrenta en octubre al Presidente Lula da Silva, un progresista. Lo que siguió en Brasil fue Milei lanzando una batahola de insultos contra Da Silva durante un acto, lo trató de “presidiario”. Milei acusó a Da Silva de haber apoyado activamente al peronismo en las elecciones presidenciales de 2023. El presidente argentino también atacó con violencia a autoridades judiciales de Brasil.
Quirno declaró que la administración libertaria prepara una “cumbre azul” de jefes de estado derechistas en la región. Para los asesores de Milei, la mejor manera de ocultar que su reelección está en peligro es hacer de cuenta que no está en peligro, que tiene tiempo para dedicarse a los grandes temas continentales esperando tranquilo la reelección en 2027.
El espectáculo furioso que montó Milei en el vecino gigante desencadenó una serie de medidas diplomáticas esperables: el llamado a consulta del embajador de Brasil en Argentina. Da Silva deslizó que lo que había hecho Milei era una “payasada”, pero aclaró que no iba a dejar que afecte las relaciones institucionales con Argentina. Se evitó una escalada.
El estrépito es que China tomó partido públicamente por Da Silva. Condenó la interferencia externa por parte de Milei en las elecciones de Brasil. La reacción de China no tuvo demasiado impacto local. Milei quedó como agente de Washington en la guerra comercial con China.
Pablo Quirno, el canciller de Milei, dijo que los comentarios del presidente iban por el carril político y no afectan las relaciones formales.
En definitiva, lo que ahora importa es el resultado de las elecciones en Brasil. Una victoria de Da Silva dejaría a Milei mal parado como presidente y como pretendido líder regional. La derecha brasileña puede culpar a la actuación petardista de Milei si pierde.
Milei también visitó Perú para la asunción de la derechista Keiko Fujimori como presidenta. Quirno declaró que la administración libertaria prepara una “cumbre azul” de jefes de estado derechistas en la región. Para los asesores de Milei, la mejor manera de ocultar que su reelección está en peligro es hacer de cuenta que no está en peligro, que tiene tiempo para dedicarse a los grandes temas continentales esperando tranquilo la reelección en 2027.
Sorprende cómo Fernández de Kirchner puede ocupar el centro de la escena a pesar de la persecución. (…) Los tecnicismos abundan, pero lo que se hace evidente es cómo se diseñó desde el poder un paisaje político que omite a Fernández de Kirchner. Es un panorama ilusorio que satisface a los no kirchneristas, pero el problema es que en el país hay muchos kirchneristas que quieren votar a su candidata, que ocupa una posición muy competitiva en las encuestas.
La victoria de la derecha en Brasil sería un gran éxito para Milei, una demostración que en efecto domina el tablero continental. La alternativa es que el presidente argentino termine noqueado en el cuadrilátero electoral de otro país si gana Da Silva.
Por momentos los libertarios hacen bien en no mirar lo que sucede en la política local, no creer en las encuestas que le dan demasiado bien a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, bajo arresto domiciliario y proscrita de ejercer cargos públicos por un fallo judicial.
Sorprende cómo Fernández de Kirchner puede ocupar el centro de la escena a pesar de la persecución. La expresidenta incorporó nuevos abogados que están llevando su caso ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Lo que se busca es una medida cautelar en contra de las prohibiciones. Uno de los abogados de la expresidenta argumentó que nada impide que Fernández de Kirchner se presente en las internas abiertas y obligatorias PASO.
Los tecnicismos abundan, pero lo que se hace evidente es cómo se diseñó desde el poder un paisaje político que omite a Fernández de Kirchner. Es un panorama ilusorio que satisface a los no kirchneristas, pero el problema es que en el país hay muchos kirchneristas que quieren votar a su candidata, que ocupa una posición muy competitiva en las encuestas.
“Queremos que Cristina sea candidata”, dijo Máximo Kirchner. Al prohibirle a Cristina ser candidata se intenta tachar desesperadamente 12 años de legado kirchnerista, incluídos logros salariales que todavía resuenan en la población.
Milei tiene que girar por Brasil, Perú y Colombia porque su presencia en el país se torna incómoda y crece la centralidad de Fernández de Kirchner por momentos.
El presidente arremete con un paquete de reformas casi abstractas mientras los números de la economía diaria en las alacenas argentinas no terminan de cerrar.
Milei piensa que su aparición relámpago en Brasil es suficiente como para derrotar a Da Silva.
La inquina es una forma de comunicar para Milei. La ironía es que el presidente ahora firmó un decreto autorizando la expulsión de extranjeros que critiquen el país. Es su reacción reflejo para tratar con la “campaña anti Argentina” que se desató después del Mundial. El decreto de Milei choca de frente con la tradición liberal de respetar la libertad de expresión, lo mismo sucedió en el pasado cuando los liberales argentinos fueron los más notorios represores de las libertades en el país.
Durante la semana, el presidente no se privó de insultar al exministro duhaldista José Ignacio de Mendiguren cuando lo reconoció paseando por la Rural. Le gritó “ladrón”. De Mendiguren lleva años de política empresarial, recordó que antes de nombrarlo Milei había insultado a Santilli, y lo mismo hizo con la ahora Senadora de su partido Patricia Bullrich.
La inquina es una forma de comunicar para Milei. La ironía es que el presidente ahora firmó un decreto autorizando la expulsión de extranjeros que critiquen el país. Es su reacción reflejo para tratar con la “campaña anti Argentina” que se desató después del Mundial. El decreto de Milei choca de frente con la tradición liberal de respetar la libertad de expresión, lo mismo sucedió en el pasado cuando los liberales argentinos fueron los más notorios represores de las libertades en el país.
No termina de quedar en claro si los gestos del partido de gobierno le van a terminar jugando a favor o en contra en las elecciones del año que viene. Kristalina Georgieva, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), aterrizó en el país. Georgieva emitió señales positivas, le recomendó al Banco Central seguir comprando dólares, pero insinuó algo más: el FMI no tiene más dinero para el país.
Georgieva se puso un mameluco de YPF durante su visita protocolar a Vaca Muerta para algarabía de los funcionarios libertarios.
El FMI nunca fue popular en Argentina. Al Fondo se lo relaciona con el tipo de ajuste económico que azota a la población en este momento y que el gobierno intenta negar con discursos.
Otra vez cobra relevancia el kirchnerismo, que presentó un proyecto de ley para modificar la relación del país con el FMI prohibiendo que el Poder Ejecutivo pueda sellar acuerdos de deuda externa mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).
Milei trata de tapar las dudas sobre su popularidad avanzando con su agenda que por momentos intentan concentrarse en la promoción de proyectos de ley fetiche.
El FMI nunca fue popular en Argentina. Al Fondo se lo relaciona con el tipo de ajuste económico que azota a la población en este momento y que el gobierno intenta negar con discursos. Otra vez cobra relevancia el kirchnerismo, que presentó un proyecto de ley para modificar la relación del país con el FMI prohibiendo que el Poder Ejecutivo pueda sellar acuerdos de deuda externa mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).
El presidente encabezó una Cadena Nacional el jueves por la noche para presentar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, con una serie de restricciones presupuestarias y monetarias que en caso de déficit llevaría a la aplicación de un “grillete fiscal” y, entre otras cosas, implicaría el cese del pago de salarios para las autoridades de Gobierno. El proyecto también dice proteger la independencia del Banco Central y hace más difícil la remoción de sus autoridades por parte del Congreso. La contradicción del discurso se podía ver en pantalla durante la cadena nacional: el actual Presidente del Banco Central era uno de los funcionarios sentados junto a Milei mientras daba su discurso. La independencia del actual presidente del Banco Central es muy relativa, es íntimo amigo del Ministro de Economía Luis Caputo.
El golpe de efecto fue una acusación de Milei: el kirchnerismo se “robó” 10 mil millones de dólares del Banco Central a través del Fondo del BIcentenario en el 2010. Exfuncionarios acusaron a Milei de lanzar cifras que nadie entiende y que Fernández de Kirchner dejó desendeudado al país.
Otro peligro electoral que enfrenta la derecha es la fragmentación. Santilli le dijo a la Vice Presidente Victoria Villarruel que debe dar un paso al costado por plantear en público diferencias ideológicas con Milei. Villarruel dijo que Santilli era un “parásito” que no respetaba la voluntad popular. Villarruel había lanzado un ataque frontal contra Milei diciendo que sufre de “persecuciones imaginarias” después de que el jefe de Estado la vinculara con la oposición.



